“Pero tambien la lepra de Naaman se adherirá á vosotros, y á toda vuestra raza por siempre jamás.

“Y Giezi se retiró, todo cubierto de una lepra blanca como la nieve:”[46].

Todavia existe, esa honrada posteridad de Giezi, aunque un poco cambiada por el tiempo. Por fuera háse conservado blanca como la nieve; pero la lepra ha entrado en su alma; no es ya el cuerpo lo que roe.

Esta educacion dada á la infancia por la juventud me encantó, y cumplimentando por ello al ministro, añadí:

—Pero, pienso que vosotros os reservais el catecismo. La doctrina corria riesgo de alterarse al pasar por aquellos lábios novicios.

—No, me dijo; tanto para la doctrina como para lo demas, nosotros nos remitimos al monitor, bajo nuestra vijilancia, bien entendido. Nadie es hereje á los diez y ocho años, y si algo hay que temer; es mas bien demasiado apego á la letra.

—Si, pero si esas jóvenes cabezas trabajan?

—Eh bien! dijo el pastor,—ahí estamos nosotros para abrirles el camino. Nuestra divisa es la de Pablo: Allí donde está el espíritu del Señor, allí tambien está la libertad.

No nos place á nosotros la fé del carbonero,—esa ignorancia crédula que lo mismo santificaria á un cristiano, que á un mahometano ó á un budhista. La juventud tiene una crísis del espíritu, lo mismo que una crísis del cuerpo. Llega para ella una hora en que es necesario luchar con la verdad, como Jacob con el ángel, y aquel solo se convence que ha sido convencido por el Evanjelio. Nosotros queremos una fé razonada.