—Con vuestra falsa humanidad, esclamé, desarmais la sociedad; no es así como yo entiendo la justicia.
—Cómo la entendeis pues? preguntó Humbug.
—Permitidme una comparacion, repuse. En la sociedad lo mismo que en un bosque, hay aves de rapiña y animales de presa; son los enemigos que la policia y la justicia buscan constantemente para cazarlos. La policia los acecha, la justicia los espera al paso; el majistrado, cazador hábil, abate y destruye esa ralea maldita. Pedidle al lobo una fianza, ofrecedle un salvo conducto al zorro, vereis qué se hacen los carneros y los pollos.
Protejer á las jentes de bien, es el primer deber de la justicia; á los malos no les debe sino castigo y esterminio.
—Caro amigo, dijo Humbug, vuestras bromas son crueles.
Quænam ista jocandi
Sævitia.
Si hay lobos entre los pobres humanos, lo que estoy lejos de negar, por lo menos tienen la misma piel que las ovejas; antes de matar al salteador, es menester reconocerlo. Esa obra requiere una mano mas delicada que la del cazador. La justicia, no es bajo otro nombre, sino la sociedad, madre de todos los ciudadanos; hasta la condenacion, ella cree en la inocencia de sus hijos. Esa confianza maternal no es una palabra vana; es una ternura activa que proteje y sostiene al acusado, sin abandonarle un momento. Vos creis sin duda que es el jurado quien castiga el crímen; desengañaos. La instruccion se hace entre nosotros de una manera tan franca, tan libre, tan jenerosa, que á decir verdad es el culpable el que se condena á sí propio, aceptando la expiacion. Seguid nuestras cortes de assises, vereis que lo que desarma al acusado, es la misma dulzura de nuestros procedimientos judiciales. Si se le ataca, se subleva; si se le insulta, se ultraja; el orgullo y la cólera sostiene al malvado lo mismo que al hombre de bien. Pero justificarse cuando solo los hechos acusan, esponer uno simplemente su conducta, dar cuenta de sus acciones, es el privilejio de la inocencia. Nada espanta á un criminal como el sentirse solo cara á cara consigo mismo,—teniendo por testigo y por jueces al presidente que lo proteje y al jurado que lo acusa. Así lo mas frecuente es que concluya confesando su falta ó encerrándose en un silencio obstinado lo que equivale á una confesion. Lo que vos llamais la debilidad de nuestras leyes, es lo que hace su virtud y su hermosura.