de que diste en tu pecho

acogida á mi amor, verlo deshecho,

y roto y palpitante

preparaba anhelante,

y con su brazo mismo

de su venganza hundirte en el abismo.

Respira, sí, respira,

que libre estás de su tremenda ira.

(Pausa.)

¡Ay de mí! tú vivias,