Esto supuesto, tenemos ya rayos de tres especies, extremos, intermedios y céntricos. Ahora averiguarémos el efecto que hace en la vista qualquiera de ellos, tratando primero de los extremos, luego de los intermedios, y por último de los céntricos. Los rayos extremos comprehenden la quantidad. Quantidad es el espacio que se halla entre dos puntos separados del dintorno que hay en la superficie, cuyo espacio lo comprehende la vista con estos rayos extremos, como si fueran un compas; y en una superficie hay tantas quantidades, quantos son los puntos separados en un dintorno, uno enfrente del otro. Nosotros con el auxîlio de nuestra vista conocemos la longitud, mediante su altura ó su profundidad; la anchura mediante los lados; el grueso mediante la parte cercana ó la remota; y en fin todas las demas dimensiones, sean las que sean, las comprehendemos con estos rayos extremos. Por esto se suele decir que la vision se hace por medio de un triángulo, cuya base es la quantidad que se ve, y los lados son los mismos rayos que salen de los puntos de la dicha quantidad y van derechos al ojo. Esto es evidente, pues ninguna quantidad se puede ver sino con éste triángulo. Los lados de éste triángulo visual son manifiestos, y los ángulos dos, que son aquellos que insisten en los dos puntos de la quantidad. El tercer ángulo es el que se forma en el ojo enfrente de la base. [Lámina III]. A B C se puede llamar la pirámide.
Aqui no ventilarémos si ésta vision se forma en el nervio óptico, ó si se representa la imagen en la superficie del ojo, como si fuera un espejo animado; pues en éste Tratado no se han de explicar todos los oficios de los ojos para la accion de ver; sino que solo expondrémos aquellas cosas que parezcan mas necesarias. Estando, pues, el principal ángulo de la vista en el ojo, ha dado fundamento á la regla siguiente; y es, que quanto mas agudo sea éste ángulo, parecerá menor la quantidad que se ve. Por donde se manifiesta claramente la razon de disminuirse un obgeto al parecer visto desde larga distancia hasta que casi queda reducido á un punto. Pero con todo esto muchas veces sucede que quanto mas próxîma se pone á la vista una superficie, tanto menor parece; y quanto mas se aparta, se va haciendo mayor; lo qual se advierte distintamente en las superficies esféricas. Queda, pues, sentado que las quantidades, segun el intervalo interpuesto, parecen á la vista mayores ó menores: de cuya razon el que esté bien hecho cargo, no dudará que muchas veces acaece convertirse los rayos intermedios en extremos, y estos en aquellos, mudándose el intervalo. Para lo qual se ha de saber que quando los rayos intermedios se conviertan en extremos, parecerá menor la quantidad mirada; y al contrario, quando los extremos se vuelvan intermedios, recogiéndose al dintorno, quanto mas disten de éste, tanto mayor parecerá la quantidad. Sobre éste punto suelo yo dar una regla; y es, que quantos mas rayos abrazemos con la vista, tanto mayor debemos pensar que sea el obgeto ó quantidad que vemos; y quanto menos rayos, mas pequeño será el obgeto. Ultimamente como los rayos extremos abrazan por todas partes el dintorno de una superficie, la rodean toda como si fuesen un foso. Y asi decimos que la vision se forma mediante una pirámide de rayos.
Ahora es menester decir lo que es pirámide. Pirámide es un cuerpo largo, y todas las lineas que se tiran de la base al cúspide rematan en un punto. La base de la pirámide es la superficie que se mira, y los lados son los rayos visuales que llamamos extremos. El cúspide de la pirámide está dentro del ojo en donde se forman los ángulos de la quantidad; y baste de explicacion de los rayos extremos que forman la pirámide, mediante la qual se ve lo mucho que importa saber quáles y quántos intervalos hay entre la vista y la superficie.
Tratemos ahora de los rayos intermedios, que son aquella multitud de rayos que se encuentran dentro de la pirámide, rodeada de los rayos extremos. Su oficio es el mismo que el del camaleon, segun dicen, y algun otro animal, que lleno de terror toma el color de la cosa que halla mas cercana para que no le atisven los cazadores. Esto es lo que hacen los rayos intermedios, pues con el contacto de la superficie se tiñen hasta el cúspide de la pirámide de la variedad de colores y luces que encuentran: de tal manera que en qualquiera parte que se les cortase, representarían alli mismo los propios colores y luces de que van impregnados. Se ha observado que estos rayos intermedios en un intervalo muy largo llegan á faltar y debilitan la vision; y la razon es ésta. Asi estos rayos como los demas visuales van llenos de colores y luces á penetrar el ayre; y como éste se halla impregnado de partículas gruesas, sucede muchas veces que al pasar, los abate el mismo peso del ayre; por lo qual quanto mayor es la distancia, parece la superficie mas obscura y confusa.
Vamos ahora al rayo céntrico. Llamamos asi á aquel que solo hiere en la quantidad de manera, que forma por todas partes ángulos iguales. Este rayo es seguramente el mas activo y eficaz de todos, y es innegable que ninguna quantidad parecerá mayor á la vista, que quando se halle en ella el rayo céntrico. Muchas cosas se pudieran contar de la fuerza que tiene éste rayo; pero baste decir solo que todos los otros le fomentan á éste, y le tienen en medio como para favorecerle de comun acuerdo, de suerte que con razon se le puede llamar el principal de los rayos. Lo demas se omite, porque parece que es mas propio para ostentar ingenio, que para el asunto que hemos emprendido. En otras partes se dirá todavia mas acerca de los rayos.
Los rayos intermedios del octágono se pueden considerar como una pirámide de ocho lados dentro de otra de quatro.
Baste, pues, de la explicacion de aquellas cosas, conforme lo exîge la brevedad de un comentario, de las que nadie duda que suceden asi; y me parece que se ha demostrado suficientemente que en mudándose el intervalo ó la posicion del rayo céntrico, inmediatamente se altera la superficie, representándose ó menor ó mayor, ó diversificada en quanto al órden de sus lineas ó ángulos. Por lo qual es evidente que la distancia y el rayo céntrico contribuyen mucho á la exâctitud de la vista.
Hay tambien otra razon por la qual parece á la vista la superficie deforme y variada; ésta es el golpe de luz que recibe. Esto se puede advertir en la superficie esférica y en la cóncava, en donde, si no hay mas que una luz, quedará de una parte bastante obscura, y de la otra mas clara. Y aun manteniéndose con el primer intervalo, y firme la primera posicion del rayo céntrico, con tal que la superficie se halle con luz diferente, se verá como todas aquellas primeras partes que con la luz estaban aclaradas, quedan obscuras con la mutacion de ella, y las obscuras aclaradas. Ademas: si hay muchas luces al rededor, habrá diversas claridades y obscuridades en una superficie de éste modo, que variarán segun la cantidad y fuerza de las mismas luces. Esto lo demuestra la experiencia.