“Estas contiendas conducen sin referencia a principios morales, a desmoralizar todas las clases, y hacen un duradero daño a una república que no tiene otra áncora de salvación que la virtud de sus ciudadanos. Introducir la inmoralidad en las elecciones es hacer traición a su país. Verdad es que esta es la única forma en que un americano pueda cometer aquel crimen.

“Al mismo tiempo que condeno aquellas inmoralidades republicanas, debo hacer justicia a las instituciones; pues antes de la próxima elección se dictó una ley muy restrictiva para curar estos males, y ambos partidos admitían que había producido sus deseados efectos. Una ley de registro había pasado antes de mi salida, de manera que la reproducción de aquellos abusos era imposible. De este modo mientras que lamentamos las aberraciones de los americanos, no debemos cerrar los ojos a su tendencia a rectificar sus propios errores, y corregir los extravíos en el sendero del deber”.

Ley de elecciones.—El 7 de mayo sancionó la legislatura de Nueva York una ley para remediar los abusos que se perpetraba en las elecciones. Por ella se dispone que toda persona que jure falso en cuanto a su calificación será criminal de perjurio, y las personas que indujeren a otros a jurar en falso, serán criminales de soborno de perjurio, y ambos castigados en conformidad.

“Las personas que tratasen de influir a un elector o apartarlo de votar, pagarán una multa que no baje de 500 pesos, o sufrirán una prisión que no exceda de un año, o ambas penas a un tiempo. Las personas que voten u ofrezcan votar en un barrio que no sea el suyo propio, o más de una vez en una elección, serán castigadas con prisión o multa en ambos casos. Los habitantes de otro estado que voten en este serán criminales de felonía, y serán puestos en la prisión de Estado por un término que no pase de un año”.

Elección de Nueva York.—El partido democrático ha triunfado en la elección de los miembros para la legislatura de la ciudad de Nueva York por una mayoría de mil quinientos. Los diarios de aquella ciudad de ambos partidos reconocen que la elección ha sido conducida con orden y decoro, y que el resultado expresa francamente la opinión de la mayoría. Esta elección tuvo lugar bajo la ley enmendada: las elecciones civiles del pasado abril habían sido señaladas por deshonrosa corrupción en general, y perjurios de ambos partidos.

“En el Estado de Nueva York, los whigs han elegido el gobernador y los electores de ambas cámaras de la legislatura; de modo que los demócratas sólo tienen ascendiente en la ciudad”.

Elección de Boston.—Hoy es el día de hacer elección en Boston para gobernador y otros empleados del Estado, y para miembros de la legislatura; y yo fuí a una mesa a observar los procedimientos. Había orden y buen humor; pero la opinión está profundamente dividida sobre la ley que prohibe la venta de licores al menudeo, y estas diferencias van a obrar sobre la legislatura por medio de la urna electoral. Ya he mencionado que por sólo la agitación moral, la causa de la temperancia había hecho tan grandes progresos en Massachusetts, que en 1838 la legislatura sancionó una ley a la cual concurrieron whigs y demócratas, prohibiendo la venta de todo licor que contuviese alcohol, en menor cantidad que quince galones, excepto con licencia especial; que muchos amigos de la temperancia se opusieron a ella desde el principio, porque llevaban las cosas demasiado adelante, y por ser errónea en principio. En la mesa de las votaciones encontré un ticket regular whig, conteniendo una lista de puros whigs; un ticket demócrata, con una lista de puros demócratas, ambos sin referencia a la cuestión de temperancia; un ticket unión liberal, conteniendo puros candidatos whigs, pero una mitad partidarios y otra adversarios de la temperancia, o como decía, con mucha gracia, un amigo “un ticket compuesto de un vaso de ron y otro de agua alternativamente”. Había un ticket whig temperante, cuyos candidatos eran todos whigs y abogados de la temperancia; un ticket democrático temperante, en el cual todos eran demócratas partidarios de la temperancia. A más de estos había un ticket liberal whig, uno independiente democrático, otro unión temperancia, y otro abolición, no siéndome posible saber el significado preciso de muchos de ellos. El resultado de esta elección en todo el Estado fué que el gobernador whig Eduardo Everett fué removido, y Mr. Marcus Morton, un juez demócrata, fué nombrado gobernador por una mayoría de uno; los whigs conservaron su ascendiente en el senado y en la sala de representantes sólo por una diminuta mayoría; y, cuando se reunió la sala, su primer acto fué abolir la ley sobre el menudeo de licores espirituosos casi a la unanimidad”.

El presidente de los Estados Unidos.—En marzo de 1839 debe expirar el primer término de oficio de M. Van-Buren, y una nueva elección de presidente tendrá lugar en 1840. Desde que llegamos a los Estados Unidos los diarios whigs habían opuesto a Mr. Clay como el candidato para la presidencia por parte de los whigs, a Van-Buren nombrado por los demócratas para ser reelecto. Los whigs han tenido una convención de delegados de todos los Estados en Harrisburg, en Pensilvania, en la cual dejaron a un lado a Mr. Clay y nombraron al general Harrison, residente en North-Rend en el Estado de Ohío como su candidato, y a Juan Tyler de Virginia para la vicepresidencia. Mr. Clay ha escrito una hermosa carta renunciando a sus pretensiones y aconsejando unanimidad en las filas whigs en favor de Harrison y Tyler. Los delegados, al regresar a sus estados respectivos, convocan a los miembros de su partido a un meeting, para explicarles las razones que han guiado a la Convención en la elección hecha. Reúnense, entonces, meetings de ciudad y de condados, a los cuales se comunican estas explicaciones. Por medio de este mecanismo los whigs de todo este vasto país son invitados a comenzar las operaciones bajo este mismo espíritu para asegurar el éxito del objeto de esta elección. Los demócratas siguen una marcha semejante; pero, como están en el poder, su conducta es más bien defensiva que agresiva”.

“La falta de un libro de registro de votantes es indudablemente un defecto en la ley de elecciones de Nueva York; pero, si algún partido político propusiese tal arreglo, sería acusado por el otro de querer restringir los derechos populares, y hacer de ello capital político. En la ciudad de Nueva York, sin embargo, prevalecía el partido democrático en 1839, mientras que el partido whig dominaba en la legislatura del Estado. Los whigs se aprovecharon de la oportunidad suministrada por los groseros fraudes practicados en la elección municipal de Nueva York, para sancionar una ley mandando se llevase un registro de electores en aquella ciudad. No lo habrían hecho así para el Estado, porque el grito de derechos populares se habría levantado contra ellos con éxito, mientras que nada perdían en la ciudad por pertenecer ya a sus oponentes. Por tanto, estableciendo un registro para aquella ciudad, hacían el bien que les era posible, esperando ocasión de hacer extensiva la ley a otros lugares”.

“Para adquirir popularidad es preciso buscar la opinión pública por su lado flaco. Ya he descripto a la gran mayoría de los votantes americanos como jóvenes ardientes, llenos de impulso, activos y prácticos, pero deficientes de miras, profundas y extensas, y también incapaces de proseguir un bien distante en medio de obstáculos y dificultades. También dejo establecido que su educación, en proporción de los poderes que ejercen y de los deberes, es muy defectuosa. Para ganar el favor de un pueblo en esta condición de ánimo, no basta por sí misma la actual capacidad para conducirse con honradez e independencia en el desempeño de los destinos públicos; debe, además, dirigirse a sus sentimientos predominantes, participar de sus aversiones y predilecciones capitales, y adherirse con ardor a la causa o al partido que sabe gozar de más alto favor”.