Que si los reyes quieren engañar,

Comienzan por nosotros los primeros.

La gloria inmortal con que este grande hombre corrió la carrera militar, política y literaria, merece sin duda un elogio histórico mas bien acabado que el que le hemos dado; mas por ahora solo puede satisfacerse á los curiosos con este leve diseño: tal vez otro pincel mas diestro nos dará con el tiempo retrato mas vivo de las prendas que adornaron á este excelente escritor y discretísimo político.


LIBRO I.

Mi propósito es escribir la guerra que el rey católico de España D. Felipe el II., hijo del nunca vencido emperador D. Cárlos, tuvo en el reino de Granada contra los rebeldes nuevamente convertidos: parte de la cual yo vi, y parte entendí de personas que en ella pusieron las manos y el entendimiento. Bien sé que muchas cosas de las que escribiere parecerán á algunos livianas y menudas para historia, comparadas á las grandes que de España se hallan escritas: guerras largas de varios sucesos; tomas y desolaciones de ciudades populosas; reyes vencidos y presos; discordias entre padres é hijos, hermanos y hermanas, suegros y yernos; desposeidos, restituidos, y otra vez desposeidos, muertos á hierro; acabados linajes; mudadas sucesiones de reinos: libre y extendido campo, y ancha salida para los escritores. Yo escogí camino mas estrecho, trabajoso, estéril, y sin gloria; pero provechoso, y de fruto para los que adelante vinieren: comienzos bajos, rebelion de salteadores, junta de esclavos, tumulto de villanos, competencias, odios, ambiciones, y pretensiones; dilacion de provisiones, falta de dinero, inconvenientes ó no creidos, ó tenidos en poco; remision y flojedad en ánimos acostumbrados á entender, proveer, y disimular mayores cosas: y así no será cuidado perdido considerar de cuan livianos principios y causas particulares se viene á colmo de grandes trabajos, dificultades y daños públicos, y cuasi fuera de remedio. Veráse una guerra, al parecer tenida en poco, y liviana dentro en casa, mas fuera estimada y de gran coyuntura; que en cuanto duró tuvo atentos, y no sin esperanza, los ánimos de príncipes amigos y enemigos, lejos y cerca: primero cubierta y sobresanada, y al fin descubierta, parte con el miedo y la industria, y parte criada con el arte y ambicion. La gente que dije, pocos á pocos junta, representada en forma de ejércitos; necesitada España á mover sus fuerzas, para atajar el fuego; el rey salir de su reposo, y acercarse á ella; encomendar la empresa á D. Juan de Austria su hermano, hijo del emperador D. Cárlos, á quien la obligacion de las victorias del padre moviese á dar la cuenta de sí, que nos muestra el suceso. En fin pelearse cada dia con enemigos; frio, calor, hambre; falta de municiones, de aparejos en todas partes; daños nuevos, muertes á la continua: hasta que vimos á los enemigos, nacion belicosa, entera, armada, y confiada en el sitio, en el favor de los bárbaros y turcos, vencida, rendida, sacada de su tierra, y desposeida de sus casas y bienes; presos y atados hombres y mujeres; niños cautivos vendidos en almoneda, ó llevados á habitar á tierras lejos de la suya: cautiverio y transmigracion no menor, que las que de otras gentes se leen por las historias. Victoria dudosa, y de sucesos tan peligrosos, que alguna vez se tuvo duda si éramos nosotros, ó los enemigos, los á quien Dios queria castigar: hasta que el fin de ella descubrió, que nosotros éramos los amenazados, y ellos los castigados. Agradezcan y acepten esta mi voluntad libre, y lejos de todas las cosas de odio ó de amor, los que quisieren tomar ejemplo, ó escarmiento; que esto solo pretendo por remuneracion de mi trabajo, sin que de mi nombre quede otra memoria. Y porque mejor se entienda lo adelante, diré algo de la fundacion de Granada, qué gentes la poblaron al principio, como se mezclaron, como hubo este nombre, en quien comenzó el reino de ella; puesto que no sea conforme á la opinion de muchos; pero será lo que hallé en los libros arábigos de la tierra, y los de Muley Hacén rey de Túnez, y lo que hasta hoy queda en la memoria de los hombres, haciendo á los autores cargo de la verdad.

La ciudad de Granada, segun entiendo, fue poblacion724. de los de Damasco, que vinieron con Tarif su capitan, y diez años despues que los alárabes echaron á los godos del señorío de España, la escogieron por habitacion; porque en el suelo y aire parecia mas á su tierra. Primero asentaron en Libira, que antiguamente llamaban Illiberis, y nosotros Elvira, puesta en el monte contrario de donde ahora está la ciudad, lugar falto de agua, de poco aprovechamiento, dicho el cerro de los Infantes; porque en él tuvieron su campo los infantes D. Pedro y D. Juan, cuando murieron rotos por Ozmin, capitan del rey Ismael. Era Granada uno de los pueblos de Iberia, y habia en él la gente que dejó Tarif Abentiet despues de haberla tomado por luengo cerco; pero poca, pobre, y de varias naciones, como sobras del lugar destruido. No tuvieron rey hasta1014. Habúz Aben Habúz, que juntó los moradores de uno y otro lugar, fundando ciudad á la torre de San José, que llamaban de los Judíos, en el alcazava; y su morada en la casa del Gallo, á San Cristóval en el Albaicin. Puso en el alto su estatua á caballo con lanza y adarga, que á manera de veleta se revuelve á todas partes, y letras que dicen: Dijo Habúz Aben Habúz el sabio, que así se debe defender el Andalucía. Dicen, que del nombre de Naath su mujer, y por mirar al poniente (que en su lengua llaman garb) la llamó Garbnaath, como Naath la del poniente. Los alárabes y asianos hablan de los sitios, como escriben; al contrario y revés que las gentes de Europa. Otros, que de una cueva á la puerta de Bibataubin, morada de la Cava, hija del conde Julian el traidor, y de Nata, que era su nombre propio, se llamó Garnata, la cueva de Nata. Porque el de la Cava todas las historias arábigas afirman, que le fue puesto por haber entregado su voluntad al rey de España D. Rodrigo; y en la lengua de los alárabes cava quiere decir mujer liberal de su cuerpo. En Granada dura este nombre por algunas partes; y la memoria en el soto y torre de Roma, donde los moros afirman haber morado; no embargante que los que tratan de la destruccion de España ponen que padre é hija murieron en Ceuta. Y los edificios que se muestran de lejos á la mar sobre el monte, entre las Quejinas y Jarjuel al poniente de Argel, que llaman sepulcro de la Cava cristiana, cierto es haber sido un templo de la ciudad de Cesarea hoy destruida, y en otros tiempos cabeza de la Mauritania, á quien dió el nombre de cesariense. Lo de la amiga del rey Abenhut, y la compra que hizo á ejemplo de Dido la de Cartago, cercando con un cuero de buey cercenado el sitio donde ahora está la ciudad, los mismos moros lo tienen por fabuloso. Pero lo que se tiene por mas verdadero entre ellos y se halla en la antigüedad de sus escrituras, es haber tomado el nombre de una cueva, que atraviesa de aquella parte de la ciudad hasta la aldea que llaman Alfacar, que en mi niñez yo vi abierta, y tenida por lugar religioso, donde los ancianos de aquella nacion curaban personas tocadas de la enfermedad que dicen demonio. Esto cuanto al nombre que tuvo en la edad de los moros; tanta variedad hay en las historias arábigas, aunque las llaman ellos escrituras de la verdad. En la nuestra conformando el sonido del vocablo con la lengua castellana, la decimos Granada, por ser abundante. Habúz Aben Habúz deshizo el reino de Córdoba, y puso á Idriz en el señorío del Andalucía. Con esto, con el desasosiego de las ciudades comarcanas, con las guerras que los reyes de Castilla hacian, con la destruccion de algunas, juntos los dos pueblos en uno, fue maravilla en cuan poco tiempo Granada vino á mucha grandeza. Desde entonces no faltaron reyes en ella hasta Abenhut, que echó de España los almoades, é hizo á Almería cabeza del reino. Muerto Abenhut á manos de los suyos, con el poder y armas del rey santo D. Fernando el III, tomaron los de Granada por rey á Mahamet Alhamar, que era señor de Arjona, y volvió la silla del reino de Granada, la cual fue en tanto crecimiento, que en tiempo del rey Bulhaxix, cuando estaba en mayor prosperidad, tenia setenta mil casas, segun dicen los moros; y en alguna edad hizo tormenta, y en muchas puso cuidado á los reyes de Castilla. Hay fama que Bulhaxix halló el alquimia, y con el dinero de ella cercó el Albaicin: dividióle de la ciudad; y edificó el Alhambra con la torre que llaman de Comares (porque cupo á los de Comares fundalla); aposento real y nombrado, segun su manera de edificio, que despues acrecentaron diez reyes sucesores suyos, cuyos retratos se ven en una sala; alguno de ellos conocido en nuestro tiempo por los ancianos de la tierra.

Ganaron á Granada los reyes llamados Católicos Fernando1492. é Isabel, despues de haber ellos y sus pasados sojuzgado y echado los moros de España en guerra continua de setecientos setenta y cuatro años, y cuarenta y cuatro reyes; acabada en tiempo, que vimos al rey último Boabdelí (con grande exaltacion de la fe cristiana) desposeido de su reino y ciudad y tornado á su primera patria allende la mar. Recibieron las llaves de la ciudad en nombre de señorío, como es costumbre de España: entraron al Alhambra, donde pusieron por alcaide y capitan general á D. Iñigo Lopez de Mendoza conde de Tendilla, hombre de prudencia en negocios graves, de ánimo firme, asegurado con luenga experiencia de reencuentros y batallas ganadas, lugares defendidos contra moros en la misma guerra; y por prelado pusieron á fray Fernando de Talavera, religioso de la órden de san Hierónimo, cuyo ejemplo de vida y santidad España celebra, y de los que viven, algunos hay testigos de sus milagros. Diéronles compañía calificada y conveniente para fundar república nueva; que habia de ser cabeza de reino, escudo y defension contra los moros de África, que en otros tiempos fueron sus conquistadores. Mas no bastaron estas provisiones aunque juntas, para que los moros (cuyos ánimos eran desasosegados y ofendidos) no se levantasen en el Albaicin, temiendo ser echados de la ley, como del estado: porque los reyes, queriendo que en todo el reino fuesen cristianos, enviaron á fray Francisco Jimenez, que fue arzobispo de Toledo y cardenal, para que los persuadiese; mas ellos, gente dura, pertinaz, nuevamente conquistada, estuvieron rehacios. Tomóse concierto, que los renegados, ó hijos de renegados tornasen á nuestra fe, y los demás quedasen en su ley por entonces. Tampoco esto se observaba, hasta que subió al Albaicin un alguacil, llamado Barrionuevo, á prender dos hermanos renegados en casa de la madre. Alborotóse el pueblo, tomaron las armas, mataron al alguacil, y barrearon las calles que bajan á la ciudad; eligieron cuarenta hombres autores del motin para que los gobernasen, como acontece en las cosas de justicia escrupulosamente fuera de ocasion ejecutadas. Subió el conde de Tendilla al Albaicin, y despues de habérsele hecho alguna resistencia apedreándole el adarga (que es entre ellos respuesta de rompimiento), se la tornó á enviar: al fin la recibieron, y pusiéronse en manos de los reyes, con dejar sus haciendas á los que quisiesen quedar cristianos en la tierra, conservar su hábito y lengua, no entrar la inquisicion hasta ciertos años, pagar fardas y las guardas; dióles el conde por seguridad sus hijos en rehenes. Hecho esto salieron huyendo los cuarenta electos, y levantaron á Guejar, Lanjaron, Andarax; y últimamente Sierra Bermeja, nombrada por la muerte de D. Alonso de Aguilar, uno de los mas celebrados capitanes de España, grande en estado y linaje. Sosegó el conde de Tendilla y concertó el motin de Albaicin; tomó á Guejar, parte por fuerza, parte rendida sin condicion, pasando á cuchillo los moradores y defensores. En la cual empresa, dicen que por no ir á Sierra Bermeja, debajo de D. Alonso de Aguilar su hermano, con quien tuvo emulacion, se halló á servir, y fue el primero que por fuerza entró en el barrio de abajo, Gonzalo Fernandez de Córdoba, que vivia á la sazon en Loja desdeñado de los Reyes Católicos, abriendo ya el camino para el título de gran capitan, que á solas dos personas fue concedido en tantos siglos: una entre los griegos caido el imperio en tiempo de los emperadores Comnenos como á restaurador y defensor del Andrónico Contestephano llamándole megaduca, vocablo bárbaramente compuesto de griego y latino, como acontece con los estados perderse la elegancia de las lenguas: otra á Gonzalo Fernandez entre los españoles y latinos, por la gloria de tantas victorias suyas, como viven y vivirán en la memoria del mundo. Halláronse allí entre otros Alarcon sin ejercicio de guerra, y Antonio de Leiva, mozo teniente de la compañía de Juan de Leiva su padre, y despues sucesor en Lombardía de muchos capitanes generales señalados, y á ninguno de ellos inferior en victorias. La presencia del Rey Católico dió fin con mayor autoridad á esta guerra; mas guardóse el rincon de Sierra Bermeja para la muerte de D. Alonso de Aguilar, que ganada la sierra, y rotos los moros fue necesitado á quedar en ella con la oscuridad de la noche, y con ella misma le acometieron los enemigos rompiendo su vanguardia. Murió D. Alonso peleando, y salvóse su hijo D. Pedro entre los muertos: salió el conde de Ureña, aunque dando ocasion á los cantares y libertad española; pero como buen caballero.

Sosegada esta rebelion tambien por concierto, diéronse los Reyes Católicos á restaurar y mejorar á Granada en religion, gobierno y edificios: establecieron el cabildo, bautizaron los moros, trujeron la chancillería, y dende á algunos años vino la inquisicion. Gobernábase la ciudad y reino como entre pobladores y compañeros con una forma de justicia arbitraria, unidos los pensamientos, las resoluciones encaminadas en comun al bien público: esto se acabó con la vida de los viejos. Entraron los celos; la division sobre causas livianas entre los ministros de justicia y de guerra, las concordias en escrito confirmadas por cédulas; traido el entendimiento de ellas por cada una de las partes á su opinion; la ambicion de querer la una no sufrir igual, y la otra conservar la superioridad, tratada con mas disimulacion que modestia. Duraron estos principios de discordia disimulada y manera de conformidad sospechosa el tiempo de D. Luis Hurtado de Mendoza[41], hijo de D. Iñigo, hombre de gran sufrimiento y templanza; mas sucediendo otros, aunque de conversacion blanda y humana, de condicion escrupulosa y propia; fuese apartando este oficio del arbitrio militar, fundándose en la legalidad y derechos, y subiéndose hasta el peligro de la autoridad, cuanto á las preeminencias: cosas que cuando estiradamente se juntan, son aborrecidas de los menores y sospechosas á los iguales. Vínose á causas y pasiones particulares, hasta pedir jueces de términos; no para divisiones ó suertes de tierras, como los romanos y nuestros pasados; sino con voz de restituir al rey ó al público lo que le tenian ocupado, y intento de echar algunos de sus heredamientos. Este fue uno de los principios en la destruccion de Granada comun á muchas naciones; porque los cristianos nuevos, gente sin lengua y sin favor, encogida y mostrada á servir, veían condenarse y quitar ó partir las haciendas que habian poseido, comprado, ó heredado de sus abuelos, sin ser oidos. Juntáronse con estos inconvenientes y divisiones, otros de mayor importancia, nacidos de principios honestos, que tomaremos de mas alto.