—Habérmelo dicho. Ahora ya es tarde.
Mantoux esperaba en una habitación contigua la partida del doctor Le Bris. Algunas palabras sueltas de la conversación llegaban a sus oídos. No obstante, no comprendió más que a medias el trato que le querían hacer. Abordó con una desconfianza respetuosa a la señora Chermidy. La viuda no juzgó conveniente entrar en explicaciones con él hasta que no hubiese recibido una respuesta de don Diego. Estaba muy agitada y daba apresurados pasos por el salón. Escuchaba a le Tas sin oírla y miraba al ex presidiario sin verle. Le era bien conocida la cortesía del conde de Villanera para que pudiese apreciar en todo su valor su ausencia y su silencio.
—Ya no me ama—se decía—. Menos mal, si sólo fuese indiferencia; ya sabría yo reconquistarle. Pero seguramente me han pintado a sus ojos como un monstruo. Si así no fuese, no me habría tratado de tal modo. ¡Ofrecerme dinero por mediación de ese odioso Le Bris! ¡Y en qué términos, grandes dioses! Si me ve con los mismos ojos que su embajador, si he perdido ya su aprecio, ¿qué será de mí? No volverá ya. Viudo o no, está perdido para mí. Entonces, ¿a qué conduciría?... ¿por pura venganza? Pues bien, sea, ¡me vengaré! Pero esperemos. Si no viene corriendo cuando haya leído lo que he escrito, todo está perdido.
—Señora—interrumpió Mantoux—, es preciso que vaya a servir la comida, y si la señora tiene algo que mandarme...
—Ve a servir tu comida—respondió—; pero no olvides que me perteneces. Escucha bien todo lo que digan, para repetírmelo.
—Sí, señora.
—Un momento. Quizás el señor de Villanera venga aquí esta tarde. En tal caso, no tendré necesidad de ti. No obstante, paséate por los alrededores mañana por la mañana. Si no viniese... ¡pero no, eso es imposible! vienes tú así que se hayan acostado. No importa a que hora. Tal vez le Tas duerma; llama de todos modos, yo te abriré la puerta.
—Es inútil, señora; he sido cerrajero y conservo mis herramientas.
—Bien, te esperaré. Pero estoy segura que el conde vendrá.
Mantoux sirvió a la mesa y aun cuando se esforzó en oír la conversación, el nombre de la señora Chermidy no fue pronunciado.