Igualmente es verosímil que concurrió á la guerra que se hizo contra Lautrec sobre el ducado de Milan, y á la batalla de la Bicoca en 1522, así como á la entrada de Cárlos V en Francia el año 1536. Lo cierto es, que aun siguiendo la inquietud y estruendo de las armas, manifestaba su ardiente inclinacion á la literatura, y en el tiempo del invierno en que aquellas regularmente permitian mas descanso y ociosidad, dejaba los cuarteles y pasaba á las mas célebres universidades, como Bolonia, Padua, Roma y otras, para aprender de los maestros de mayor mérito, matemáticas, filosofía y otras ciencias[6]. Oyó entre otros á Agustin Nifo y á Juan Montesdoca, famoso filósofo sevillano, muy aplaudido y premiado en las universidades de Italia, y que murió en 1532[7].

Sus talentos, aplicacion y distinguida estirpe le hicieron tan recomendable á Cárlos V, que formando concepto muy sublime de las prendas de D. Diego, le apreció mucho en tiempo de su imperio, y le confió los negocios y embajadas mas críticas de su reinado. En 1538 se hallaba ya de embajador en Venecia. El año antes habia hecho la liga santa contra el turco, el papa, el emperador, y los venecianos; y no correspondiendo las ventajas á los deseos de la señoría, desconfiaba ya, y temia mayores pérdidas: y como las instrucciones del embajador tenian por objeto mantenerla firme contra el turco, y que no se aliase con la Francia; luego que advirtió D. Diego las zozobras de los senadores, y que habian destinado á Constantinopla á Lorenzo Gritti para tratar de paces, hizo presente en una audiencia secreta con elocuente vehemencia, aunque con igual modestia, sabia que la república intentaba ajustar paces sin incluir á su soberano, que estaba dispuesto á continuar la guerra, y aun asistir en la armada[8]. Pintó la incierta fe de los bárbaros diferentes en costumbres, religion, en leyes, y enemiguísimos de los cristianos, el sincero objeto de los aliados, por defender la iglesia, y oprimir á sus enemigos; que si en la pasada campaña no se habian logrado las esperanzas que esperaron se podian resarcir los daños en la primera ocasion, humillar al enemigo comun, y recobrar muchas de sus conquistas. Que si hacian las paces, y el emperador quedase en guerra, no disminuirian gastos, pues debian mantenerse armados, y perdian la esperanza de la mejora que podian tener, perseverando en la alianza. Concluyó que confiaba en la prudencia del senado, no querria buscar pretexto para abandonar la liga, ni preferir á esta las paces siempre peligrosas con el turco. Fue la respuesta, que habiendo sido infructuosa la liga años anteriores, y habiendo propuesto el rey de Francia una tregua general á todos los príncipes cristianos en Constantinopla, seria muy útil su aceptacion, para que el César se dispusiese á las expediciones que meditaba en Levante. Alcanzó en efecto Gritti con gran trabajo treguas por tres meses, sin quedar esperanza de la tregua universal, cuyo nombre aborrecian los turcos por el odio que tenian á Cárlos V. Ajustaron paces despues, y para ellas influyó mucho Francisco I, rey de Francia, que por contrarestar á Cárlos V estaba coligado con el turco, y entre otros le envió dos embajadores, César Fragoso, genovés, y Antonio Rincon, español, que muertos en el Pó por soldados españoles, y registrados, les encontraron las instrucciones, y entre ellas muchas concernientes á Venecia, y contrarias á sus intereses[9]. Dirigiólas el marqués del Basto á D. Diego, y este las hizo presentes al senado, para que comprendiese las potencias en que debia fiarse, y cuan gran yerro habia cometido en abandonar la liga del emperador, procurando mantener y afianzar la amistad del rey de Francia, que como constaba en aquellas instrucciones, no cuidaba de los intereses de la república.

Además de desempeñar la embajada con esplendor, perseveró con teson en el estudio, y sobre todo puso particular esmero en juntar manuscritos griegos, en hacerlos copiar á gran costa, buscarlos y traerlos de los mas remotos senos de la Grecia; de suerte que envió hasta la Tesalia y monte Athos á Nicolás Sofiano, natural de Corcira, á investigar y copiar cuanto hallase recomendable de la erudicion griega. Valióse tambien de Arnoldo Ardenio, doctísimo griego, para que le trasladase con extraordinarios gastos muchos códices manuscritos de varias bibliotecas, y particularmente de la que fue del cardenal Besarion.

Por su medio logró la Europa muchas obras que aun no habia visto, y quizás no veria, de los mas célebres autores griegos, sagrados y profanos, como son san Basilio, san Gregorio Nacianceno, san Cirilo Alejandrino, todo Arquimedes, Heron, Apiano, y otros[10]. De su biblioteca se publicaron las obras completas de Josefo; pero lo que principalmente la ha hecho memorable fue el regalo que le hizo el gran turco Soliman, por haberle enviado un cautivo, que amaba con extremo, libre y sin rescate, aunque Don Diego lo compró á gran precio de los que le habian hecho prisionero. El gran señor queria manifestar su agradecimiento con dones correspondientes á su grandeza, pero D. Diego admitió solo una recompensa propia de la nobleza de su nacimiento, y del desinterés de un ministro público. La señoría de Venecia se hallaba con extrema escasez de granos, y por sacarla de tan estrecho ahogo, pidió á Soliman permitiese á los vasallos de Venecia comprar libremente trigo en los estados turcos, y conducirlo á los de la república. Logró esta súplica, y otra segunda, que fue la remision de muchos manuscritos griegos, que preferia á los mas ricos tesoros. Varian mucho los autores sobre el número de ellos: Andrés Escoto no duda asegurar, que recibió una nave cargada de manuscritos: Claudio Clemente copia las mismas palabras en la historia de la biblioteca del Escurial: Ambrosio de Morales y D. Nicolás Antonio aseguran que fueron seis arcas llenas: últimamente D. Juan de Iriarte en la Biblioteca de los manuscritos griegos de la librería real de esta corte, obra recomendable por su mérito y por las muchas noticias que da de varios escritos apreciables de célebres autores aun no publicados, rebaja extraordinariamente el número de volúmenes; y persuadido del catálogo de los manuscritos griegos de D. Diego que copió de un códice propio de la librería del duque de Alba, asegura que no fueron mas que treinta y un volúmenes; cuyo catálogo inserta en dicha biblioteca.

Esta es la noticia que nos queda de tan celebrado don, y no es difícil resolver cual de las relaciones sea la verdadera; pues aunque de una parte es inmenso el número que dan á entender Andrés Escoto y Claudio Clemente, por otra es muy diminuto el que asigna el mencionado catálogo; ni sabemos quien le formó, ni si copió todos los que vinieron de Constantinopla: pudo tal vez elegir los mas selectos, ó aquellos de quien tuvo noticia, sino es que creamos lo hizo cuando ya estaba deshecha la librería de D. Diego, y solo numeró los códices que restaban. Parece pues mas verosímil y cierta la relacion de Don Nicolás Antonio; y así creemos que ni fue tanta la copia que pondera Escoto, ni tan pequeña como expresa el catálogo, que á la verdad ni corresponde al eco que corrió y corre en toda la Europa del mencionado regalo; ni á la grandeza de Soliman, que no sabemos fuese avaro de estas riquezas que poseia en tanta abundancia y que tan poco le servian. Sobre todo deja fuera de duda la verdad de la relacion de Morales, el haberla hecho este en una dedicatoria dirigida al mismo D. Diego, á quien conocia, y á quien trataba; á quien consultaba, y á quien habria oido muchas veces la verdadera narracion.

De la diligencia de D. Diego en adquirir los manuscritos se convence la extravagante y atrevida maledicencia de Schochio, que fingió que para juntar la biblioteca que meditaba, hurtó los manuscritos griegos que dejó el cardenal Besarion á la república de Venecia, con tal sutileza, dice, que no se puede pensar mayor. Asegura que ya se habia venido á España cuando se advirtió que en lugar de aquellos habia puesto otros libros vulgares de igual volúmen, para que de ese modo no se descubriese tan facilmente el hurto. ¿Pero de quién habla este beocio? ¿Juzga acaso este tardo aleman que D. Diego de Mendoza era algun Glareano, algun Sciopio, ú otro oscuro gramático? Hay mucha diferencia entre los sabios: el nacimiento y la crianza dan ideas muy diferentes: el empleo y las riquezas de D. Diego le facilitaban la ejecucion de sus designios. ¿Qué particular hizo mayores gastos? ¿Quién tuvo valor para enviar á sus expensas á buscar manuscritos en los mas retirados senos de la Grecia? ¿Ni quién logró circunstancias mas oportunas? Además de esto se mantuvo muchos años en Venecia, incierto si permaneceria ó no en aquella ciudad; ¿pues cómo podria cometer tal desacierto sin exponerse á que lo descubrieran antes de retirarse? ¿Y qué pruebas expone Schochio? ¿qué autores cita para apoyar proposicion tan atrevida? Quede pues por cierto que afirma lo que él seria capaz de cometer, y que creyó era algun Schochio el embajador de Cárlos V.

Era su casa la mansion de las personas eruditas, trataba á los sabios de Italia con la estimacion de hombre que lo era. En el senado era un Demóstenes, y un Sócrates en casa. En aquel admiraban el torrente de su elocuencia los senadores; y en esta embelesaba con su erudicion, con sus noticias y discursos filosóficos, á los cardenales, obispos, nobles y literatos que con gran frecuencia le visitaban.

Buen testigo es Paulo Manucio, celebérrimo humanista, que en aquel tiempo le dedicó las obras filosóficas de Ciceron, corregidas con sumo esmero; si bien dice, que ya D. Diego con su continua lectura y perspicacia habria hecho las mismas ó mas enmiendas. De aquella dedicatoria sabemos que se aplicaba principalmente á la filosofía; que tuvo una hermana sabia, muy instruida en la lengua latina, é igualmente valerosa, y que el dictámen de D. Diego en órden á la enseñanza de la juventud, era que gastasen el largo tiempo que dedican á la lengua latina, en aprender las ciencias en la lengua materna, como lo persuadió antes el cardenal Alcolti, que posaba en casa D. Diego. Favoreció á muchos griegos que llegaban huyendo de la penosa esclavitud del turco. Lázaro Bonamico le dirigió por este tiempo, ó poco despues una carta latina en verso heróico, en que describiendo el método de vida y estudios que él disfrutaba, le persuade se entregue á su genio, esto es, al estudio y consideracion de la naturaleza; realza su aplicacion á la filosofía, su vigilancia en procurar los intereses del César, y resistir al turco, enemigo comun, pondera su elocuencia, la estimacion que de su persona hacian los senadores, el socorro de trigo que por su causa evitó una horrible hambre en los estados venecianos, su generosidad en enviar á la Grecia personas que trajesen antiguos monumentos; y últimamente lo acepto que era á Cárlos V, y como se aprovechaba del valimiento, para que perdonase á unos, y favoreciese á otros.

En estas ocupaciones pasaba, cuando le nombró el César gobernador de la república de Sena, sin que dejase, á lo que parece, la embajada de Venecia. Es Sena una ciudad de Toscana á cinco leguas de Florencia, rica, populosa, amiga de su libertad, que conservó por muchos siglos como república independiente; la discordia al fin dividió sus habitantes, que por último recurso acudieron al emperador, á quien pidieron patrocinio para poner freno á algunos ciudadanos turbulentos. Condescendió Cárlos V y envió á D. Diego de Mendoza, que informado de todas las disensiones, del orígen de ellas, y de los intereses particulares que movian á los seneses, procuró vencer por buenos términos todos los inconvenientes, y mantener los ciudadanos en tranquilidad[11]. Sin duda manifiesta el afecto que tenia á aquella república en una representacion vehemente que hizo al emperador cuando pasó por la Italia el año de 1543, para asegurar aquellas costas del desembarco é invasion que amenazaba el turco, movido por Francisco I rey de Francia.

Hallábase el César exhausto de dinero; tomó del rey de Portugal cuantiosas sumas, vendió á Cosme de Medicis, duque de Florencia, las fortalezas de Florencia y Liorna en ciento y cincuenta mil ducados, y estuvo en Bugeto con el pontífice, que vino á verle con el pretexto de ponerle en paz con el rey de Francia, y de adelantar el concilio tridentino; pero principalmente con el designio de comprar los estados de Milan y Sena para su nieto Octavio de Farnese. La escasez de dinero con que se hallaba el emperador le hacian, aunque con alguna repugnancia, dar oidos á estas cosas, y sin duda se hubiera efectuado la venta, á no haberle hecho D. Diego de Mendoza una representacion[12], en que exponia al emperador el deshonor que le resultaba de efectuar esta contrata, como lo mal que habia hecho en lo antecedente de las fortalezas de Florencia y Liorna: extendíase despues sobre la conducta del pontífice, sobre los trabajos que habia ocasionado al emperador, y como movió al rey de Francia, y consiguientemente al turco. Esta representacion tuvo el efecto que deseaba el autor de ella: desistió el emperador, pasó á Alemania dejando á D. Diego las instrucciones que debian dirigirle en la asistencia al concilio tridentino, que á grandes distancias de la cristiandad, y principalmente del emperador, habia convocado el papa Paulo III en bula de 22 de mayo de 1542. Despues de muchas dilaciones, inconvenientes y dudas sobre el lugar en que debia celebrarse, se habia elegido á Trento, ciudad que parte los términos de Italia y Alemania, y sujeta á Cristóbal Madrucci, obispo de ella, y poco despues cardenal.