FACHADA.

«La fachada principal, esto es, la imafronte—dice el Sr. Amador de los Ríos,—tal como había llegado a los tiempos modernos, constaba de dos cuerpos; encerraba el primero la portada, compuesta de un arco adintelado, sobre el cual se levantaba un tímpano de medio punto, ornado de relieves y coronado por bella cimbra; mostraba el segundo cuerpo, en su centro, al Salvador, rodeado de los Apóstoles, en figuras de alto relieve, y veíase a los lados otros relieves, que en más antiguas esculturas representaban pasajes del Nuevo Testamento.

»Quedó la imafronte, en 1776, despojada de toda decoración y cerrada enteramente al acceso público; los miembros arquitectónicos y los relieves que la enriquecían fueron trasladados a un pórtico viñolesco, de cinco arcos redondos, el cual ofrece ahora entrada a la iglesia, y colocados allí con cierto desorden, que produce, en verdad, muy extraño efecto. ([Lám. 17.])

»Entretanto, las impostas que, adornadas de un falso ajedrezado o de vástagos y flores, y siempre dispuestas en bisante, señalaron la división de los referidos cuerpos, y los canecillos y modillones, que recibieron y formaron el primitivo tejaroz, fueron distribuídos en la nueva fachada de 1776, ya para recibir las jambas de las ventanas, ya para servir de asiento a la cornisa que sostiene la armadura de aquella desdichada construcción, arrimada a la antigua basílica, para dar posada al párroco. Esta singular dislocación de miembros arquitectónicos aumenta por extremo el raro y desagradable efecto del pórtico.»

PÓRTICO.

Fijando en él la investigadora mirada no es difícil reconocer, sin embargo, que esas inarmónicas incrustaciones, en que se muestra cierto loable respeto a los restos de la basílica, cuyo exterior se destruía, dan claro testimonio de tres diferentes edades artísticas, las cuales abarcan por entero la época más floreciente de la historia de Armentia.

Compruébase esta observación en el muro lateral de la cabeza del pórtico, dentro de dos arcos de medianas dimensiones que allí pudieron armarse.

Vese la parte central de los mismos ocupada por preciosos fragmentos de los relieves que, antes de 1776, llenaban las extremidades del segundo cuerpo de la imafronte, y que pertenecieron, sin duda, a la primera construcción de la basílica, debida a los cristianos acogidos en el suelo alavés durante la segunda mitad del siglo VIII o primeros años del IX. ([Lám. 18.])