[4] History of the United States, by George Bancroft.
ELECCIONES
Dos cosas me habían hecho desear inspeccionar personalmente los Estados Unidos. La colonización y la práctica del sistema electoral; el modo de poblar el desierto, y la manera de proveer al gobierno de la sociedad. Sobre lo primero mis deseos quedaron satisfechos, y pude ver claro, y darme cuenta de todo el mecanismo. Un hecho al parecer tan espontáneo, tan irregular, encierra, sin embargo, una teoría, una ciencia y un arte. Hay un sistema de principios, de leyes y de reglas para colonizar prósperamente, de cuya infracción u olvido han resultado todas las poblaciones raquíticas de nuestros países. Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, Valparaíso, son ciudades posteriores a la formación de las colonias españolas. Toda la ocupación de la América del Sur está montada en los errores más garrafales en el arte de poblar; y la mitad de los desastres de nuestras repúblicas estaban ya preparados por el sistema de colonización española. Era esta una mina que debió reventar con el fuego de la independencia. Mis aserciones las justificaré en un trabajo especial sobre los sistemas y medios de población y ocupación del territorio. Creo con esto haber llenado un vacío en nuestros conocimientos americanos.
No anduve tan feliz en materia de elecciones. Es cosa ésta para vista, pues por lo que hace a principios generales, cada Estado, y la constitución de los Estados Unidos en general, dan idea insuficiente. Durante mis rápidas excursiones en aquel país, no me cupo en suerte ver elecciones sino una, en Baltimore, de mayor autoridad, equivalente a la de lord mayor de Londres, a lo que creo. Era preciso haber presenciado muchas elecciones, en distintos lugares y con diversos objetos, para penetrar en la práctica de las instituciones norteamericanas, el juego de las pasiones políticas, y las combinaciones de los partidos. ¿Puede haber materia de estudio político más grande que la del medio preciso, exacto, de hacer llegar a los destinos públicos el hombre más apto para desempeñarlos? Podemos estar seguros de haber confiado la ejecución de un cuadro, de un palacio, de una nave al primer artista o constructor de la tierra; pero, ¿podremos acercarnos siquiera a la verdad cuando se trata en un Estado de confiar a un individuo, diputado, presidente o corregidor, el encargo de producir el mayor bien posible para toda una sociedad, y, acaso, para generaciones y para la humanidad entera? El sistema electoral es, todavía, un caos por desembrollar; un germen apenas fecundado, y sólo en los Estados Unidos se ha desenvuelto lo bastante por una práctica comparativamente larga.
El único incidente electoral que presencié fué el empeño de los diarios demócratas en exaltar a los irlandeses emigrantes contra el candidato del partido whig, invitándolos a que se reuniesen con los demócratas en la elección. Este espectáculo no era por cierto muy edificante. La chusma irlandesa, apenas llegada de Europa, es allá lo que en Chile son los rotos, y al juicio de uno y otros, echado en la balanza en cuanto conocimiento de la conveniencia pública, no le da, sin duda, mucha importancia.
No pudiendo de propia experiencia transmitirle mi juicio sobre lo que no vi en materia de elecciones, lo suplo extractando de los viajes del frenologista Combe, cuanto a este respecto ha dejado escrito. Es un buen testigo, y su saber, el ser inglés, amar la república, y una imparcialidad y franqueza sincera, lo hacen un juez competente y una autoridad. Lo que sigue es una traducción de este autor:
“A lo que he podido comprender, los candidatos para los empleos del Estado no van de puerta en puerta a solicitar votos en Massachussetts, como lo he visto en Escocia. Estamos en vísperas de una elección anual, y se han convocado meetings preparatorios por cada uno de los partidos de la ciudad. Estos eligen para representante delegados preparatorios de todas las asambleas, y preparan una lista de candidatos para ser propuestos a su partido, como personas competentes para llenar el empleo vacante. Llámanse estas listas tickets. El ticket whig como el ticket democrático se anuncian por los diarios de los respectivos partidos, siendo el uno sostenido, y atacado el otro con todos los hechos, argumentos, agudezas y aun me temo que por todas las invenciones, falsedades, que el talento y la malicia de cada partido puede aducir en sostén de sus propios candidatos y en desdoro de los contrarios. Debemos deplorar el olvido de la verdad, cortesía y delicadeza que estas luchas traen en la prensa pública, sin embargo de que todos los que se han mezclado en la vida pública saben que prácticas semejantes deshonran en una grande extensión la prensa británica.
“Los votantes están registrados en un libro y la ciudad y condados divididos en distritos de convenientes dimensiones, en cada uno de los cuales se establece una mesa y se anuncia públicamente. Los electores acuden a estas estaciones el día de las elecciones; cada uno anuncia su nombre al empleado encargado del registro; y si está, en efecto, registrado, el votante pasa a la urna y deposita en ella su lista impresa y se retira. Numerosos partidarios de cada bando asisten para impedir las tentativas de votar bajo un nombre falso. Ningún hombre puede votar dos veces, porque es borrado en el registro desde que aparece la primera vez. El voto no está firmado por el votante, porque esto traicionaría el secreto de su voto; pero le miran prolijamente la mano, para que no introduzca dos o más tickets en la urna. Al fin de la elección los tickets son examinados, y después de una comprobación de los votos, hecha por empleados nombrados al efecto, quedan electos los candidatos que tienen mayoría absoluta sobre el número total de votantes. Si un individuo no está satisfecho con el ticket de su partido, puede borrar algunos nombres y substituirlos con otros de su elección. Como, por lo general, no hay concierto entre los que tales alteraciones hacen, rara vez ven electos a sus candidatos, no consiguiendo otra cosa que debilitar a su propio partido. Estos votos son mirados como separados, y técnicamente se les llama extraviados. Alguna vez acontece que haya dos o más tickets, conteniendo cada uno de ellos listas de diferentes candidatos, y si cada una de estas listas se presenta en número igual, el resultado es que no hay elección. Cada lista puede ser sostenida por un tercio o menos de votantes; y como por la ley es esencial para que haya elección una mayoría sobre todos los votantes, ningún candidato es electo. Entonces se señala día para proceder a nueva elección. Me he asegurado de que la intimidación en el sentido inglés de la palabra, es desconocida. Si se intentase causaría mucha alarma y sería resistida con buen éxito. El voto de cada hombre es conocido de su partido, y aunque cada individuo tiene en su poder medio de ocultarlo, pocos o nadie lo hacen. No hay conmoción ni excitación hostil en las elecciones.
“He hecho repetidas investigaciones sobre el mecanismo interno puesto en operación antes de las elecciones, y me han informado que es el siguiente: cada partido nombra comisiones en cada distrito para solicitar votantes. Conversan con ellos con respecto al mérito de los candidatos presentados en su ticket, a fin de persuadirlos a que vayan a votar por ellos. Los miembros ricos subscriben una suma de dinero para pagar los gastos de discursos, impresos, avisos, salones para los meetings, y aun carruajes para traer los enfermos a las mesas en cada elección. El número de votantes son la mitad o los dos tercios de todos los que tienen derecho de votar, a no ser en ciertas ocasiones de grande excitación, en que casi todos toman parte. Los abogados toman una gran parte en las elecciones; pero el clero y los médicos casi no se ocupan de esto. Pueden algunos individuos de entre aquellas profesiones hacerlo, pero éstas son excepciones de la regla general. Los que conocen los movimientos del mecanismo político en Inglaterra, reconocerán a este respecto la semejanza entre uno y otro país. Me han asegurado que en los Estados Unidos la urna no ofrece protección ninguna al votante. Sábese perfectamente por quién vota cada individuo; y no hay intimidación, porque el hombre que amenazase a otro con las consecuencias de votar en tal sentido, sería deshonrado públicamente. Los políticos consideran que nosotros, los ingleses, damos mucha importancia a la urna en Inglaterra, y me aseguran que ella no protege al votante como esperamos. Pero no conocen la condición de abyecta dependencia de muchos de los votantes ingleses, ni la violencia que se practica sobre sus conciencias; no comprendiendo la indulgencia con que son mirados en Inglaterra los intimidadores”.
Elección en el Estado de Nueva York. Hoy llegó a Boston la noticia de las elecciones de los miembros de la legislatura, gobernador, etc., de Nueva York: