—¿Cuál? —exclamó Macario con una voz sorprendida, avanzando hacia el mostrador.

—Esa señora sabe —afirmó—. Esa señora sabe...

Macario sacó la cartera lentamente.

—Perdón, si hay una cuenta antigua...

El dependiente abrió el mostrador, y con un aspecto resuelto:

—Nada, mi querido señor; es de ahora. Es un anillo con dos brillantes que lleva esa señora.

—¡Yo! —dijo Luisa en voz baja, toda enrojecida.

—¿Qué es? ¿Qué está diciendo?

Macario, pálido, con los dientes cerrados, contraído, miraba al joyero coléricamente.

Este dijo entonces: