Aqui me parece debido decir algo acerca de las luces y colores. Que los colores se varían mediante las luces, es evidente; pues ninguno se representa á nuestra vista en la sombra de la misma manera que quando dan en él los rayos luminosos: porque la sombra confunde al color, y la luz lo aclara y despeja. Dicen los Filósofos que no se puede ver cosa alguna, si no está bañada de luz y de color, pues entre estos y aquella hay una grande union para contribuir á la vision; la qual es tan grande, que en faltando la luz, van tambien obscureciéndose poco á poco los colores hasta que se ocultan; y en volviendo la claridad, vuelven igualmente los colores á nuestra vista por la virtud de aquella. Siendo esto asi, será bien tratar primero de los colores, y luego investigarémos de qué modo se varían estos con la luz. Dexemos aparte las disputas filosóficas sobre quál es el nacimiento y origen de los colores, pues nada le importa al Pintor saber de qué modo se engendra el color de la mixtion del raro y del denso, ó del cálido y seco, ó del frio y húmedo. No por eso dexó de estimar á los que disputan filosóficamente sobre éste punto, afirmando que los colores primitivos son siete; que el blanco y el negro son los extremos, entre los quales hay uno que está enmedio, y que entre cada uno de estos extremos y el medio hay otros dos en ambas partes: y porque el uno de estos se aproxîma mas al un extremo que al otro, lo colocan de modo que parece dudan en donde ponerle. Al Pintor le basta saber quáles son los colores, y de qué modo se ha de servir de ellos en la Pintura. No quisiera que me reprehendieran algunos sabios, que siguiendo el parecer de varios Filósofos, dicen que en la naturaleza de las cosas solo se encuentran dos colores verdaderos, que son el blanco y el negro; y que todos los demas nacen de la union de estos. Yo, como Pintor, comprehendo por ésta proposicion que de la mixtion de los colores se originan otros infinitos; pero para los Pintores son quatro los colores primitivos, asi como son quatro los elementos, de los quales nacen otras muchas especies diferentes. Hay el color del fuego que es el roxo; hay el del ayre que se llama azul; el del agua que es el verde, y el de la tierra que es el amarillo. Todos los demas colores se hacen con la mezcla de estos, como sucede al diáspro y al pórfido. Son, pues, quatro los géneros de colores, de los quales mediante la mezcla del blanco y del negro se engendran inumerables especies; pues en las yerbas, que son verdes, vemos que van perdiendo la belleza de su color por grados hasta que se vuelven casi blancas. Lo mismo advertimos en el ayre, que tal vez toma el color de algun vapor blanco ácia el orizonte, y luego vuelve poco á poco al suyo primero. En las rosas se puede experimentar lo mismo, pues algunas tienen el color tan encendido, que se aproxîma mucho al carmesí, otras tienen el colorido de las mexillas de una doncella, y otras parecen blancas como el marfil. El color de la tierra tambien tiene sus diferencias mediante la mezcla del blanco y del negro; pues la mezcla del blanco no muda el género del color, sino que origina otra especie diferente: y la misma virtud tiene el negro, pues con su mezcla se originan varias especies. Todo lo qual está muy arreglado á la naturaleza, pues todo color se altera con las sombras, y se hace diferente de lo que era; porque aumentándose la obscuridad se disminuye la claridad y blancura del color, y en aumentándose ésta se acrecienta su explendor. Por esto puede tener entendido el Pintor, que el blanco y el negro no son colores verdaderos, sino los transformadores suyos, digámoslo asi. Verdad es que en la Pintura no se ha encontrado mas que el blanco para expresar el mayor grado de luz, y el negro para representar las tinieblas y su obscuridad. Ademas: en ninguna parte se hallará el blanco ó el negro, que no cayga baxo algun género de color.
Ahora tratemos de la fuerza de la luz. La luz proviene ó de las constelaciones como del sol, de la luna ó del lucero de la mañana; ó de las luces materiales y del fuego. Entre estos dos géneros hay gran diferencia. La luz del cielo produce sombras casi iguales al cuerpo, pero el fuego las origina mayores que el mismo cuerpo. Las sombras provienen de estar interceptados los rayos de la luz; los rayos interceptados ó reflexan ácia otra parte, ó se reflexan sobre sí mismos. Reflexan ácia otra parte, como quando los rayos del sol hieren en la superficie del agua, y resaltan al lado opuesto; y toda reflexîon se hace segun los Matemáticos con ángulos iguales entre sí; pero esto pertenece á otra parte de la Pintura. Los rayos que reflexan se tiñen de aquel color que encuentran en la superficie en que reflexan ó reverberan. Esto se advierte quando vemos á alguna persona en un prado, y su semblante parece verde.
Ya he hablado de las superficies, de los rayos, del modo que se forma la pirámide visual y sus triángulos; he probado quanto importa el que el intervalo, la posicion del rayo céntrico, y la percepcion de la luz se determinen con certeza; he dicho cómo se pueden ver de una mirada, no una superficie sola, sino muchas; y asi, supuesto que se ha tratado con alguna extension de cada género de superficie, falta ahora averiguar de qué modo se representan á la vista muchas superficies á un mismo tiempo. Cada superficie se halla particularmente con su respectiva luz y colores, y con su pirámide visual; y como los cuerpos están cubiertos de varias superficies, todas las quantidades de cuerpos que vemos, y todas las superficies producen una sola pirámide que incluye tantas pirámides menores, quantas son las superficies que comprehenden los rayos visuales á un mismo tiempo. Siendo esto asi, dirá tal vez alguno ¿qué necesita el Pintor de tanta consideracion? ¿Qué utilidad le puede traer esto para la Pintura? A lo qual respondo que todo esto le ayudará para ser Maestro excelente en su arte, siempre que llegue á conocer exâctamente las diferencias de las superficies y sus proporciones; lo qual son pocos los que han llegado á saberlo. Pues si por casualidad se les pregunta qué efecto es el que buscan en el colorido que dan á tal superficie, á qualquiera otra cosa responderán con mas tino que á ésta, quedándose sin poder dar la razon del trabajo que hacen. Por esto suplico á los Pintores estudiosos me escuchen; pues el aprender cosas que pueden ser de provecho nunca ha dañado á nadie por hábil que sea. Y sepan que quando trazan con lineas una superficie, y van cubriendo de color el dibuxo que han hecho, el efecto que buscan es que en una sola superficie se representen otras muchas, no de otro modo que si la tal superficie fuese de vidrio ó de otra cosa transparente, para que por ella penetrase la pirámide visual, con cuyo medio se viesen distintamente los cuerpos verdaderos con intervalo determinado y fixo, con segura posicion del rayo céntrico, y con luz permanente en sus lugares debidos. Que esto es asi lo acreditan los mismos Pintores, quando se retiran de la obra que trabajan para considerarla desde lexos, pues entonces guiados por la misma naturaleza van buscando el cúspide de la pirámide, juzgando que desde tal sitio descubrirán y podrán hacer mejor juicio de la pintura. Y como ésta sea solo una superficie de tabla, ó una pared, en donde procura el Pintor representar muchas y varias superficies y pirámides comprehendidas en una sola pirámide grande, será necesario que se corte en alguna parte ésta pirámide visual, para que en éste sitio pueda expresar el Pintor con lineas y colores los dintornos y colorido que demuestra la dicha seccion ó corte. Siendo esto asi los que miran la superficie pintada, ven el corte de la pirámide: por lo que el quadro pintado será la seccion de la pirámide visual con determinado espacio ó intervalo, con su centro y luces particulares, representado todo en una superficie con lineas y colores. Sentado, pues, que el quadro pintado es la seccion de la pirámide, es menester investigar todos los medios por donde se pueda percibir distintamente quanto se halle en dicho quadro ó seccion. Hablaremos otra vez de las superficies, desde las quales se ha demostrado ya que salen las pirámides que se han de cortar con la pintura. De estas superficies unas están tendidas en tierra, como los pavimentos ó el espacio que hay entre los edificios, ó algunas otras que están igualmente distantes de dichos espacios. Otras superficies están verticales como las paredes y demas superficies, cuyos lineamentos siguen la misma direccion que las paredes. Dícese que tales superficies están igualmente lexanas entre sí, quando la distancia que las separa es una misma por todas partes. Las superficies, cuyos lineamentos siguen la misma direccion que las paredes, son aquellas que por todas partes las toca una linea recta continuada, como las superficies de las pilastras que se ponen en progresion en una estancia. Todo esto se ha de añadir á lo que se ha dicho antes acerca de las superficies, y sobre todo lo explicado acerca de los rayos asi extremos como intermedios y céntrico; y acerca de la pirámide visual se tendrá presente aquella proposicion de los Matemáticos que dice: si una recta corta un triángulo de modo que forma otro menor, y queda paralela á la base del primero, los lados del triángulo menor serán proporcionales á los del mayor. Asi explican los Matemáticos ésta proposicion; pero para que sea mas inteligible á los Pintores, harémos una explicacion mas clara. Primeramente es preciso saber qué cosa es la que aqui se llama proporcional. Llamamos triángulos proporcionales á aquellos, cuyos lados y ángulos tienen entre sí igual conveniencia: de modo que si el un lado de un triángulo es mayor que la base dos partes y media ó tres, todos los demas triángulos, sean mayores ó menores, que tengan ésta misma correspondencia entre sus lados y la base, serán proporcionales; pues el mismo respecto que tiene ésta parte á la otra en el triángulo mayor, tendrá la otra á su correspondiente en el menor. Todos los triángulos, pues, hechos de éste modo se llamarán entre nosotros proporcionales; y para que se entienda mejor pondrémos un exemplo. Un hombre de estatura pequeña será proporcional á otro muy alto por la medida del codo; con tal que se emplée la misma proporcion de palmo y pie para medir todas las partes del cuerpo en Evandro que en Hércules, del qual dice Gelio que era de estatura prócer, tanto que sobresalia entre todos. No hubo diferente proporcion entre los miembros de Hércules que entre los del gigante Anteo; y asi como en cada uno de estos correspondia la mano al codo, y el codo á la cabeza y demas miembros con igual medida entre ellos; lo mismo sucederá en nuestros triángulos, entre los quales habrá un cierto género de medida, por la qual los pequeños corresponderán á los grandes en todo menos en el tamaño. Entendido esto bien dirémos, segun la proposicion matemática contraida á nuestro asunto, que la seccion de qualquier triángulo, siendo paralela á la base, forma un triángulo semejante, como dicen, al triángulo mayor, y segun nosotros, proporcional. Y por consiguiente en todas aquellas cosas que son entre sí proporcionales, sus partes son tambien entre sí correspondientes; y quando los todos no son correspondientes, tampoco las partes serán proporcionales. Las partes del triángulo visual, esto es, las lineas son rayos, los quales en la vision de quantidades proporcionales en la Pintura, serán iguales en quanto al número; y en las que no sean proporcionales, no serán iguales: porque una de las quantidades no proporcionales ocupará tal vez mas número de rayos ó menos. Sabido, pues, ya de qué modo es proporcional un triángulo menor á otro mayor, y teniendo presente que la pirámide visual se compone de triángulos; contráygase todo nuestro discurso y explicacion que hemos hecho de los triángulos á la pirámide, y téngase por cierto que ninguna de las quantidades vistas en la superficie, si son paralelas á la seccion, hace alteracion alguna en la pintura; porque son verdaderamente quantidades equivalentes y proporcionales en toda seccion paralela á sus correspondientes. Lo qual siendo asi, se sigue que la pintura no padece alteracion alguna en sus dintornos, ni se alteran las quantidades que llenan el espacio ó campo, y miden los dichos dintornos; y que toda seccion de la pirámide visual, paralela á la superficie que se mira, es igualmente proporcional á la dicha superficie.
Ya hemos hablado de las superficies proporcionales á la seccion, esto es, de las que están igualmente distantes de la superficie pintada. Pero como nos verémos en la necesidad de pintar diversas superficies, que no serán equidistantes, debemos estudiar estas con mas diligencia, para poder conocer alguna razon de la seccion; y como sería sumamente dificil, y muy obscuro y prolixo explicar todo lo concerniente á la seccion del triángulo ó pirámide, segun el estilo de los Matemáticos; tratarémos el asunto á la manera de los Pintores. Digamos algo de paso primeramente de las quantidades que no son equidistantes, con cuya noticia será facil entender la explicacion de las superficies que tampoco son equidistantes. Entre estas hay algunas cuyas lineas son en todo semejantes á los rayos visuales, y otras que están á igual distancia que estos. Las quantidades semejantes á los rayos visuales, como no forman triángulo, y no ocupan el número de los rayos, no ganan lugar alguno en la seccion. Pero las quantidades que están á igual distancia de los rayos visuales, quanto mas obtuso sea el ángulo que está enfrente de la base, tanto menor número de rayos recibirá aquella quantidad, y menos espacio tendrá para la seccion. Hemos dicho que la superficie se cubre de la quantidad, y respecto á que comunmente sucede hallarse en una superficie alguna quantidad, que será equidistante de la seccion, sin que lo sean las demas quantidades de la misma superficie; por ésta razon, solo aquellas quantidades equidistantes en la superficie son las que no padecen alteracion alguna en la pintura. Pero las quantidades que no sean equidistantes, quanto mas obtuso sea el ángulo enfrente de la base, tanta mas alteracion padecerán. Finalmente, á todo esto se debe añadir aquella opinion de los Filósofos, que dice: que si el cielo, las estrellas, los mares y los montes, los animales, y últimamente todos los cuerpos se hicieran la mitad menores de lo que son, no pareceria que se habian disminuido cosa alguna del tamaño que ahora tienen; porque la magnitud, pequeñez, longitud, altura, profundidad, estrechez y latitud, la obscuridad, claridad, y las demas cosas que se pueden hallar ó no hallar en todo, las llamaron los Filósofos accidentes, los quales son de tal manera, que solo se les puede conocer exâctamente por comparacion. Dice Virgilio que á Eneas le llegaban los demas hombres á los ombros; pero si Eneas se comparase con Polifemo, pareceria pigméo. Dicen que Euríalo era muy hermoso, pero comparado con Ganimedes, aquel á quien arrebató Jove, pareceria feo. En algunos paises se tienen por blancas algunas mugeres que trasladadas á otro serían negras. El marfil y la plata son de color blanco, pero al lado de los Cisnes y de las telas de lino ya no lo son tanto. Por ésta razon parecen las superficies en la Pintura muy bellas y resplandecientes, quando en ellas se advierte aquella proporcion del blanco al negro que hay en las cosas naturales de la claridad á las sombras. Y asi todo esto se advierte por medio de la comparacion, pues en el cotejo de una cosa con otra se encuentra cierta fuerza, con la qual se echa de ver lo que hay de mas ó de menos, ó la igualdad. Por esto llamamos grande á aquello que es mayor que otra cosa menor, y grandísimo á lo que es mayor que lo grande; luminoso á lo que es mas claro que lo obscuro, y clarísimo á lo que tiene aun mas luz que lo que decimos luminoso. Y la comparacion se hace siempre con aquellas cosas que son mas conocidas; y por esto siendo el hombre la cosa mas conocida entre todas las demas, dixo Protágoras que era el modelo y la medida de todas las cosas, entendiendo por esto que los accidentes de todas las cosas se pueden conocer y comparar con las del hombre. Todo esto nos enseña que todas aquellas cosas que pintemos parecerán á la vista grandes ó pequeñas, segun el tamaño que en la pintura demos al hombre. Esta fuerza de la comparacion juzgo que nadie la llegó á comprehender tanto entre los antiguos como Timantes, el qual pintando á un Cíclope dormido en una tabla pequeña, lo puso al lado de unos Sátiros que le abrazaban el dedo gordo del pie; para que pareciese su estatura enorme comparada con la de los Sátiros.
Hasta aqui hemos hablado de casi todo lo que pertenece á la virtud de la vista, y al conocimiento de la seccion de la pirámide visual; pero como conduce mucho á nuestro propósito el saber quál sea ésta seccion, y de qué modo se hace; falta decir la manera y el arte con que se expresa en la Pintura. Para esto me parece mejor decir lo que yo hago quando me pongo á pintar. Para pintar, pues, una superficie, lo primero hago un quadro ó rectángulo del tamaño que me parece, el qual me sirve como de una ventana abierta, por la que se ha de ver la historia que voy á expresar, y alli determino la estatura de las figuras que he de poner, cuya longitud la divido en tres partes. Estas para mí son proporcionales á aquella medida que comunmente llaman brazo; pues, segun se advierte claramente en la proporcion del hombre, su regular longitud es de tres brazos ó brazas[B]. Con ésta medida divido la linea que sirve de base al rectángulo, y anoto las veces que entra en ella. Esta linea es para mí proporcional á la mas próxîma quantidad equidistante que se ve en aquel espacio al través. Hecho esto, señalo un punto, adonde se ha de dirigir principalmente la vista, dentro del rectángulo, el qual ocupará el mismo sitio en que debe insistir el rayo céntrico, por lo que le llamo punto del centro. Este punto se colocará en parage conveniente, no mas alto que la altura que se señala á las figuras en aquel quadro; con lo qual tanto los obgetos pintados, como quien los mira parece que están en un mismo plano. Señalado el punto del centro, tiro rectas desde todas las divisiones de la linea de la base á él, las quales me demuestran el modo con que se van disminuyendo las quantidades que miro al través, quando me hallo en la precision de llegar con los obgetos hasta el último término del quadro. [Lámina V].
Algunos tirarían una paralela á la linea de la base del rectángulo, ya dividida, y dividirían ademas en tres partes iguales el espacio que comprehenden las dos rectas. Luego tirarían otra paralela á la segunda de tal suerte, que el espacio comprehendido entre la base y la primera paralela dividida en tres partes, exceda toda una parte al otro espacio que quede entre la primera y segunda paralela. Despues tirarían otra paralela observando la misma regla en la distancia; y aunque estarán persuadidos estos de que caminan con direccion segura en éste modo de pintar, en mi sentir van no poco errados. Porque como la primera recta la tiran á discrecion, aunque las otras paralelas están con regla cierta, no por eso tienen lugar fixo y determinado del cúspide de la pirámide para poder bien ver el obgeto, de lo qual provienen muchos errores en la Pintura. Añádase á esto que dicha regla sería falsa siempre que colocasen el punto del centro mas alto ó mas baxo de lo que fuese la altura de las figuras; pues todos los inteligentes convienen en que ninguna cosa pintada y copiada del natural se puede ver y distinguir bien, como no esté colocada con la debida distancia respecto á la vista, de lo qual darémos la razon quando hagamos la demostracion de la Pintura; pues habiéndolo practicado asi en nuestras obras, quando los amigos las veían, decian que eran un milagro del arte. A esto se dirige todo quanto llevo dicho hasta aqui; pero volvamos á nuestro intento.
La práctica que yo sigo es la siguiente. En todo voy dirigiéndome siempre por la misma linea y por el punto del centro; divido, como he dicho, la base, y tiro rectas desde todos sus puntos de division al del centro. En las quantidades que están al través observo éste método. En un espacio pequeño tiro una recta, y la divido en tantas partes como la base del rectángulo. Sobre ella coloco un punto á igual altura que el punto del centro, y tiro desde él rectas á todas las divisiones. Luego determino la distancia que me parece entre la vista y el quadro, y prefixado ya el sitio de la seccion alli mismo, con una perpendicular que levanto corto todas las rectas que encuentro desde ella. Linea perpendicular es la que cayendo sobre otra, forma todos los ángulos rectos ó á esquadra. [Lámina VI].