—Treinta—respondió.
—¡Treinta!—observó el juez.—Hace tres años que declaró Vd. la misma edad en este juzgado.
—Es—respondió ella—que no soy de esas personas que hoy dicen una cosa y mañana otra. 105
Un alcalde de pueblo, yendo a visitar al gobernador de la provincia, llevó consigo a su familia.
—Tengo el honor,—le dijo,—de presentar a V. E. mi mujer y mi hija, y para que las pueda distinguir, me atrevo a advertirle que la de más edad es mi mujer. 110
—Yo no sé qué hacer,—dijo Juan a su mujer.—Don Cándido me escribe pidiéndome mil reales, y ya sabes que no puedo rehusar darle el dinero.
—Puedes excusarte diciendo que no has recibido la carta,—observó la esposa. 115
—Dices bien.
Y, en efecto, nuestro hombre tomó la pluma y escribió lo siguiente:
—Señor don Cándido: siento infinito no poder servirle; pero no he recibido la carta en que me pidió los mil reales que 120 desea. Suyo, etc.