—Doscientos.

—Nada.

—Quinientos.

—Nada, nada.

—¿Quiere Vd. mil? 60

—No, señor.

—Pues debo confesar la verdad. Me han robado el cuadro y no puedo devolvérselo.

—¡Desgraciado de Vd.! ¿Qué ha hecho?—dijo el caballero.—¿Sabe Vd. que es un cuadro que vale diez mil 65 duros?

—¡Pobre de mí! haga Vd. lo que quiera, pero no puedo darle el cuadro; me lo han robado.

El caballero se dejó caer en una silla desesperado.