Nuestras viejas leyes Sajonas, que vos encontrais duras, y yo hallo justas y suaves, siempre cuidan de tratar bien á la libertad. Escepto los crímenes atroces, ellas atacan la bolsa,—no á la persona culpable. Si el verdadero medio de contener al hombre arrastrado por la pasion es ponerle delante la responsabilidad que le espera, nada vale lo que las penas pecuniarias; creed en la esperiencia. Hay paises donde el adulterio es una gracia; la falta de fé un juego permitido; el duelo una proeza que honra hasta el malvado. Entre nosotros, no se seduce ni á la mujer ni á la hija del vecino, ni se mata á las jentes para reparar la injuria que se les hace. Por qué? Por la muy prozaica razon de que cada una de esas amables locuras cuesta quince ó veinte mil dollars. Nadie tiene interés en arruinarse para ser la fábula de la ciudad, y lo que es peor aún, un objeto de burla.

—Tal es la ley, cuya fuerza y sabiduria ha consagrado un uso diez veces secular. Pero qué hacer cuando el condenado no tiene nada? Debe dársele al pobre un privilejio de impunidad, sacrificar la libertad por amor á la uniformidad? Nuestros antepasados han decidido y nosotros hemos conservado su máxima: El que no puede pagar con su bolsillo paga con su piel: luat cum corio. Entre nosotros la multa es la regla, la cárcel la escepcion. Porqué? Porque la libertad es el principio; y á decir verdad, la cárcel no es sino un medio de ejecucion contra un deudor insolvente. Qué veis de injusto en todo esto?

—No veo la igualdad, repuse.

—Pues bien, doctor, sois ciego. Hay dos especies de igualdad: la una, que no conviene á las sociedades humanas,—es la igualdad material y brutal que no toma en cuenta ni la edad, ni el rango, ni la fortuna. Las mismas penas en condiciones iguales, es la igualdad absoluta, es decir, la suprema injusticia. La otra igualdad es la que proporciona el castigo,—no segun la definicion del delito, que no es sino una palabra, sino segun el acto mismo y segun la persona del culpable. Al rico una fuerte multa, al pobre una multa suave, y en defecto de paga algunos dias de prision,—es una ley en la que tanto la justicia y la igualdad verdaderas se encuentran consultadas no menos que la libertad.

—Paddy! esclamé llamando al borracho que levantó hácia mi sus grandes ojos con asombro: tomad estos diez dollars, buen hombre, idos en paz á vuestra casa, y no volvais á pecar. Hé ahí mi respuesta, añadí, volviéndome hácia Humbug: es una protesta contra la iniquidad de vuestras leyes.

Es la justificacion de su escelencia, respondió él. Si por amor á la igualdad, hubiéramos establecido la prision como pena de la embriaguez, qué socorro hubiérais podido prestarle á esa interesante víctima? La multa, por el contrario, tiene el gran mérito que las almas tiernas pueden siempre correjir la dureza de nuestros juicios. Y digan lo que digan los lejistas, esa raza de corazon empedernido, cuando hay lucha entre la caridad y la justicia, es bueno que la última palabra se diga en favor de la caridad.

—Gracias, doctor, gritó Paddy, deshaciéndome los dedos entre sus manos; voy á beber á vuestra salud; el primero que se atreva á decir que sois brujo, lo aplasto, á fé de cristiano.

—Ved ahí un hombre correjido, dijo Humbug. Ahora si no hay nada mas á la órden del dia levantemos la sesion.

De allí volvimos á mi gabinete, donde encontramos al Presidente de la corte, de assises en una gran ajitacion.