Ya el rey habia enviado personas que tuviesen cuenta con su hacienda, porque antes no las habia, como en negocio de que presto se vernia al fin; contador, pagador, veedor general y particulares; dentro en consejo al licenciado Muñatones que habia servido de alcalde de corte al emperador en sus jornadas y de su consejo: hombre hidalgo y limpio, y en diversos tiempos de próspera y contraria fortuna. Como los moriscos salieron de Granada, perdióse la comodidad de los soldados; cesaron los alojamientos, camas, fuego, vasos: cosas que se dan en hospedaje, sin que la gente no puede vivir ni cómoda ni suficientemente. Aun para la ciudad y soldados no estaba hecha provision de vitualla, pero entraron á mantener la gente con socorros, mudando término y propósito. Fue mayor el aprovechamiento de los capitanes y oficiales de guerra con los socorros y raciones, cuanto mas á menudo se tomaban las nuestras: entraban á ellas en lugar de soldados vecinos del pueblo; sucedieron á cumplir la hacienda del rey, en lugar de los moriscos los bagajeros y vivanderos rescatados: por todo se robaba á amigos, como á enemigos; á cristianos, como á moros; padecian los soldados, adolecian, íbanse, crecieron las desórdenes y compasiones por la Vega. Nació una opinion entre los ministros, la cual como provechosa donde el pueblo es enemigo y la gente poca; así errada, donde no hay pueblo contrario, y fue que no se debian tomar muestras, porque los enemigos no entendiesen cuan pocos eran los soldados, y que se debia permitir la licencia y excesos, porque no se amotinasen ni huyesen. La gente de la ciudad era mucha, buena, y armada; los moriscos fuera, los soldados no tan pocos, que no fuesen superiores (juntos con el pueblo) á los enemigos; guarda de á pie y de á caballo en la Vega; armado en Orgiba D. Juan de Mendoza: ¿qué temor ó recatamiento podia estorbar el remedio de inconvenientes, que eran causa de poner en peligro la empresa, y de que los moros de la Vega no pudiendo sufrir tanto maltratamiento, yéndose á la sierra acrecentasen el número de los enemigos? Duró tantos meses esta manera de gobierno, que dió causa á intenciones libres y sospechosas de pensar, que no faltaban personas á quien contentase, que creciendo los inconvenientes, fuese mayor la necesidad.

Declaró el rey, como estaba acordado, que el marqués de Velez tuviese cargo de los partidos de Almería, Guadix, Baza, rio de Almanzora, sierra de Filabres; y queriendo salir contra los enemigos, parecióle asegurar el puerto que dicen de la Ravaha, paso de la Alpujarra para tierra de Guadix y Granada: mandó que con cuatrocientos hombres enviados de Guadix, Gonzalo Fernandez, capitan viejo, plático en las escaramuzas de Oran, tomase lo alto del puerto, y se hiciese fuerte hasta tener órden suya. Comenzó á subir la montaña sin reconocer; mas los moros que estaban cubiertos en lo alto y en lo hondo del camino, dejando subir parte de la gente, echaron cuarenta arcabuceros que acometiesen la frente, y por el costado dieron cien hombres, hasta ponellos en desórden; y cargándolos en rota, murió la mayor parte huyendo: perdiéronse las armas, municion y vitualla que llevaban; poca gente tornó á Guadix con el capitan. D. Juan, temeroso que los enemigos cargasen á la parte de Guadix, proveyó para guardia de ella á Francisco de Molina, que sirvió de capitan al emperador en las guerras de Alemania.

Con el suceso de la Ravaha se levantó la sierra de Bentomiz, y tierra de Velez Málaga: no hicieron los excesos que en el Alpujarra, antes contentándose con recoger la ropa á lugares fuertes sin hacer daños, echaron bando que ninguno matase ó cautivase cristianos, quemase iglesia, tomase bienes de cristianos ó de moros que no se quisiesen recoger con ellos: fortificaron para refugio y seguridad de sus personas un monte llamado Frejiliana la vieja, á diferencia de la nueva cerca de él, deshabitado de muchos tiempos: los antiguos españoles y romanos le llamaron Saxifirmum. Estuvieron de esta manera tanto mas sospechosos á Velez, cuanto procedian mas justificadamente, sin comunicacion ó comercio en el Alpujarra. Mas Arévalo de Suazo, corregidor de Málaga y Velez, avisado primero por cartas de D. Juan como los moriscos de aquella sierra estaban para levantarse y ocupar á Velez, movido por la razon de que se podia continuar aquel levantamiento por la hoya y jarquia de Málaga, hasta tierra de Ronda, si con tiempo no se atajase, y con alguna esperanza de pacificar los moros por via de concierto; partió de Málaga con cuatrocientos infantes y cincuenta caballos, llegó á Velez y hizo salir del fuerte la gente del pueblo que habia desamparado lo llano: puso el lugar en defensa: socorrió el castillo de Caniles, lugar del marqués de Comares, que estaba en aprieto, echando los moros de la tierra, los cuales y los de Sedella se fueron á juntar con los de toda la sierra, y á un tiempo descubrieron el levantamiento que tengo dicho. Volvió á Velez Suazo juntando mil y quinientos infantes con la caballería que se hallaba, y entendiendo que se recogian y fortificaban en la sierra, quiso ir á reconocellos y en ocasion combatillos. Hallólos en Frejiliana la vieja fortificados: el general de ellos era Gomel, y tenia consigo otros capitanes; todos se mandaban por la autoridad de Benaguazil. Pero en la subida de la montaña creyendo que bastaria mostralles las armas, trabó la gente desmandada una escaramuza, y siguiéronla dos banderas de infantería sin órden, y sin podellos Arévalo de Suazo retirar; harto ocupado en estorbar que el resto no saliese tras ellos. Mas los moros, que habian hecho rostro á la escaramuza, viendo la gente que cargaba de nuevo y conociendo la desórden, comenzáronse á retirar hasta sus reparos; y saltando fuera golpe de arcabuceros y ballesteros, apretaron nuestra gente cuasi puesta en rota ejecutándola hasta lo llano. Arévalo de Suazo, parte acometiendo, parte retirando y amparando la gente, volvió con ella (algunos muertos y pocos heridos) á Velez, donde estuvo á la guarda del lugar y la tierra; y los moros volvieron á continuar su fuerte. D. Juan visto el caso, y pareciéndole dar dueño á la empresa que la hiciese á menos costa y con mas autoridad, aunque en Arévalo de Suazo no hubiese como no hubo falta, ofreció aquella jornada por mandado del rey á D. Diego de Córdoba marqués de Comares, gran señor en el Andalucía, y fuera de ella de mayores esperanzas, que tenia parte de su estado en aquella montaña pacífico y guardado; pero fue la oferta de manera, que justificadamente pudo excusarse.

En este tiempo se declararon los preparamientos del rey de Argel ser contra el de Túnez Mulei Hamida; y el rey de Fez se quietó. Partió el de Argel con siete mil infantes turcos y andaluces y doce mil caballos, parte de su sueldo y parte alárabes que labraban la tierra: juntáronse á una legua de Beja, ciudad grande, y veinte de Túnez; mas el rey de Túnez fue roto, y salvóse con doscientos caballos hácia la tierra que dicen de los dátiles. Perdió á Beja y Túnez que ahora está en poder de turcos, y á Biserta que comenzaron á fortificar, lugar de comarca provechoso para quien lo ocupare y pudiere mantener; Hippon Diarritos le llamaron los griegos, á diferencia de Bona: púsole el nombre Agatócles, tirano de Sicilia en la gran empresa que tuvo contra los cartagineses. Mas por quitar duda y oscuridad, diré lo que entiendo de estos reinos. El de Fez fue reino de Siphax, que tuvo guerra contra los romanos, de quien tanta memoria hacen sus historias. Despues de varias mudanzas, edificó la ciudad Idriz, del linaje de Alí, que conquistó á Berbería y en memoria tienen su alfanje colgado en el templo principal con gran veneracion. Dióle el nombre del rio que pasa por medio, llamado entonces Fez. Juntó los edificios Juseph Miramarazohir Aben Jacob, del linaje de los de Benimerin, que fue vencido del rey D. Alonso en la batalla de Tarifa; y por la comodidad de guerrear contra el rey de Tremecen la hizo de nuevo cabeza del reino poseido al presente por los hijos de Jarife; hombre que de predicador y tenido por santo y del linaje de Mahoma, vino, juntando las armas con la religion, al señorío de Marruecos y Fez, como lo han hecho muchos de su secta en África, comenzando de Mahoma hasta los almoravides, los almohades, los beni-merines, los beni-oaticis, y jarifes que hoy son; todos religiosos y armados, y que por este medio vinieron á la alteza del reino. El de Túnez tuvo mayor antigüedad por fundarse en las sobras de la gran Cartago destruida por Scipion Africano, y vuelta á restaurar primero por los cónsules romanos y por Tiberio Graco, despues mudado el sitio á lo llano por César Augusto, y habitada de romanos, poseida de los emperadores, ganada por los vándalos, y recuperada por Belisario, capitan del emperador Justiniano; siempre tenida por la tercia parte del imperio griego hasta el tiempo de los alárabes; que fue por Occuba Ben-Nafic, capitan de Mauhía, sojuzgada, venciendo y matando al conde Gregorio, lugarteniente del emperador Constantino, hijo de Constante, con setenta mil caballeros cristianos en la gran batalla junto á África, que los moros llaman Mehedia (del nombre de un su príncipe dicho Moahedin), y los romanos Adrumentum, ahora lugar destruido por el ejército del emperador D. Cárlos. Las armas con que se halló el conde Gregorio, á quien los alárabes llaman Groguir, dicen que fueron muchas mujeres en torno bien aderezadas y hermosas; él en una litera de hombros con piedras preciosas cubierta de paño de oro, y dos mancebos que con mosqueadores de plumas de pavo le quitaban el polvo. Mauhía ocupó á Cartago por entrega de María, hija del conde Gregorio, con pacto que casase con ella, mas descontento del casamiento la dejó: deshabitó á Cartago; pasó la poblacion donde ahora es Túnez, que entonces era pequeño lugar y siempre del mismo nombre. Quedaron repartidos los romanos en doce aldeas, que hoy son de labradores moros en el cabo que llaman de Cartago, donde fue la ciudad competidora de Roma; el nombre de ella dura en un pequeño pueblo, y ese sin gente: tantas mudanzas hace el mundo, y tan poca seguridad hay en los estados. Gobernóse Túnez en forma de república hasta los tiempos de Miramamolin Juseph, que envió á Abdeluahhed su capitan, natural de Sevilla, que los gobernó y sujetó con ocasion de defendellos contra los alárabes; cuyo hijo quedó por señor y fue el primero rey de Túnez hasta Muztancoz que ennobleció la ciudad, y dende él á Hamida, que hoy reina sin perderse la sucesion, segun la verdad de sus historias, cegando ó matando los padres á los hijos, ó los hijos á los padres, como hizo Hamida que cegó á Mulei Hacen su padre, y le quitó el reino, en que el emperador D. Cárlos, vencedor de muchas gentes, le habia restituido, echando á Barbarroja tirano de él, puesto por mano del gran señor de los turcos.

Menores fueron los principios del señorío de Argel, que hoy está en mayor grandeza: al lugar llaman los moros Algezair por una isla que tenia delante; nosotros le llamamos Argel; antiguamente se pobló de los moradores de Cesarea, que ahora se llama Sarjel. Estuvo siempre en el señorío de los reyes godos de España hasta que vinieron los moros, y en tiempo de ellos fue lugar de poco momento regido por jeques. Mas despues el rey D. Fernando el Católico hizo tributario al señor, y edificó el Peñon. Muerto el rey, el cardenal Fr. Francisco Jimenez, Gobernador de España en los principios del reinado del emperador D. Cárlos, tomó á Bugía (casa real del rey Bocho de Mauritania, dicha por esto de su nombre, segun los alárabes), y quiso crecer el tributo moviendo nuevo concierto con el jeque; ofendidos los moros, reprendido y arrepentido el señor, se retiró. El cardenal, hombre de su condicion armígero, y aun desasosegado, armó contra él haciendo capitanes á Diego de Vera y Juan del Rio: juntóse esta armada á manera de arrendamiento; que todos los que tenian oficios menores, si los querian pasar en sus hijos por una vida, fuesen á servir, ó llevasen ó diesen en su lugar tantos hombres, segun la importancia del oficio. Perdióse la armada por mal tiempo, confusion y poca plática de los que gobernaban, y esta fue la primera pérdida que se hizo sobre Argel. Mas el jeque, temiendo que con mayores fuerzas se renovaria la guerra, trajo por huésped y soldado á Barbarroja, hermano del que fue tirano de Túnez, que entonces era su lugarteniente y secretario; venidos á la grandeza que tuvieron, de capitanes de un bergantin. Habia tentado Barbarroja Horux (que así se llamaba el mayor) la empresa de Bugía; perdido el tiempo, la gente, un brazo, y el armada; recogídose con cuarenta turcos á un pequeño castillo, de donde el jeque otra vez le trajo al sueldo; mas él, juntándose con los principales, mató al jeque llamado Selin Etenri estando comiendo en un baño: hízose señor y llamóse rey. Dende á poco salió para la empresa de Tremecen, y ocupado aquel reino quedó por señor; y su hermano Harradin por gobernador en Argel; mas echado despues de Tremecen por los capitanes del alcaide de los donceles, abuelo de este marqués de Comares, que era entonces general de Oran; y muerto huyendo, quedó el reino de Argel en poder del hermano. Habia D. Hugo de Moncada hecho tributarios los gelves despues de algunos años de la pérdida del conde Pedro Navarro, y muerte de D. García de Toledo, hijo del duque de Alba D. Fadrique, padre del duque D. Fernando que hoy gobierna los estados de Flandes: y tornando con el armada por mandado del emperador sobre Argel, con intento de destruilla y asegurar la marina de España, tentó desdichadamente la venganza de Diego de Vera y Juan del Rio; porque con tormenta perdió mucha parte de la armada, y echando gente en tierra para defender los que se iban á ella con miedo de la mar, perdió tambien lo uno y lo otro. Crecieron las fuerzas de Barbarroja; extendióse por la tierra adentro su poder; deshizo el Peñon que era isla; continuóla con la tierra firme; ocupó los lugares de la mar Sarjel, Guijan, Brica, y el reino de Túnez aunque pequeño. Vino á noticia del señor de los turcos, que pretendia por seguridad y paz de sus hijos ocupar á África y poner en Túnez á Bayaceto que se mató á sí mismo: adelantó á Barbarroja en fuerzas y autoridad por conseguir este fin y poner al emperador en estrecho y necesidad. Dióle mayor armada con que ocupase y afirmase el reino de Túnez, de donde echado por el emperador pasó á Constantinopla: quedó general de la armada del turco, y despues favorecido y honrado hasta que murió; tenido en mas por haberle vencido el emperador; porque los vencedores honrados honran á los vencidos. Quedó el reino de Argel en poder de gobernadores enviados por el turco; mas el emperador, temiendo la poca seguridad que tenia en sus estados con la grandeza de los turcos en Argel, y hallándose en Alemania al tiempo que el gran turco venia sobre ella, mal proveido de dineros para resistille, no quiso obligarse á la empresa. Quedar sin salir á ella en Alemania, era poca reputacion; tomó por expediente la de Argel, donde fue roto de la tormenta: retiróse por tierra á Bugía, perdiendo mucha parte de la armada, pero salvó el ejército y la reputacion, con gloria de sufrido, de diestro y valeroso capitan. De allí crecieron sin resistencia las fuerzas de los señores de Argel; tomaron á Tremecen, á Bugía; y por su órden los cosarios á Jayona, de los moros; á Tripol, de la órden de San Juan: rompieron diversas armadas de galeras sin otra adversidad mas que la pérdida que hicieron de su armada en la batalla que D. Bernardino de Mendoza ganó á Alí Hamete y Cara Mami, sus capitanes, sobre la isla de Arbolan. Por este camino vino el reino de Argel á la grandeza que ahora tiene.


LIBRO III.

Entretenia el gran turco los moros del reino de Granada con esperanzas, por medio del rey de Argel, para ocupar, como dijimos, las fuerzas del rey D. Felipe en tanto que las suyas estaban puestas contra venecianos; con quien (dando á entender que las despreciaba) ninguna ocasion de su provecho, aunque pequeña, dejaba pasar. Entre tanto el comendador mayor D. Luis de Requesens sacó del reino y embarcó la infantería española en las galeras de Italia, dejando órden á D. Álvaro de Bazan, que con las catorce de Nápoles, que eran á su cargo, y tres banderas de infantería española, corriese las islas y asegurase aquellos mares contra los cosarios turcos. Vino á Civitavieja; de allí á puerto Santo Stéfano, donde juntando consigo nueve galeras y una galeota del duque de Florencia, estorbado de los tiempos entró en Marsella. Dende á poco pareciendo bonanza, continuó su viaje; mas entrando la noche comenzó el narbonés á refrescar, viento que levanta grandes tormentas en aquel golfo, y travesia para la costa de Berbería, aunque lejos: tres dias corrió la armada tan deshecha fortuna, que se perdieron unas galeras de otras; rompieron remos, velas, árboles, timones: y en fin la capitana sola pudo tomar á Menorca, y dende allí á Palamós: donde los turcos forzados confiándose en la flaqueza de los nuestros por el no dormir y continuo trabajo, tentaron levantarse con la galera; pero sentidos, hizo el comendador mayor justicia de treinta. Nueve galeras de las otras siguieron la derrota de la capitana; cuatro se perdieron con la gente y chusma; la una que era de Estéfano de Mari, gentil hombre genovés, en presencia de todas en el golfo embistió por el costado á otra, y fue la embestida salva, y á fondo la que embistió: acaecimiento visto pocas veces en la mar; las demás dieron al través en Córcega y Cerdeña, ó aportaron en otras partes con pérdida de la ropa, vitualla, municiones y aparejos; aunque sin daño de la gente. Luego que pasó la tormenta llegó D. Álvaro de Bazan á Cerdeña con las galeras de Nápoles: puso en órden cinco de las que habian quedado para navegar: en ellas y en las suyas embarcó los soldados que pudo; llegó á Palamós, y juntándose con el comendador mayor, navegaron la costa del reino de Granada, á tiempo que poco habia fuera el suceso de Bentomiz y otras ocasiones, mas en favor de los moros que nuestro. Llevó consigo de Cartagena las galeras de España que traía D. Sancho de Leiva; y tornando D. Álvaro á guardar la costa de Italia, él partió con veinte y cinco galeras para Málaga. Mas al pasar, avisado por Arévalo de Suazo de lo sucedido en Bentomiz, envió con D. Miguel de Moncada á continuar con D. Juan su intento, y el peligro en que estaba toda aquella tierra, si no se ponia remedio con brevedad, sin esperar consulta del rey. Puso entre tanto sus galeras en órden; armó y rehizo la infantería que serian en diez banderas mil soldados viejos, y quinientos de galera; juntó y armó de Málaga, Velez y Antequera, por medio de Arévalo de Suazo y Pedro Verdugo, tres mil infantes. Volvió D. Miguel con la comision de D. Juan, y partió el comendador mayor á combatir los enemigos. Llegado á Torrox, envió á D. Martin de Padilla, hijo del adelantado de Castilla, con alguna infantería suelta para reconocer el fuerte de Frejiliana, y volvió trayendo consigo algun ganado. Púsose al pie de la montaña; y despues de haber reconocido de mas cerca, dió la frente á D. Pedro de Padilla con parte de sus banderas y otras hasta mil infantes, y mandóle subir derecho. Á D. Juan de Cárdenas[50], hijo del conde de Miranda, mandó subir con cuatrocientos aventureros y otra gente plática de las banderas de Italia por la parte de la mar, y por la otra á D. Martin de Padilla con trescientos soldados de galera y algunos de Málaga y Velez: los demás que acometiesen por las espaldas del fuerte, donde parece que la subida estaba mas áspera, y por esto menos guardada, y estos mandó que llevase Arévalo de Suazo con alguna caballería por guarda de la ladera y del agua. Mas D. Pedro, aunque de su niñez criado á las armas y modestia del emperador, soldado suyo en las guerras de Flandes, despreciando con palabras la órden del comendador mayor, la cual era que los unos esperasen á los otros hasta estar igualados (porque parte de ellos iban por rodeos), y entonces arremetiesen á un tiempo; arremetió sin él y llegó primero por el camino derecho.

Los enemigos estuvieron á la defensa como gente plática, y juntos resistieron con mas daño de los nuestros que suyo; pero al fin, dado lugar á que nuestros armados se pegasen con el fuerte, y comenzasen con las picas á desviarlos y á derribar las piedras de él, y los arcabuceros á quitar traveses, estuvieron firmes hasta que salió un turco de galera enviado por el comendador mayor á reconocer dentro, con promesa de la libertad. Este dió aviso de la dificultad que habia por la parte que eran acometidos, y cuanto mas fácil seria la entrada al lado y espaldas. Partió la gente, y combatiólos por donde el turco decia: lo mismo hicieron los enemigos para resistir, pero con mucho daño de los nuestros, que eran heridos y muertos de su arcabucería, al prolongarse por el reparo. Todavía partidas las fuerzas con esto, aflojaron los que estaban á la frente; y D. Juan de Cárdenas tuvo tiempo de llegar, lo mismo la gente de Málaga y Velez, que iba por las espaldas. Mas los moros, viéndose por una y otra parte apretados, salieron por la del maestral que estaba mas áspera y desocupada como dos mil personas, y entre ellos mil hombres los mas sueltos y pláticos de la tierra: fue porfiado por ambas partes el combate hasta venir á las espadas, de que los moros se aprovechan menos que nosotros, por tener las suyas un filo, y no herir ellos de punta. Con la salida de estos y sus capitanes tuvieron los nuestros menos resistencia: entraron por fuerza por la parte mas difícil y no tan guardada que tocó á Arévalo de Suazo, donde él fue buen caballero, y buena la gente de Málaga y Velez; pero no entraron con tanta furia, que no diesen lugar á los que combatian de D. Pedro de Padilla y á los demás, para que tambien entrasen al mismo tiempo. Murieron de los enemigos dentro del fuerte quinientos hombres, la mayor parte viejos: mujeres y niños cuasi mil y trescientos con el ímpetu y enojo de la entrada y despues de salidos en el alcance; y heridos otros cerca de quinientos. Cautiváronse cuasi dos mil personas: los capitanes Garral, y el Melilú, general de todos, con la gente que salió, vinieron destrozados á Valor, donde Aben Humeya los recogió, y mandó dende á pocos dias tornar al mismo Frejiliana. Mas el Melilú, rico y de ánimo, hizo ahorcar á Chacon que trataba con los cristianos, por una carta de su mujer que le hallaron, en que le persuadia á dejar la guerra y concertarse. Dícese que en el fuerte los viejos de concierto se ofrecieron á la muerte, porque los mozos se saliesen en el entre tanto; al revés de lo que suele acontecer y de la órden que guarda naturaleza, como quier que los mozos sean animosos para ejecutar y defender á los que mandan; y los viejos para mandar, y naturalmente mas flacos de ánimo que cuando eran mozos. De los nuestros fueron heridos mas de seiscientos, y entre ellos de saeta D. Juan de Cárdenas, que fue aquel dia buen caballero. Entre otros murieron peleando D. Pedro de Sandoval, sobrino del obispo de Osma, y pasados de trescientos soldados, parte aquel dia, y parte de heridas en Málaga, donde los mandó el comendador mayor, y vender y repartir la presa entre todos, á cada uno segun le tocaba, repartiéndoles tambien el quinto del rey.