—Con mucho gusto, caballero,—respondió el prendero.
—Espero que no lo toque nadie, porque es un cuadro de gran valor. Mi abuelo lo compró hace muchos años y lo apreciamos mucho.
El prendero examinó el cuadro, luego empezó a arreglar sus 15 muebles. Después de una hora se presentó otro caballero. Quería comprar una mesa y algunas sillas. No le gustaron los muebles pero antes de marcharse vio el cuadro. Lo examinó con cuidado y luego preguntó el precio.
—No puedo venderlo,—contestó el prendero—no es 30 mío.
El caballero lo volvió a examinar y dijo:
—Le ofrezco cien duros además del precio del cuadro si quiere Vd. venderlo.
—Ya he dicho que no puedo venderlo, pues no es mío. 35
El caballero se marchó y después de algunos minutos volvió con otro hombre. Dijo que éste era pintor.
Los dos hombres examinaron el cuadro con cuidado, hablaron en secreto algunos minutos y después el comprador dijo al prendero: 40