Guardian.
Ya.
Meliton.
Pues el dia que fué á Hornachuelos á auxiliar al alcalde, cuando estaba en toda su furia aquella tormenta en que nos cayó la centella sobre el campanario; al verle yo salir sin cuidarse del aguacero, ni de los truenos que hacian temblar estas montañas, le dije, por broma, que parecia entre los riscos un indio bravo, y me dió un berrido que me aturrulló... Y como vino al convento de un modo tan raro, y nadie le viene nunca á ver, ni sabemos dónde nació...
Guardian.
Hermano, no haga juicios temerarios. Nada tiene de particular eso, ni el modo con que vino á esta casa el P. Rafael es tan raro como dice. El Padre limosnero, que venia de Palma, se lo encontró muy mal herido en los encinares de Escalonia, junto al camino de Sevilla, víctima sin duda de los salteadores, que nunca faltan en semejante sitio; y lo trajo al convento, donde Dios sin duda le inspiró la vocacion de tomar nuestro santo escapulario, como lo verificó en cuanto se vió restablecido, y pronto hará cuatro años. Esto no tiene nada de particular.
Meliton.
Ya, eso sí... Pero, la verdad, siempre que le miro me acuerdo de aquello que V. Rma. nos ha contado muchas veces, y tambien se nos ha leido en el refectorio, de cuando se hizo fraile de nuestra órden el demonio, y que estuvo allá en un convento algunos meses. Y se me ocurre si el P. Rafael será alguna cosa así... pues tiene unos repentes, una fuerza, y un mirar de ojos...
Guardian.
Es cierto, hermano mio; así consta de nuestras crónicas, y está consignado en nuestros archivos. Pero, además de que rara vez se repiten tales milagros, entonces el Guardian de aquel convento en que ocurrió el prodigio, tuvo una revelacion que le previno de todo. Y lo que es yo, hermano mio, no he tenido hasta ahora ninguna. Conque tranquilícese, y no caiga en la tentacion de sospechar del Padre Rafael.