—No me interrumpais, esclamó con su mas agria voz, y poniéndose en jaque como un gallo cuyas plumas se encrespan, no me interrumpais, volvió á repetir.
—Perdonad honorable attorney, repuse yo, antes de pleitear es menester que haya un proceso, aquí no lo hay.
—Señor juez, continué, nombrado inspector desde hace cuatro dias, podria escusarme con la novedad de mis funciones, y acusar á mi predecesor de una neglijencia de que yo no soy culpable; pero Dios no permita que un oficial público, un mandatario del pueblo incurra en semejantes chicanas. El cargo obliga; yo quiero ser el primero que dé el ejemplo del respeto á la ley. Me reconozco responsable de un accidente que lamento, es pues inútil que ataqueis á un hombre que no sueña en defenderse siquiera.
—Muy bien esclamó el cuácaro, incapaz de contenerse. Amigo Daniel, tú eres un funcionario segun el corazon de Dios: un Booz, un Samuel; dame los quinientos dollars ó una fianza bastante y me declaro satisfecho.
—Un poco de paciencia, repliqué yo; estoy pronto á pagar sobre tablas toda indemnizacion lejítima; pero no quiero discutir siquiera esa indemnizacion. Defiero el juramento á mi adversario; que este buen cuácaro sea el que por sí mismo fije la cifra del daño que le he causado.
—No acepto, gritó Seth, furioso y turbado, me gusta mas pleitear; mi abogado me habia prometido un éxito completo. Un cuácaro presta acaso juramento? Daniel, no lees el Evanjelio? Cristo ha dicho: “No jures en manera alguna, ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque esta le sirve de escabel á sus pies; ni por Jerusalem.”
—Basta, dijo Humbug; acabe ahí ese canto inútil. No se te pide que digas en presencia de Dios, y como Cristo lo enseña: esto es ó esto no es. Entra en tu conciencia, piensa en tu salud. Te exijo la verdad, toda la verdad, solo la verdad. Con todo lo cual, Dios te ayude.
El cuácaro se rascó la cabeza y miró á su abogado con aire lastimoso. Fox permaneció mudo. Seth se volvio, y viendo á Marta de pié y silenciosa cerca de él, palideció y se puso á balbucear. Su conciencia, su interés, su amor, sostenian una terrible batalla; y es menester decirlo para honor del cuácaro, el interés no llevaba la mejor parte.
—Aquí está el memorial, dijo él, los hechos son exactos, pero naturalmente en el precio algo se puede rebajar. Las baras no eran nuevas; sin embargo será necesario componerlas. Cinco dollars, no es mucho, no es verdad, Marta?
La muchachona hizo una señal con la cabeza como la estátua del comendador en la Opera de D. Juan.