Amar á Cristo, es amar la verdad, amar la verdad es amar á Cristo, Hé ahí el gran secreto del Evanjelio. El que no lo comprenda, no es cristiano sino en el nombre.
Ahora, hermanos mios, entrad en vosotros mismos, y reflexionad. ¿Cuando amais á Cristo, qué amais? Por ventura, ¿no es al mártir que ha dado su vida por los suyos? ¿No es al crucificado, cuyas heridas sangran todavia? Tened cuidado, eso no es sino un amor humano: todas las relijiones, todos los partidos tienen sus mártires. Cristo exije mas, Cristo es algo mas que un cadáver adorado cuyas llagas se besan; Cristo es la verdad: á ese título es que os pide vuestro amor. ¿Así es como lo amais?
Vosotros teneis fé, sin duda; creeis en el Evanjelio. ¿Pero no es esto una preocupacion hereditaria, un símbolo que no os atreveis á mirar de frente, de miedo de encontraros infieles? ¿Razonais vuestra creencia; le quitais todo amalgama judaico ó pagano que altere su pureza? ¿Haceis de vuestra fé la regla de vuestras acciones? ¿Quebrais con el mundo y con vosotros mismos? ¿Decis con el profeta y el apóstol: Yo he creido, por que he hablado? Si es asi, amais á Cristo como él quiere que lo amen; amais la verdad.
Pero si la relijion no es para vosotros sino una ceremonia; sino buscais en ella sino un refujio contra la verdad que os persigue; si vuestra fé muere en vuestros lábios y no se traduce en acciones, si entregados del todo á vuestra fortuna ó á vuestro reposo, temeis menos al error que al escándalo; si en vuestra cobarde prudencia, dejais á Dios el cuidado de defender él mismo su palabra; si vuestra caridad no se emplea sino en aliviar las miserias del cuerpo, y no combate la ignorancia y el vicio; si no sentis que vuestro primer deber es arrancar las almas inmortales de la servidumbre del pecado; si no teneis esa santa locura que desafia y pisotea la sabiduria del siglo; si vosotros mismos en fin, no haceis las obras que Cristo ha hecho aquí abajo, no os engañeis, hermanos mios: quiero creer que sois hábiles, prudentes, discretos, sensibles; pero no sois cristianos, no amais la verdad.
Tengo dudas, decis; si yo os creyera, amaria á Cristo.
Y yo digo: Amadle, y en seguida creereis. Amadle como á la verdad viva y que conduce á Dios.
Os desagradan estas ceremonias, dejadlas; estos dogmas os aterran, hacedlos á un lado; quizá es esta una invencion humana, quizá lo comprendereis mas tarde; Cristo no ha establecido ceremonia ni dogma. Simplificad vuestra fé, y como ha dicho el mas creyente y el mas animoso de los apóstoles: No apagueis el espíritu....probadlo todo, guardad lo que es bueno.[35] Hay en el Nuevo Testamento pasajes que os confunden, hacedlos á un lado. ¿Qué importa que los Evanjelistas difieran entre ellos, si el Evanjelio está siempre acorde consigo mismo, si en las palabras de Cristo se vé siempre la llama de la eterna verdad?
¿Cristo es acaso para vosotros un objeto de escándalo? ¿No habeis comprendido todavia que era necesario que la verdad se encarnara para que fuese viva y pudiéseis amarla? Y bien! Cristo mismo tiene piedad de vuestra debilidad y os devuelve vuestra libertad: Si alguno habla contra el Hijo del hombre; le será perdonado; pero si alguno blasfema contra el Espíritu-Santo (ó en otros términos el espíritu de verdad,[36]) no le será perdonado.[37] Buscad entonces la verdad por ella como decis, pero buscadla de buena fé; despues de un largo rodeo, la verdad os conducirá á Cristo.
La verdad, decis, la busco y no la encuentro. No, hermano mio, vos no la buscais. El orgullo de vuestro espíritu, las pasiones de la carne son las que os retienen, la ciencia se os escapa quizá, pero la verdad moral, la verdad religiosa, vosotros sabeis donde está.
Ella está ahí, en vuestro hogar, muda, velada como el Alcesto escapado del reino de los muertos, allí os espera.