“Una democracia es un rudo instrumento de regla en el estado presente de las costumbres y de la educación en los Estados Unidos, y no he encontrado aún un radical inglés que haya tenido el beneficio de cinco años de experiencia, que no haya renunciado a su creencia, y cesado de admirar el sufragio universal. Pero la grosería de la máquina y su eficacia son cosas diferentes. Es grosera porque la masa del pueblo, aunque inteligente en comparación con las masas europeas, está aún muy imperfectamente instruída, cuando sus conocimientos y su cultura se miden con los poderes que tiene que manejar. Es eficaz, sin embargo, es sólida en su estructura, y sus bases son fuertes.
“Leo sin alarma las relaciones de los tumultos de Harrisburg, y el llamamiento de las tropas de los Estados Unidos para reprimir la rebelión, como la llaman muchos diarios, y de la marcha de mil hombres de milicia al lugar de los disturbios. Yo sé que los tumultuarios tienen fincas, tiendas, mujeres, hijos y otras relaciones, y que tienen un gran cuidado de sus vidas e intereses; de antemano, calculaba que, por grandes que sean los gritos y las amenazas, no habrá ni derramamiento de sangre, ni destrucción de propiedad. Y así sucedió en efecto. Los tumultos han desaparecido; la legislatura sigue sus deliberaciones en paz, y ya empieza todo el mundo a admirarse de que haya pasado toda aquella bulla”.
“Derecho de sufragio de Pensilvania.—Ultimamente ha sido adoptada una enmienda a la Constitución por el pueblo de Pensilvania, por la cual se hace depender el derecho de sufragio de una residencia de un año en el Estado, en lugar de dos que se necesitaban antes, y de diez días de residencia del votante en el distrito en que ha de votar, cosa que no se requería, y en el pago de una contribución del Estado o del condado. Requiérense ambas contribuciones, pero toca a la legislatura determinar la clase de pruebas por las cuales se han de acreditar aquellos requisitos y aquella residencia. Las personas de color residentes en el Estado, aunque libres y pagando contribuciones, son privadas del derecho de votar. Antes de la enmienda no habían palabras especiales para excluirlas; pero pocos se aventuraban a reclamar su privilegio, tan inveterada es la preocupación contra ellos.
“El gobernador Ritner, en su Mensaje, urge con fuerza sobre la necesidad de dictar leyes que regularicen las elecciones, para prevenir los fraudes que hasta ahora han prevalecido. Añade que otra razón exige ahora una legislación más estricta y específica sobre ese asunto: “El número de empleados que deben ser elegidos por el pueblo dará a las elecciones más interés, y a cada voto individual mayor valor presente y local que el que antes tenía, y sujetará, en consecuencia, el poder del votante individual, que se ha hecho hasta hoy el poder directo, a mayor peligro de fraude y de malas prácticas que antes, cuando su influencia era más remota”.
“Apuestas sobre las elecciones.—Ritner añade: “Yo recomiendo fuertemente la sanción de una ley más efectiva contra las apuestas sobre elecciones, cuya práctica forma la más perniciosa clase de juego. Las apuestas en el juego de otras clases sólo perjudican a las partes mismas, mientras que éste hace una herida a los derechos de todos, y destruye la confianza que cada ciudadano tendría en las decisiones de la urna”.
“No sólo es así, sino que también destruye la confianza de los hombres honrados en la naturaleza humana misma. Cuando la masa del pueblo a quien se le ha confiado el poder soberano, puede permitir a uno de sus propios miembros convertir el sagrado encargo de elegir gobernadores, magistrados y legisladores en materia de juego, se muestra indigna de la libertad. La existencia de una práctica semejante en tal extensión que requiera la interposición legislativa, representa una pintura humillante del ascendiente del espíritu de avaricia y especulación, sobre la moralidad y la razón, en una porción al menos del pueblo de este Estado. El más violento calumniador no podría inventar cargo que afectase más profundamente el carácter moral, y que más poder tuviese para destruir la confianza de los extranjeros en las instituciones de Pensilvania, como esta reconocida bajeza. Un pueblo se está preparando para el despotismo cuando convierte las franquicias electorales en un mero asunto de especulación pecuniaria. Pero el sentimiento público se sublevó en virtuosa indignación contra práctica tan deshonrosa, y, como tendré en adelante ocasión de observarlo, la suprimió bajo las penas más severas”.
“Elección civil de Nueva York.—La elección de Mayor y consejeros para la ciudad de Nueva York acaba de terminarse. El partido democrático ha quitado el poder a los whigs y anda ahora celebrando su triunfo.
“Es esta una revolución en la opinión, que ha dejado a todo el mundo lleno de admiración.
“La elección es el asunto universal de conversación. Un periódico hace en estos términos la pintura de aquella escena: “Los loco-focos andan triunfantes por todas partes, sonriendo con todas sus infernales bocas. Al concluir la elección del martes pasado, viendo el diablo que él había metido en ello la cola, empezó a alegrarse también, y atrajo una de esas tormentas nordeste que causan centenares de enfermedades de consunción, y traen por millares el fastidio y los diablos azules. ¿Pero qué cuidado se les da a los loco-focos de la lluvia, ni de mojarse? Cuando ellos ganen en otra región futura la caliente mansión que les aguarda, tendrán sobrado tiempo de secar sus andrajosos trapos, ante el fuego que jamás se extingue. Nunca se vió Tammany-Hall y sus alrededores en tales éxtasis de contento. Las miriadas de los loco-focos, tan numerosas como las langostas de Egipto, estaban ayer en completo éxtasis en toda la ciudad. Lluvia, golpes, harapos, ¿quién cuida de eso? decían. Hemos aporreado a los condenados whigs, y esto basta”.
“Créese, generalmente, que en el presente caso han sido empleados medios deshonrosos por ambos partidos para ganar las elecciones. No hay registro de votantes en la ciudad, y el título de cada uno que pretende votar es determinado en la mesa. Ciudadanía y residencia son las principales calificaciones. Se dice que un gran número de extranjeros han sido admitidos a votar por una de las cortes de ley, sin que tuviesen los requisitos legales. Se ha asegurado que los inmigrantes gobiernan la ciudad, con exclusión de los nativos, y se pide una residencia más larga y se desearía imponerla, como un título a la ciudadanía. También se han cometido fraudes en la ley que requiere residencia en un barrio, como calificación para votar. Cuando un partido había obtenido una fuerza supernumeraria de votantes legales en un barrio, pero encontrádose débil en otro, había trasladado una porción de su número del barrio fuerte a dormir una sola noche en el barrio débil: se habían presentado al día siguiente en la mesa, y jurado que eran residentes en él, votado, y vuelto inmediatamente a sus casas. De este modo violaban el espíritu, pero no la letra de la ley. Llaman a esta operación colonizar. Los hombres virtuosos de ambos partidos admiten que se debe poner término a todos estos fraudes, o la urna será una mera farsa; con este motivo dicen: “el que más maula hace, reune más dinero, compra y coloniza, gana elecciones”. Por esto se pide que haya una ley de registro.