—Luego, es á la América, repuse yo con voz conmovida, á quien discernis la palma de la civilizacion?

—Evitemos las confusiones de palabras, contestóme con piedad. Civilizacion, es una palabra complexa, ¿comprende tantos elementos diversos, que cada pueblo á su turno podria reclamar la prioridad. Qué es lo que constituye la civilizacion? La relijion, la política, las costumbres, la industria, la ciencia, la literatura, el arte? Es alguna de estas cosas? O son todas ellas juntas?

Ved que complicado es el problema. El arte, por ejemplo, que los Jentiles llamaban la flor de la civilizacion, no brota muchas veces sino un bástago podrido, asi, entre nosotros los modernos, que vivimos de la imitacion de los antiguos, yo creo que el pueblo mas viejo es el mas artista. En Francia se tiene un gusto mas refinado que en Inglaterra; pero un Italiano tiene naturalmente mas habilidad que un Francés. En industria, todas las naciones libres valen lo mismo. La ciencia no tiene patria. En cuanto á la literatura, cada pueblo halla en la suya la espresion de su pensamiento; dejo á los críticos el placer pueril de asignarles sus respectivos puestos á Dant, Moliére ó Shakspeare; pero la relijion, la política y las costumbres forman un pabellon inseparable. Ahí está la sávia de un pais, su porvenir. En este punto yo le doy sin vacilar el primer lugar á mi Iglesia y á mi pueblo; yo creo en la libertad, soy Americano, puritano.

—Mohicano, dije yo para mi coleto, te veo venir: tu no sabes ni siquiera mentir para pasar por político.

Iba á confundir á tan insoportable predicante, cuando por fortuna suya, nos levantamos de la mesa. Y dejando ahí á ese espíritu estrecho y adusto, acerquéme á un jóven pastor, cuyo aire agradable disponía en su favor. Antes de almorzar, Truth habíame presentado al Sr. Naaman Walford, como una de las columnas de la nueva Sion. Deseoso de ver ese fénix que se llama un teólogo razonable; y queriendo ser acojido benévolamente por el Sr. Naaman,—comencé felicitándole por la exelente adquisicion que su Iglesia hacia con la persona de mi amigo Truth.

—Perdon, me dijo,—yo soy presbiteriano.

—Presbiteriano, esclamé á mi turno, y venis á complimentar á un rival? Deveras que vuestra accion revela una bella alma; porque, entre, nosotros ese ministro á quien le tomais la mano, es un hereje á quien vos mismo condenais.

—Yo, repuso él muy sorprendido; yo no condeno á nadie,—eso no es cristiano.

—Me esplico mal, querido Sr. Naaman; queria simplemente decir, que á ejemplo del divino pastor, que buscaba las ovejas descarriadas de Israel, vos no temeis el vivir familiarmente con jentes cuyo error detestais.