—La comparacion es mala, mi querido Naaman. Qué queda de la física de ha treinta años? La verdad de ayer,—es el error de hoy dia.
—No, doctor, el error de ayer ha caido como caen las hojas secas; la verdad no ha cambiado, por que dándole otro nombre, ella no es otra cosa sino el conocimiento de la naturaleza, y la naturaleza no cambia.
—Os concedo eso, jóven; pero la verdad relijiosa es de otro órden que la verdad natural.
—Doctor, repuso Naaman, aunque os concediese esa hipótesis discutible, no por eso nos entenderiamos. Cualquiera que sea el número y la variedad de los cuerpos que poblan el mundo, nosotros no tenemos para verlos sino nuestros ojos; lo que no vemos no existe para nosotros. Cualquiera que sea el carácter de una verdad, nosotros no tenemos sino nuestro espíritu para comprenderla. Nuestra alma, es por ventura doble? Para descubrir las verdades naturales, Dios le ha dado á cada uno de nosotros una facultad investigadora, inquieta, laboriosa que se llama, la razon. Habrá acaso en nosotros otra potencia, destinada á recibir sin esfuerzo individual la verdad relijiosa, á la manera del espejo que refleja el objeto que se le presenta? Si esa facultad no existe, la diversidad de opiniones relijiosas es forzosa; depende de la edad, de la educacion, del pais, de la enerjia natural de nuestro espíritu ó de su actividad.
Si, al contrario, esa facultad existe, todos debemos pensar de la misma manera, así como todos respiramos del mismo modo, por una ley de la naturaleza. Pero tal no es el caso, y por ello bendigo á Dios. El le ha dejado á cada uno de nosotros la libertad de desconocerlo, para darnos el derecho de amarlo. Esa libertad que os espanta es nuestra mas hermosa herencia; ella es la que hace de la relijion, un amor, y de la fé una virtud.
—Naaman, esclamé yo, vos sois el profeta de la anarquia. Vos disipais el mas bello sueño de la humanidad. Una fé, una ley, un rey, tal era la divisa de la Edad Media, divisa que cada hombre lleva en el fondo de su corazon. Qué es lo que vos nos ofrecéis en cambio? La confusion. Qué significa una Iglesia, en la que cada cual habla una lengua distinta, sin comprender la de su vecino?
—Señor, repuso el jóven ministro, yo amo tanto como vos la unidad. Cristo nos lo ha dicho: llegará un dia en que no habrá sino un solo rebaño y un solo pastor; yo creo en la palabra de Cristo. Pero la unidad no es la uniformidad. Contemplad la naturaleza; qué conjunto admirable! Y, sin embargo, no hay un árbol, una planta, una flor, qué digo! una hoja, siquiera que se parezca á otra. Dios saca de la variedad infinita, la unidad viviente y perfecta. Por qué, la ley de la naturaleza no ha de ser la de la humanidad? Por qué, no ha de tener su puesto, la voz de cada criatura, en ese concierto de alabanzas que la tierra canta al Señor? Qué es la esteril monotonia de una nota única, al lado de esa armonia fecunda? La unidad mia, es la Iglesia universal, esa Iglesia que abraza todas las almas fieles. Quien ama á Cristo es mi hermano: lo que yo miro es su amor, no su símbolo. Agustin Crisóstomo, Gerson, Melachthon, Jeremias, Taylor, Bunyan, Fenelon, Law, Channing, hé ahí los soldados de ese ejército divino. Qué me importa su rejimiento? Su bandera es la mia, la bandera de la verdad.
—Bravo! Naaman, dijo Truth, apoyando su mano en el hombro del jóven ministro; convertidme á ese pagano.
—Vos, sereis el pagano, esclamé yo. Pienso que aqui no hay mas cristiano que yo, ó si os parece mejor, mas católico, en la verdadera acepcion de la palabra. Al paso que vosotros destrozais la relijion, abandonándola á todos los caprichos, solo yo, fiel á los viejos y sólidos principios, quiero un símbolo único que sea la ley de los espíritus; y para mantener esa ley de verdad llamo en mi socorro el brazo secular.
—No os lo decia, carísimo Naaman, repuso Truth riéndose. Es un pagano de la decadencia, uno de esos adoradores de la fuerza que se imajinan que la verdad se decreta, ni mas ni menos que como se borronean leyes.