«El primer verso—escribe el Sr. Baráibar—alude, sin duda, a las proféticas palabras de Oseas (c. 13, v. 14); Ero mors tua, o mors. En el segundo, el león simboliza a Cristo: Ecce vicit leo de tribu Juda, radix David. (De Apocalipsis, v. 5.) Este victorioso león, de la tribu de Judá, descendiente de David, siempre se ha entendido que es del Salvador del mundo.

El cordero, representación profética de Jesús, desde el Génesis y el Éxodo, y su más augusta figuración en la ley de gracia, es emblema frecuente en los monumentos cristianos y presta al de Armentia extraordinario realce. El verso grabado en el nimbo consuena con el Ego sum resurectio et vita, palabras de Jesús antes de que resucitara a Lázaro.

A una y otra parte del nimbo se ve arrodillada una figura, coronadas las dos por nimbos aconchados; la de la derecha del espectador es de Isaías, ostentando un pergamino, donde se lee: Pax vobis; y la de la izquierda un San Juan Bautista, presentando el mote: ECCE AGNUS DEI. En la faja que separa las dos zonas hállase esta leyenda, que también forma un verso leonino:

La traducción de Baráibar, corrigiendo las de Amador de los Ríos y Becerro de Bengoa, que leyeron e interpretaron equivocadamente, es así: «Por ésta se hace accesible a todo fiel la puerta del cielo», en relación con el versículo del Génesis: «Aquí está la casa de Dios y la puerta del cielo», palabras de Jacob, muy frecuentes en las portadas de los templos en aquella época.

En el centro de la zona interior del tímpano, se ve el divino monograma de Cristo, nimbado como el Cordero y exornado del alfa y omega, pendientes de los brazos superiores del aspa. Sostienen el nimbo dos ángeles, cuyos pies se pierden entre nubes, como para mostrar que descienden del cielo, y en la mitad de la faja, en caracteres iguales a los de la periferia, esta inscripción, que Amador de los Ríos da incompleta, y Baráibar, tras eruditas disquisiciones, tampoco pudo interpretar completamente: