“El puede representar su propia capacidad para el empleo, y su certificado será recibido, con tal que bajo otros respectos su conducta y principios sean aprobados. Si en el desempeño de sus funciones se condujese muy mal, será depuesto del empleo al fin del término por el cual fué elegido; pero la más sabia y concienzuda ejecución no le asegurarán en lo general mantenimiento en el empleo, si aboga públicamente por sus opiniones impopulares, aunque no tengan relación con su empleo, o si pertenece a un partido que haya perdido el favor público, o sido despojado del poder”.

“El mejor remedio que puede proponerse para los males descriptos, me parece que consiste en una educación más alta, y en dar mayor preparación a los electores; si ellos hubiesen sido más completamente instruídos en su juventud con respecto a las leyes que reglan la prosperidad de las naciones como también en las cualidades del espíritu humano, y en la indispensable necesidad de que los empleados públicos tengan integridad y juicio para el recto manejo de los negocios, entonces exigirían de sus hombres públicos más capacidad para captarse el favor popular, y de este modo se conservarían en posesión de los empleos hombres útiles y fieles”.

“La excitación del espíritu público durante la lucha por la presidencia es grande y universal; la lengua deja de expresar y los oídos de escuchar otras palabras que aquellas que se refieren a la elección; la prensa brama bajo el peso del asunto, y todas las funciones de la vida parecen estar consagradas a este objeto. La elección del presidente engendra mucha borrachera y desorden, fraudes, mentiras, soborno, seducción e intimidaciones; pero, también, produce muchísimo bien. Las medidas del gobierno son severamente examinadas por la razón, como también interpretadas por las pasiones; toda la Unión es conmovida por un solo interés, y la impresión de que todos pertenecen a una nación se agita vivamente. Por un momento se olvidan los intereses locales y una sola pulsación vibra desde el Maine al Misisipí. Mi temor es que sin la repetición de estas elecciones, el pueblo de los diversos Estados llegaría rápidamente a mirar a los otros como extranjeros, llevándolo, insensiblemente, a aflojar los lazos que ligan a una gran nación. Las elecciones de miembros para el congreso no producen este efecto; porque, aunque aquella asamblea es nacional, cada uno de sus miembros representa una sección del país. Sólo el presidente deriva del poder del pueblo de toda la Unión”.

“En la elección que tuvo lugar en noviembre de 1839, se trajo a las mesas del escrutinio en Nueva York la cuestión de la moneda corriente. Las divisas de los partidos eran por una parte bancos y papel-moneda, y por la otra metálico, y una ley que proveyese de tesoreros en cada Estado. Estas son cuestiones sobre las cuales Adam Smith, Ricardo, Mac Culloch, y los más profundos economistas han diferido en opinión. ¿Vuestra educación os habilita para entenderlas y decidirlas? ¡No! Y sin embargo vuestro pueblo obra, entienda o no entienda. Vota en favor de los sostenedores del papel, y el papel florece. Si sucede lo contrario, llevan al poder a los partidarios del metálico, y el papel y el crédito desaparecen. Hace el pueblo experimentos. Pero ¡qué experimentos! ¡Cuántos millares de individuos y de familias son arruinados por la violencia de cada cambio!”


INCIDENTES DE VIAJE

NUEVA YORK

Mis aventuras de viaje en los Estados Unidos no merecen intercalarse entre las reflexiones que el espectáculo de aquel país me ha sugerido, por lo que sólo referiré a usted algunas que creo pueden interesarle. Tomando balance a mi bolsa en París, hallé los últimos días de julio que me quedaban escasos cosa de 600 duros. El viaje a través del istmo sólo cuesta 700, y aún me quedaba por visitar la Inglaterra. Esta quiebra, que defraudaba parte de mis esperanzas, aguzaba como sucede siempre los deseos. ¡No ver la Inglaterra, ni el Támesis, ni aquellas fábricas de Birmingham ni Mánchester! ¡No entrar en aquel océano de casas de Londres, ni ver los bosques de mástiles de los docks de Liverpool!... ¡Maestro de escuela en viaje de exploración por el mundo para examinar el estado de la enseñanza primaria, y regresar a América, sin haber inspeccionado las escuelas de Massachusetts, las más adelantadas del mundo! A caza de datos sobre la emigración, que había querido estudiar en Africa: ¿podría darme cuenta de ella, sin visitar los Estados Unidos, el país a donde se dirigen todos los años doscientos mil emigrantes? Republicano en perspectiva y con la presencia de la resurrección de la república en Francia: ¿volvería sin haber visto la república única, grande y poderosa que existe hoy en la tierra?

Luego, donde la realidad flaquea, la imaginación continúa la obra. Si llegare a la Habana siquiera, allí me ingeniaría, para pasar a Venezuela, donde, por la prensa, la enseñanza y otras trazas, me haría de recursos y de relaciones, para atravesar el continente hasta Bogotá, y de allí hasta Quito a asomar al fin la cabeza en Guayaquil, realizando por economía de medios, el viaje más novedoso y sorprendente que haya hecho americano de nuestros días. Los fenicios que circunnavegaron el Africa, se detenían, al decir de Herodoto, de distancia en distancia, a sembrar trigo y cosecharlo para continuar su viaje. ¿Por qué no me detendría yo en Caracas, por ejemplo, a enseñar mis métodos de lectura, borrajear páginas en la prensa, abrir cursos pedagógicos, y cosechar unos cuantos pesos, para irme arrastrando poco a poco hacia los climas del sur, de donde había partido?

Por otra parte, volver por el Cabo Hornos a Chile era tan prosaico y tan desairado efecto hacía en la carta náutica que tenía abierta por delante, que cogiendo a dos manos mi valor de calavera por reflexión, y bien pesado el pro y el contra, resolví no sólo visitar la Inglaterra, los Estados Unidos, el Canadá, y México, y más si en ello me venía la fantasía, a fin de completar la idea que de largo tiempo halagaba mi codicia, de hacer un viaje en derredor del mundo civilizado. ¿Qué podría objetarse a este plan? Marcharía con el reloj en una mano y la bolsa en la otra, y donde esta antorcha se me apagare... me quedaría a obscuras, y a tientas y con maña buscaría mi camino hasta Chile.