Y esto diciendo, acercóse tranquilamente á Fox, que no tuvo trabajo en demostrarle que para un hombre prudente hay siempre beneficio en perder una mujer y ganar un pleito.
El escribano anunció que la hora de la audiencia habia sonado.
Entremos, dijo Humbug; doctor, os doy el primer turno. Los pleitos son como las muelas enfermas; es menester librarse de ellas lo mas pronto posible; una vez arrancadas, pronto se las echa en olvido.
—En qué consiste, preguntéle, que hay tan poca jente en la sala? yo creia que en un pais libre la justicia era el gran asunto de los ciudadanos.
—Querido doctor, repuso el juez de paz, veis esos tres taquígrafos que preparan su papel y su pluma? Os diré, pues, como lord Mansfield en otra ocasion: “El pais está ahí.” Estad tranquilo, antes de dos horas todo París se ocupará de vuestro pleito. La publicidad de la justicia es la publicidad de los diarios. Suprimid el extracto y sereis juzgado en secreto, estrangulado entre dos puertas aunque haya trescientas personas de por medio. El foro de un pueblo de treinta millones de almas, el nuestro, es el diario. Merced á él, el menor litigante, el mas oscuro criminal, tiene por juez, por testigo y abogado, al pais entero. La prensa, mi buen amigo, creédselo á un viejo periodista, es la única garantia de la justicia y de la libertad.
En estas palabras de Humbug, yo no ví sino una cosa, ese diabólico tablero que iban á levantar en la calle, á fin de divertir á todo París, con mi mala ventura. Para librarme de tal fastidio, tomé una heróica resolucion. Perderé mi pleito, me dije, pero pondré á los que se rien de mi parte.
Iba á hablar; pero Fox ya habia leido sus conclusiones y comenzado su alegato.
—Hay, dijo ajitando su brazo del lado mio, hay ciertos hombres, que sin jenio, sin talento, sin capacidad; pero aflijidos por una ambicion ridícula ó por una comezon mal sana, mendigan el sufrajio popular, imajinándose que las funciones públicas son hechas para satisfacer su pueril vanidad.
Este exordio me bastaba; curábame poco de que imprimieran lo que pudiera venir en seguida.
—Permitid, le dije....