—En ese caso, lo hago sin permiso.
—Despedido de casa.
—Saldré. No lo dude.
—Hoy.
—Hoy.
El tío Francisco iba a cerrar la puerta, mas volviéndose:
—¡Oye! —dijo a Macario, que estaba exasperado, apoplético, arañando en los cristales de la ventana.
Macario volviose con una esperanza.
—Deme de ahí la caja del rapé —dijo el tío Francisco.
¡Habíasele olvidado la caja! Así que estaba perturbado.