—Doy cuarenta mil reales por el cuadro y cuatro mil reales para Vd., si quiere venderlo.

—Caballero,—dijo el prendero—si quiere Vd. volver mañana, tal vez pueda yo vender el cuadro; pero ahora no puedo prometer nada. 45

Cuando se marcharon los dos, el prendero escondió el cuadro. A las cuatro de la tarde volvió el dueño.

—¿En dónde está mi cuadro?

—Tengo que hablar con Vd.

—Bien, hable Vd., pero tengo prisa y quiero el cuadro. 50 ¿Dónde está?

—¿Quiere Vd. venderlo?

—No, señor.

—Le doy cien duros por él.

—No quiero venderlo. 55