—Mañana, repuso Susana. La niña echó los brazos al cuello de su nueva maestra, y la besó en ambas mejillas. La paz estaba hecha, la leccion comenzó.

Rolaba sobre la historia de Israel en tiempo de los reyes. Por primera vez, lo confieso con verguenza, hice conocimiento íntimo con el profeta Eliseo. Era este un excelente hombre cuando no se encolerizaba. Pero apesar de lo bello de la moral, no le perdono mucho que digamos el haber hecho que unos osos se comieran á cuarenta niños que se burlaban de su calva. A este precio yo no querria ser profeta, ni en mi pais.

Dos episodios surtieron el éxito mas completo cerca de los niños; tal es de vivo en estas almas jóvenes el sentimiento del bien y el mal! Primero fué la historia de Naaman, jeneral del rey de Siria, implorando gracia de Eliseo para ser librado de la lepra. Naaman se retiró curado y convertido; pero convertido con sus reservas políticas, que prueban una vez mas que no hay nada nuevo bajo el sol.

Al fin, dijo Naaman: Sea como tú quieres: Pero te suplico que me permitas á mí, siervo tuyo, el llevarme la porcion de tierra que cargan dos mulos; porque ya no sacrificará tu siervo de aqui adelante holocaustos ni víctimas á dioses ajenos, sino solo al señor.

Mas una cosa hay solamente por la que has de rogar al Señor á favor de tu siervo, y es que cuando entrare mi amo en el templo de Remmon para adorarle, apoyándose sobre mi mano, si yo me inclino en el templo de Remmon, para sostenerle al tiempo de hacer él su adoracion en el mismo lugar, el Señor me perdone á mi, siervo tuyo, este ademan.

Respondióle Eliseo: Véte en paz!....[45].

La tolerancia del profeta, escandalizó á los niños, no puedo ocultarlo. Naaman fué silbado unanimemente, lo mismo que un cobarde que transije entre su conciencia y su interés. Dia vendrá en que Remmon, Mamon ó Baal os presentarán una mano llena de dinero ú honores, á condicion de que le adoreis; feliz aquel que no se incline ante el ídolo, guardando solo para Dios el sacrificio de su corazon.

En seguida, vino la historia de Giezi, el servidor de Eliseo, hábil hombre, que se hacia pagar los milagros de su amo, traficando así con la virtud ajena. Qué furor en el jóven auditorio! y qué gozo cuando Susana, engrosando la voz para parecerse al profeta, pronunciaba el terrible anatema:

“Habeis recibido oro y vestidos, para comprar plantas de olivo, viñas, bueyes, ovejas, criados y criadas.