—Pongamos cinco dollars, repuso el cuácaro con tono lamentable. El caballo ya estaba maltratado, pero la llaga ha vuelto á abrirse. Esto vale muy bien cinco dollars, no es verdad, Marta?

—Para mí, continuó, no pido nada; pero mi pantalon está roto y he perdido mi dia. Pongamos diez dollars, no te parece Marta?

—Y el abogado, gritó Fox, vas á olvidarlo?

—El abogado, repuso el cuácaro, dichoso de descargar el furor de su avaricia contra alguien; el abogado es un tonto que me ha dado un mal consejo. Cinco dollars, en pago de diez palabras inútiles, es demasiado, qué dices Marta?

Y los ojos de Seth resplandecieron viendo que su bien amada echaba á la risa el percance de Maese Fox.

—He aquí los veinticinco dollars, dije yo á mi turno, felicitándome de quedar á mano á tan poca costa.

—Ah! Marta, esclamó el cuácaro, que ruina es la conciencia. Seguro estoy de que no la tienen las jentes que hacen fortuna, y si la tienen no se sirven mucho de ella que digamos.

—Silencio, hijo de Belial! dijo Marta; bendito sea el cielo que me ha colocado cerca de tí.

—Bravo! doctor, me dijo Fox haciendo una respetuosa reverencia, sois pasablemente artéro, y no es poca dicha para nosotros que no seais abogado.

—Pues estais equivocado, cófrade, repuse yo sonriendo, soy del oficio.