[6] Se refiere a la época de 1845, cuando Sarmiento y Vicente Fidel López fraternizaban en Chile como proscriptos argentinos, dados ambos a la Prensa y a la enseñanza.

[7] Páginas literarias. (Obras; tomo XLVI, pág. 322.)

[8] Obras Completas; tomo VII, pág. 6.

[9] Idem, íd., íd., pág. 16.

[10] Sarmiento escribe aún desde el destierro, en 1851, o sea poco antes de Caseros.

[11] Obras Completas; tomo VII, pág. 16.

[12] No siendo ésta una edición crítica, tampoco me he considerado en el deber de glosar su texto. Debo tan sólo recordar que el doctor David Peña es autor de un novedoso libro sobre el general don Juan Facundo Quiroga (edición Coni, Buenos Aires, 1906), en el cual se nos presenta un Quiroga caucásico y urbano. Quizá este general vestido de levita, que frecuentaba con don Braulio Costa y el general Mansilla las tertulias aristocráticas de Buenos Aires, difiera tanto del modelo real como el Tigre de los Llanos, sediento de sangre, que Sarmiento nos ha pintado. Dada la compleja psicología del hombre superior—aunque éste sea un genio del mal—, es posible también que Facundo haya tenido la extraña complejidad de ambos tipos. No olvidemos, además, que Quiroga pudo ser un hombre amable o ingenuo en la intimidad, y transfigurarse en el desierto y la guerra. Mis dos abuelas me han referido la tradición del terror que las montoneras de Facundo dejaron en Santiago y en Tucumán; pero se me ocurre que una leyenda igualmente siniestra habrá de unirse en ciertas familias belgas al nombre del general von der Goltz, militar diplomático a quien veían sonreír gentilmente nuestras damas del Centenario... Las inexactitudes o exageraciones del Facundo han sido señaladas también por Guerra en su Biografía de Sarmiento, sobre todo en el capítulo VI.

[13] Obras Completas; tomo XLVI, pág. 84. La tumba de Quiroga a que este pasaje se refiere, es, en efecto, uno de los más conmovedores y bellos monumentos de la Recoleta más notable hoy que el fúnebre solar ha sido colmado de una sórdida marmolería, costosa y vulgar, como sus glorias burguesas...

[14] Obras Completas; tomo XLVI, pág. 293. Ese artículo se publicó en El Nacional del 7 de noviembre de 1878.

[15] En la edición de 1874 (París, Hachete, cuarta edición castellana), el libro comprendía ya las tres biografías o vidas de Quiroga, Aldao y el Chacho, como aparece en el volumen VII de las Obras Completas. La agregación de la Vida del Chacho obedece a los mismos propósitos que las dos anteriores; pero en ese caso, ya la doctrina asume todo un carácter de alegato en un caso que le era demasiado personal. Nosotros no damos aquí sino la Vida de Facundo, pues forma parte del paisaje descripto y de la doctrina esquematizada en esos términos: «Civilización y barbarie».