—Decididamente, repuse yo, vos sois astrólogo, y quereis hacer de mi un adepto. Os contesto, pues, señor profesor, que es el mismo sol visto de diferentes puntos.

—Una interpelacion mas, doctor, y os pediré despues gracia por mi indiscrecion. Entre todas esas horas, cual es la cierta?

—Singular pregunta! la hora es cierta para cada cual, desde que el sol sale ó parece salir de un punto distinto. Está satisfecho el señor profesor de su discípulo de barba gris?

—Sí, doctor, veo que estamos conformes asi en teolojia como en astronomia.

—Señor Naaman, le dije yo,—comienzo á comprenderos. Para vos, la verdad es el sol, que cada uno de nosotros vé segun el horizonte que nos rodea. Por consecuencia, cuando para la Iglesia presbiteriana es medio dia, la hora se ha pasado para los baptistas y no ha llegado aun para los metodistas. Quién sabe si á los católicos se les coloca en las antípodas? Y, hé ahí un medio injenioso de armonizar su orgullo con su caridad.

—Señor, dijo Naaman ruborizándose,—vos me ofendeis. Habeis comprendido mi pensamiento, y sin embargo desconfiais de mis sentimientos. Sí, yo creo que hay un horizonte distinto para cada iglesia, y, me atreveré á decirlo, para cada cristiano. El nacimiento y la educacion nos dan el punto de partida; ahora, toca á nosotros mismos caminar hácia esa verdad que nos llama,—acercándonos á ella sin cesar á fuerza de estudio y de virtud. No digo que no haya iglesias mas iluminadas las unas que las otras por la luz divina; pero al mismo tiempo creo que el mejor cristiano puede muy bien encontrarse en el seno de la iglesia mas oscura. No hay la menor duda que es una gran ventaja estar colocado cerca del sol, sin embargo, esto no es siempre una razon para verlo mejor. Hé ahi, señor, porque amo á mi Iglesia presbiteriana, y por qué, no obstante amarla tanto,—no condeno á nadie.

Todo esto era dicho con una ingenuidad encantadora. ¡Qué bella cosa es la virtud en un alma jóven; es como la sonrisa de la aurora en los primeros dias de Mayo!

—Mi jóven amigo, le dije yo, vuestras ilusiones tienen algo de seductor; el sentimiento que las hace nacer es respetable, pero el primer soplo de la razon las disipará. Si cada cristiano vé la verdad á su modo,—no hay verdad. Y, hénos aquí de nuevo en el escepticismo de Montaigne. En vano buscareis un dogma que sea atacado,—una creencia que no se conmueva. Vuestra teoria tan cristiana en apariencia, nos condena á una duda invencible, y conduce á la incredulidad universal.

—Doctor, contestóme el jóven con un tono de modestia que me chocó,—me parece que estais haciendo el proceso al espíritu humano, es decir, á la obra de Dios. De la diversidad y debilidad de nuestros ojos, podria tambien concluirse que no vemos nada. Sería la misma lógica y el mismo sofisma. En los estudios naturales, cada uno de nosotros no toma sino la parte que puede apropiarse; se ha observado que esta diversidad de opiniones arruine la ciencia? En la física, por ejemplo, hay una sola teoria siquiera que escape á la discusion? Negarias por esto que existe una verdad física?