La verdad viva ¿comprendeis el sentido y el alcance de esas palabras? ¿No hay muchos entre vosotros para quienes la verdad no es mas que la relacion de las cosas entre ellas, una ecuacion, una cifra, una abstraccion? No es para algunos, solo una palabra vacia de sentido, un sinónimo de la opinion que cambia y se destruye sin cesar? Cuántos son los sábios que espontáneamente dirian con Pilatos “¿Qué es la verdad? ¿La paradoja de ayer, el error de mañana?” Lo único cierto es el interés de la hora presente. Agradar al César, gozar, y no preocuparse del dia siguiente, es la suprema filosofia de las jentes que cuentan morirse enteros. No consintamos esa vuelta del escepticismo pagano. Seria condenar nuestro espíritu á la servidumbre, nuestro corazon á todas las corrupciones, á todas las cobardias. Como en los primeros dias del Evanjelio busquemos la verdad, la verdad nos emancipará[34].
Cuando la locomotora atraviesa nuestras calles arrastrando tras de ella un largo convoy, ¿por qué os haceis á un lado al oir la campana que anuncia su paso? Porque os han enseñado que esa masa que avanza os aplastaria con toda la fuerza de su peso, multiplicada por su lijereza. Hé ahí una verdad científica que para vosotros no es mas que una abstraccion. Ella se ha convertido en una conviccion enérjica que guarda y salva vuestro cuerpo. Esa conviccion es ahora parte de vosotros; ella vive como vosotros.
En esta ciudad, que se gloria de su civilizacion, hay millares de hombres que se embrutecen y se matan por la locura del alcohol. ¿Por qué hermanos mios, no os abandonais á esa pasion, mas terrible, pero menos culpable que otros vicios de que os sonrojais? Es porque sabeis que el alcohol es un veneno que no perdona. La ciencia os sirve de virtud, Hé ahí una verdad mas, fisica y moral á la vez, que una vez que ha entrado en vuestra alma, se identifica con vosotros.
¿Es esto todo? No conoceis nobles corazones para quienes la lujuria, la ambicion, la avaricia, son mas repelentes aun que la embriaguez? Preguntádselo al padre á quien han robado el honor de su hija; preguntádselo á la madre cuyo hijo ha perecido en alguna rejion lejana, preguntádselo al hombre que le disputa á la usura, la vida de su mujer y de sus hijos? Esas pobres víctimas, odian por experiencia el vicio que han sufrido; otras hay mas felices, deben á la educacion toda su ciencia. La piedad de una madre; la abnegacion del maestro, es lo que les ha inspirado el instinto que las salva. Hé ahí una verdad viva mas, verdad que confesamos por nuestros remordimientos, en el momento mismo en que rehusamos escucharla.
En nuestra república hay patriotas que resisten á los caprichos de la multitud. ¿Es esto orgullo, cálculo? No, con tal que domine, el orgullo se acomoda á todas las bajezas; el interés encuentra su conveniencia en plegarse bajo el viento. Pero una alma pura, un espíritu ilustrado vé de mas alto y de mas léjos. Hombre ó pueblo, quien dice despota, dice un amo cuyas pasiones se descadenan, y que no puede escapar á los bajos apetitos de los que lo rodean y lo engañan. Guerras criminales, gastos locos, corrupcion en lo alto, miseria é ignorancia en lo bajo, hé ahí los frutos de todo poder sin freno, el flajelo de toda fuerza que nada modera! El que esto sepa no descenderá jamás al oficio de adulador. La verdad aisla y consuela en su soledad á las almas que no pueden envilecerse.
Esas son, direis, vosotros, viejas máximas que andan por todas partes. Hace mas de veinte siglos que las enseñan en la escuela; y el mundo no anda mejor. ¿Por qué? Es que en los libros de donde se la deja, la verdad está muerta; dadle vuestro corazon, uníos á ella; y vivirá. Se hará vuestra conciencia, vuestro honor, vuestra salud. El espíritu es como el cuerpo: no se alimenta con palabras; necesita la sustancia de las cosas. Arrojar la libertad á un pueblo esclavo, es confiar á niños una arma que hará esplosion en sus manos. ¿Por qué? Porque el respeto de sí mismo y el de otro, el sentimiento del derecho, el amor de la justicia, esas condiciones esenciales de la libertad, no son artículos de ley; no se decretan. Son virtudes que el ciudadano adquiere á fuerza de paciencia y de ejercicio. Mientras que la libertad no viva en las almas, no será sino un bronce sonoro y una cimbala estrepitosa; cuando haya penetrado en nosotros hasta la médula de los huesos, ni la perfidia ni toda la furia de los tiranos podrán arrancarla.
Hay pues verdades vivas que están á la vez en el corazon y en nosotros. Ellas son las que nos ponen en relacion con la naturaleza y nuestros semejantes. Al revelarnos las leyes del mundo físico, nos lo someten; en cada hombre que piensa como nosotros, ellas nos hacen reconocer á un amigo y á un hermano. Pero esta luz que basta para guiarnos aquí abajo, no enardece nuestro corazon. Encanta nuestro espíritu, modera nuestras pasiones, ilumina y dulcifica nuestro egoismo; no dá la felicidad. El hombre tiene una sed de infinito, una impaciencia de la tierra, una necesidad de amar que la ciencia no puede satisfacer. Para procurarnos el bien por el cual nuestra alma suspira, necesitamos una nueva verdad, que nos ponga en relacion con Dios, que esté en nosotros y que esté en él. Esa verdad, que no puede ser sino Dios mismo, nos es necesario conocerla y amarla.
Amar á Dios, y en cambio ser amado de él es lo que la sabiduria antigua no ha podido nunca comprender; la filosofia moderna perece por la misma impotencia. En vano la conciencia busca á Dios, en vano le llama con la pasion del náufrago que vá á zozobrar, la fria razon está allí para repetirnos que entre Dios y el hombre, entre el infinito y la creatura de un dia, hay un abismo que nada puede franquear. Una naturaleza inflexible, un Ser Supremo, esclavo de sus propias leyes: hé ahí todo cuanto puede ofrecernos el mayor esfuerzo de los mas grandes espíritus. El amor de Dios es una ilusion, la oracion, ese grito del alma, es un vano murmullo que muere en un cielo mudo. Calla mortal; ahoga tu corazon, enciérrate en una resignacion desesperada; no eres sino un átomo, demolido por la rueda de la inexorable fatalidad.
Y bien hermanos mios, hace diez y nueve siglos que un hombre vino á la tierra para anunciar la buena nueva, para acercar á Dios y á la humanidad. Ese profeta se llamó el Hijo de Dios y el Hijo del hombre, (ó lo que no es quizá sino otro nombre del mismo misterio) se llamó la luz y la verdad. Yo soy, ha dicho él, él camino, la verdad y la vida. Nadie viene al padre sino por mi. El mundo lo ha escuchado: el mundo lo ha creido. Desde el dia en que el verbo se ha hecho carne, en que la verdad divina ha tomado cuerpo, la fé, la esperanza, y el amor han aparecido aqui abajo y han entrado en el corazon del hombre. Ese problema, que la razon declara imposible, donde ella no vé sino proposiciones contradictorias, Cristo lo ha resuelto. Una verdad viva, una verdad encarnada, que Dios puede amar como á un hijo, y que el hombre puede amar como un salvador, hé ahí el vínculo de union que ha ligado el cielo y la tierra, que ha dado un padre á la humanidad, é hijos á Dios! Ahí está el misterio de la revelacion, ahí la prueba de su divinidad. Nunca el espíritu del hombre por sí solo se habria elevado hasta esa concepcion que confunde nuestra intelijencia, y que la ilumina sin embargo con un esplendor infinito. Sí, si Dios ama á los hombres, no puede ser sino amándose á sí mismo, en la contemplacion de su eterna verdad; sí, sí el hombre puede rendir á Dios un culto que no sea una injuria, es cuando adora un rayo de esa suprema luz, que no desdeña descender hasta él.