—Sí; una rubia clara, con un abanico chinés.

—¡Ah! sí. Es hija.

—Es lo que yo decía.

—¿Sí? ¿Y qué?

—Es bonita.

—¡Es bonita!

—Es gente de bien, ¿eh?

—Sí; gente de bien.

—Está bien. ¿Tú las conoces mucho?

—Las conozco. Mucho, no. Las encontraba antes en casa de doña Claudia.