O P linea de la base de nueve brazas. A punto de la vista á la altura de tres brazas: b, c, d &c. lineas paralelas.

Esta perpendicular me da en sus intersecciones todos los términos de la distancia que ha de haber entre las lineas que atraviesan paralelamente el pavimento, con lo qual tendré dibuxadas todas las lineas de él, de cuya exâctitud será la prueba el que una misma recta sirva de diámetro á todos los paralelogramos que se encuentren[C]. Llámase entre los Matemáticos diámetro del paralelogramo aquella recta que va desde un ángulo á su opuesto, la qual divide al paralelogramo en dos partes iguales, convirtiéndole en dos triángulos. Concluido esto con toda exâctitud, tiro una paralela por encima, la qual corta ambos lados del rectángulo grande; y pasa por el punto del centro. Esta linea me sirve de término ó confin, con el qual ninguna quantidad sobrepuja la altura de la vista, y porque pasa por el punto del centro, se llama céntrica. De aqui se sigue que aquellas figuras que se pinten entre las paralelas ulteriores serán menores que las que se hagan en las anteriores, no por ésta razon sola, sino porque aquellas manifiestan estar mas lexos, y por eso son mas pequeñas, como lo demuestra la misma naturaleza cada dia. Por exemplo: en un Templo vemos que las cabezas de las personas que andan por él están casi á una misma altura, pero los pies de los que están distantes parece que corresponden á las rodillas de los que están mas cerca. Toda ésta regla de dividir el pavimento pertenece particularmente á aquella parte de la Pintura que se llama composicion, de la que tratarémos en su lugar. Bien que me temo que por su novedad, y por la brevedad de éste comentario quede algo obscura para muchos, pues segun observamos por las obras de los antiguos, ésta parte no fue conocida de nuestros mayores por su dificultad extrema, siendo casi imposible encontrar entre los quadros antiguos una historia bien compuesta y bien pintada ó bien esculpida. Por ésta razon trataré de ella con brevedad y con la claridad posible; pero sé muy bien que para algunos no podré pasar por eloqüente, y á muchos, que no me entenderán de pronto, les costará infinito trabajo el comprehender mis proposiciones. Todo esto es muy facil y curioso para los ingenios sublimes y perspicaces aplicados á la Pintura, de qualquier modo que se diga; pero para aquellos entendimientos torpes y nada aptos para un arte tan noble, aun quando se tratase con la mayor eloqüencia será desagradable, bien que esto mismo dicho por mí, aunque con la posible brevedad, tal vez no podrá leerse sin molestia. Pero con todo espero disimulen el poco aliño que he puesto en mis frases por darme á entender con mas claridad, advirtiendo que en adelante tal vez será mas gustosa la lectura.

Hemos tratado ya, pues, de los triángulos, de la pirámide, de la seccion, y de todo lo demas que ha parecido del caso, de todo lo qual solía yo hablar con mis amigos mas difusamente con reglas geométricas, haciendo en su presencia la demostracion de todo, la qual no he querido poner aqui por evitar toda prolixidad; y asi solo me he ceñido á exponer meramente los primeros principios de la Pintura; y los llamo primeros, porque son los principales fundamentos del arte para los Pintores que no lo saben. Pero son tales, que el que se haga cargo bien de ellos conocerá el mucho provecho que puede sacar para ilustrar el entendimiento y para entender bien la definicion de la Pintura y todo lo demas que se ha de tratar en los dos libros siguientes. Nadie piense que puede alguno llegar á ser buen Pintor sin saber y conocer á fondo con toda inteligencia el efecto que busca en sus obras; pues en vano se tira el arco si no se ha prefixado antes el blanco á donde se quiere encaminar la flecha. Yo quisiera que todos se persuadiesen que solo podrá ser diestro Pintor aquel que haya aprendido primero á colocar bien los dintornos y todas las qualidades de las superficies; y al contrario, yo aseguro que el que no sepa con toda exâctitud y conocimiento todo lo que hemos dicho, jamas podrá llegar al grado de perfeccion que se requiere; pues todo lo que se ha explicado de la superficie y la seccion es absolutamente necesario. Ahora falta instruir al Pintor en el método que ha de observar para imitar con la mano los obgetos que tiene ya concebidos en el pensamiento.


LIBRO SEGUNDO.

Como es natural que éste estudio parezca demasiado fatigoso á los jóvenes, será oportuno manifestar aqui quan digna es el arte de la Pintura de que empleemos en ella todo el cuidado y diligencia que sea posible. Esta arte tiene en sí una fuerza tan divina, que no solo hace lo que la amistad, la qual nos representa al vivo las personas que están distantes, sino que nos pone delante de los ojos aun aquellos que há mucho tiempo que murieron, causando su vista tanta complacencia al Pintor, como marabilla á quien lo mira. Dice Plutarco que al considerar Casandro, uno de los Capitanes de Alexandro, la estatua de éste Héroe; contemplando en ella aquella magestad real que tenia quando vivo, comenzó á temblar extraordinariamente. Cuentan tambien que Agesiláo, como conocia la fealdad tan grande de su persona, no quiso que quedase ningun retrato suyo para sus descendientes, por lo qual nunca permitió retratarse ni en pintura ni en escultura; lo qual manifiesta que el semblante de los muertos vive largamente con el auxîlio de la Pintura. El haber ésta arte expresado materialmente los Dioses que veneraba el Paganismo se debe considerar como un sublime dón concedido á los mortales; pues la Pintura ha coadyuvado infinito á la piedad, por la qual se unen los hombres á Dios, y á contener los ánimos con el freno de la Religion. Es tradicion que Fidias hizo una estatua de Júpiter en Elide, cuya belleza aumentó el culto ya establecido de la Religion. Pero para saber quanto influye la Pintura en todos los placeres del ánimo, y el ornato y hermosura que da á todas las cosas, no hay sino ver como casi nunca se encontrará alhaja, por preciosa que sea, á la que no añada mucho mas valor la forma que la da la Pintura, esto es, su dibuxo. El marfil, los anillos y todas las cosas preciosas y estimables se hacen aun mucho mas preciosas por la mano del Pintor. El oro que se halle adornado por la Pintura tiene mas valor que el oro mismo; y aun el plomo que es entre todos los metales el mas baxo, si tiene la forma de una estatua que hubiese hecho Fidias ó Praxîteles valdria sin duda mas que otro tanto oro ó plata sin labrar. El Pintor Zeuxîs regalaba sus obras, porque decia que con ningun precio se podian pagar; pues en su dictámen no podia haber en el mundo paga con que satisfacer al que era como un Dios entre los mortales por la perfeccion con que pintaba ó esculpia las producciones de la naturaleza. Es prerogativa de la Pintura el que sus diestros profesores no solo sean alabados, sino reputados como muy semejantes á los Dioses. ¿Pero no es la Pintura la Maestra de todas las artes, ó por lo menos su principal ornamento? ¿De quién tomó la Arquitectura los cimasios, los capiteles, las basas, las columnas, las cornisas y todos los demas adornos que sirven para hermosear un edificio, sino de la Pintura? ¿Quién dió reglas, ó quién pudo enseñar el arte del Tallista, Carpintero, Evanista, Zapatero y demas oficios mecánicos, sino la Pintura? De modo, que por baxo que sea el arte ú oficio, ninguno se encontrará que no dependa de la Pintura; por lo qual me atrevo á decir que ella es quien da el gusto y ornato que se halla en qualquiera cosa. Entre los antiguos fue tan honrada ésta arte, que siendo asi que á casi todos los artífices les llamaban Fabri en la lengua Latina, solo el Pintor tenia nombre diferente. Por lo qual muchas veces he dicho en presencia de algunos amigos que el inventor de la Pintura fue sin duda aquel jóven Narciso que fue convertido en flor: porque siendo la Pintura como la flor de todas las artes, parece se puede acomodar sin violencia la fábula de Narciso á ella: porque ¿qué otra cosa es pintar que tomar con el auxîlio del arte la superficie de la fuente? Pensó Quintiliano que los Pintores antiguos pintaban las sombras de los cuerpos conforme las producia el sol, y que despues se fue perfeccionando el arte poco á poco. Hay quien dice que los inventores de la Pintura fueron un Egipcio, llamado Filocles y Cleantes (de quien no tengo noticias). Los Egipcios dicen que en su pais estaba en uso la Pintura seis mil años antes de que lleváran á Grecia éste arte; y los Italianos dicen que empezó la Pintura en Italia despues de las victorias de Marcelo en Sicilia. Pero nada importa saber quiénes fueron los primeros Pintores ni los inventores del arte, supuesto que nuestro intento no es escribir la historia de la Pintura, como Plinio, sino tratar del arte de la Pintura, del qual no dexaron los antiguos escrito alguno, á lo menos que yo haya visto; no obstante que dicen que Eufranóro Istmio escribió un Tratado de las medidas y de los colores; y Antígono y Zenócrates otro de la Pintura, en el qual puso algunas cosas suyas relativas al asunto Apeles, y lo dedicó á Perséo. Diógenes Laercio cuenta tambien que el Filósofo Demetrio compuso unos comentarios sobre la Pintura. Fuera de esto yo creo que habiendo nuestros mayores escrito acerca de las bellas artes, no parece regular se hubiesen olvidado de la Pintura; pues en Italia florecieron en tiempos muy remotos los Etruscos, los mas diestros artífices de Pintura que se conocieron. Trimegisto antiquísimo escritor es de sentir que la Pintura y la Escultura nacieron con la Religion, y asi lo dice á Asclepio: teniendo el género humano presente su naturaleza y origen, figuró los Dioses con rostro semejante al suyo. ¿Y quién ignora que la Pintura ha obtenido siempre el lugar mas honorífico, ya en las cosas públicas, ya en las privadas, ya en las religiosas y ya en las profanas? Tanto que no se hallará entre los hombres ningun artificio que merezca igual atencion y estima. Son increibles los precios con que pagaban antiguamente las tablas pintadas. Arístides Tebano vendió una sola pintura en cien talentos, que son sesenta mil florines[D]. Dice tambien la historia que á la tabla de Protógenes debió Rodas el que Demetrio no la abrasase, por no exponerse á que fuese pábulo de las llamas una obra como aquella: de modo que se puede decir que Rodas se rescató por un quadro. Otras muchas cosas á éste tenor se cuentan que acreditan lo mucho que se ha honrado y elogiado á los célebres Pintores en todas partes, puesto que los Ciudadanos mas nobles y esclarecidos, los Filósofos y los mismos Reyes cifraban su mayor complacencia en las pinturas, y aun se aplicaban á pintar. En Roma fueron Pintores Lucio Manilio, Caballero Romano, y Fabio, que era de los mas distinguidos. Turpilio, Caballero Romano, igualmente exerció la Pintura en Verona. Pacubio, Poeta Trágico, nieto del Poeta Enio por parte de madre, pintó en la plaza de Hércules. Sócrates, Platon, Metródoro y Pirro, Filósofos todos, fueron muy instruidos en el arte de la Pintura. Neron, Valentiniano y Alexandro Severo, Emperadores, fueron en extremo aficionados á ella; y sería imposible referir los muchos Príncipes y Reyes que tuvieron la misma inclinacion. Tampoco es del caso poner aqui la infinita série de Pintores antiguos, cuyo número se puede calcular por éste hecho, y es, que en poco mas de un año se hicieron baxo la direccion de Demetrio Valerio, hijo de Fanóstrato, trescientas y sesenta estatuas, unas eqüestres, otras pedestres y otras en carros. Y si en aquella Ciudad habia tantos Escultores, ¿es de creer qué habria menos Pintores? Son la Escultura y la Pintura dos artes hermanas, producidas de un mismo ingenio; pero yo siempre daré la preferencia al del Pintor, porque se exercita en una cosa mucho mas dificil[E]. Mas volvamos al asunto. Era infinito, pues, el número de los Pintores y Escultores que habia en aquel tiempo, pues entonces nobles y plebeyos, doctos é ignorantes todos se aplicaban á la Pintura. Y como era la costumbre exponer al público las pinturas y estatuas que se tomaban en las presas y despojos de las conquistas, llegó á tanto esto, que Paulo Emilio, y otros muchos Caballeros Romanos hicieron enseñar á sus hijos, entre las demas artes liberales, la Pintura, como conducente para la vida honesta y feliz. Esta costumbre tan laudable la tomaron de los Griegos, entre los quales los jóvenes de ilustre nacimiento aprendian, ademas de todo lo perteneciente á la literatura, la Geometría, la Música y la Pintura. Para las mugeres fue tambien ésta arte muy honrosa, como lo prueban los elogios que dan los autores á Marcia, hija de Varron, porque sabía pintar: y estaba esto en tanta estima en la Grecia, que se prohibió públicamente el que los esclavos aprendiesen la Pintura, y no sin razon, pues tal arte solo es digna de un ánimo noble y libre, siendo para mí la mejor señal de ingenio excelente la aplicacion y la aficion al dibuxo. Solo ésta arte es la que igualmente agrada á los ignorantes, como á los instruidos, lo que en ninguna otra sucede, pues por lo regular lo que gusta á los inteligentes disgusta á los que no saben. Tampoco se hallará una persona que no desée saber pintar bien; y es evidente que la misma naturaleza tiene su delicia en ello; pues vemos que en las manchas de los mármoles representa muchas veces Centauros, y cabezas con barba larga[F]. Cuentan tambien que en una joya que tenia Pirro habia representadas naturalmente y sin artificio alguno las nueve Musas con sus atributos. Añádase á esto que en ninguna de las artes, sino en ésta, trabajan con tanto gusto los que saben y los que no saben, ya para aprenderla, ó ya para exercitarse en ella: y si es lícito decir lo que yo experimento en mí particularmente, puedo asegurar que quando me pongo á pintar solo por gusto, como muchas veces me sucede, asi que me desocupo de otros negocios, me deleyto y me enageno tanto en éste exercicio, que al cabo de tres ó quatro horas me parece que apenas han pasado algunos minutos; con lo que puede concluirse diciendo, que ésta arte causa gusto y delicia exercitándose por aficion en ella, y en llegando á ser diestro Pintor, alabanza, fama y riqueza. Siendo esto asi, puesto que la Pintura es el mejor y mas antiguo ornamento de todas las cosas, digna solo de hombres libres, y agradable á los instruidos y á los ignorantes, con toda la eficacia que me es posible exôrto á los jóvenes á que se apliquen á ella con todo el anhelo que puedan. A los que se hallan ya instruidos los anímo á que estudien hasta llegar á la última perfeccion, sin perdonar fatiga ni diligencia alguna. Tengan presente siempre los que procuran alcanzar la excelencia del pincel, la fama y reputacion que consiguieron los antiguos, y con esto verán al mismo tiempo lo enemiga que fue de la virtud y la alabanza la avaricia, pues un ánimo que solo aspira al interes, rara vez podrá llegar á la cumbre de la inmortalidad. He conocido muchos que teniendo las mejores disposiciones y proporciones para hacerse hombres grandes en la Pintura, se aplicaron solo á la ganancia y se quedaron sin poder alcanzar bienes ni fama. Estos tales, si á fuerza de estudio hubiesen cultivado su ingenio, facilmente se hubieran hecho famosos, y por consiguiente hubieran conseguido riqueza y gusto; pero basta ya de esto.

La Pintura la dividimos en tres partes, y ésta division la sacamos de la misma naturaleza: pues siendo el fin de aquella representarnos las cosas del modo que se ven, hemos reflexîonado las diferentes maneras con que llegan á nuestra vista los obgetos. Primeramente quando medimos una cosa, advertimos que aquello ocupa cierto espacio; el Pintor circunscribirá el espacio éste, á lo qual llamará propiamente contorno. En segundo lugar en la accion de ver consideramos el modo con que se juntan las diversas superficies de la cosa vista unas con otras; y dibuxando el Pintor ésta union de superficies cada una en su lugar, podrá llamarlo composicion. Ultimamente al tiempo de mirar discernimos con toda distincion todos los colores de las superficies; y como la representacion de estos en la Pintura tiene tantas diferencias por causa de la luz, por ésta razon llamarémos á esto adumbracion.[*] De modo que la perfeccion de la Pintura consiste en el contorno, en la composicion, y en la adumbracion ó clarobscuro.

[*] ó sea clarobscuro.

Ahora tratarémos de cada una de estas cosas, aunque con brevedad; y empezando por el contorno, digo que éste consiste en la justa colocacion de las lineas, á lo qual se llama hoy dibuxo. En ésta parte fue muy sobresaliente Parrasio, aquel Pintor con quien introduce Xenofonte á Sócrates en conversacion por la extremada delicadeza de sus lineas. En mi sentir el dibuxo se debe hacer con lineas muy sutiles, que apenas las distinga la vista, asi como hacia Apeles, que desafió á Protógenes á tirar lineas casi imperceptibles. El dibuxo consiste en señalar los contornos, lo qual si se executa con lineas muy gruesas, en vez de parecer márgenes ó términos los de una superficie pintada, parecerán hendeduras. Yo quisiera que en el dibuxo solo se buscase la exâctitud del contorno, en lo qual es preciso exercitarse con infinita diligencia y cuidado, pues nunca se podrá alabar una composicion ni una buena inteligencia de las luces si falta el dibuxo. Al contrario, muchas veces sucede que solo un buen dibuxo basca para agradar: por lo qual el dibuxo es en lo que mas se ha de insistir, para cuyo estudio creo que no puede haber cosa que mas ayude y aproveche que el velo, de cuyo uso soy yo el primer inventor en ésta forma. Tómese un pedazo de tela transparente, llamada comunmente velo, de qualquier color que sea: estirada ésta en un bastidor, la divido con varios hilos en quadros pequeños é iguales á discrecion: póngase despues entre la vista y el obgeto que se ha de copiar, para que la pirámide visual penetre por la transparencia del velo. Este velo tiene varias utilidades: primeramente representa siempre las mismas superficies inmóviles, pues en señalando los términos en él, al instante se encontrará el primer cúspide de la pirámide con que se empezó; lo qual es muy dificil de hallar sin éste auxîlio. Es absolutamente imposible que no se mude alguna cosa al tiempo de pintar, porque el que pinta nunca mira precisamente desde un mismo punto al obgeto; y de esto depende que la copia de una cosa pintada es mucho mas parecida al original, que la que se hace de una estatua. Ademas: el obgeto se altera considerablemente en quanto al aspecto por la variacion del intervalo ó de la posicion del centro. Por tanto el velo trae tambien la grande utilidad de que siempre representa al obgeto de un mismo modo. En segundo lugar, con el velo se señalarán todas las partes del dibuxo y todos los contornos con toda exâctitud; porque viendo que en un quadrito está la frente, en el de abaxo la nariz, en el del lado la mexilla, y en el otro mas abaxo la barba, y de éste modo todas las demas partes colocadas en sus respectivos lugares; se puede con toda facilidad trasladarlas á la tabla ó pared, poniendo en ella igual division de quadros[G]. Ultimamente éste velo sirve de mucha utilidad y auxîlio para dar perfeccion á la pintura: porque con él parecen los obgetos no pintados, sino del todo relevados: con lo qual la misma experiencia puede manifestar con el auxîlio de la razon lo mucho que aprovechará para pintar bien y con perfeccion. No soy del dictámen de algunos que dicen: no es bueno que los Pintores se acostumbren al velo ó á la quadrícula; porque como esto facilita y sirve tanto para hacer bien las cosas, sucede que despues no pueden executar cosa alguna por sí solos sin éste auxîlio, sino á costa de grandísimo trabajo. Es evidente que nosotros no indagamos el mucho ó poco trabajo del Pintor, sino que alabamos aquella pintura que tiene mucho relieve, y que es sumamente parecida á los cuerpos naturales que representa. Esto no sé yo cómo lo podrá executar ninguno, ni aun medianamente, sin el auxîlio del velo. Sírvanse, pues, de él los que quieran aprovechar en el arte; y si algunos quieren sin él hacer alarde de su saber, deben imaginar que le tienen delante, y obrar como si realmente estuviera, para que con el auxîlio de una quadrícula imaginaria puedan señalar con exâctitud los términos de la pintura. Mas como muchas veces sucede á los que tienen poca práctica que no distinguen con toda certeza los contornos y dintornos de las superficies; por exemplo en un rostro, en donde apenas se conoce donde rematan las sienes en la frente, es preciso darles una regla para que puedan conocerlo y distinguirlo bien. La misma naturaleza lo enseña; porque asi como las superficies planas parecen bien á nuestra vista quando tienen ó luz ó sombra universal; asi tambien las superficies esféricas las halla nuestra vista agradables quando tienen varias manchas de claros y sombras, como si fuesen muchas superficies. Cada parte de por sí que tenga diferente luz ó diferente sombra, se ha de considerar como superficie separada; y si la sombra de una superficie continúa por largo espacio debilitándose poco á poco hasta quedar en claro, entonces se deben señalar con lineas los diferentes espacios de sus grados, para que despues al tiempo de dar el colorido no haya duda en la regla que se ha de seguir.

Todavia habia mucho que hablar del dibuxo, el qual tiene mucha conexîon con la composicion; pero es menester saber qué cosa sea composicion. La composicion en la Pintura es aquel modo ó regla de pintar, mediante la qual se unen y arreglan entre sí todas las partes de una obra de Pintura. La mayor obra de un Pintor es un quadro de historia: las partes de ésta son las figuras, estas se dividen en miembros, y los miembros en superficies. Y siendo el dibuxo aquella regla con la que se señalan los contornos de cada superficie; y siendo estas unas veces pequeñas, como en los animales, y otras sumamente grandes, como en las figuras colosales y edificios; para dibuxar las primeras bastan las reglas que hasta aqui se han dado, como el velo usado en la forma explicada; pero para las segundas se necesitan otras.