Después de algunos minutos, dijo:—¿Cuánto dinero 70 puede Vd. darme?
—Mil quinientos duros. No tengo más, aunque me lleve a la cárcel.
—No, no quiero hacer eso. Si me da Vd. ese dinero estaré satisfecho. 75
El prendero pagó y escondió el cuadro en la tienda, esperando al comprador.
Pasó un día, una semana, un mes y no pareció.
Entonces llamó a un pintor amigo, y le dijo:
—¿Qué le parece a Vd. este cuadro? 80
—Hombre, no es malo.
—¿Lo quiere Vd. comprar?
—No, señor.