—Os esperaba, le dijo á Humbug: héme aquí en un gran embarazo. El jurado está reunido, el attorney jeneral me falta á su palabra. Me escribe que está en cama, retenido por tales dolores de entrañas que le es imposible levantarse.
—Entrañas.... un attorney jeneral! Eso es inverosímil, esclamó Humbug.
—Amigo mio, no riais, y socorredme, dadme alguien que pueda reemplazar á nuestro acusador público.
—Tomad á este querido Daniel, dijo el juez, siempre dispuesto á reir. Es el hombre que buscais. Abogado y doctor de la universidad de Kharkoff. Un prodigio de gravedad, de inflexibilidad, de legalidad y de sentimentalismo. Teneis ahí en una sola persona,—un Coke, un Mansfield, un Erskine y demás.
—Venid pronto señor, dijo el presidente, tomándome el brazo; vos me salvais la vida.
—Permitid, le dije........
—No, no, interrumpió él, no escucho nada. Nada de falsa modestia; sois doctor, eso basta.
Al mismo tiempo, Humbug me cojió del otro brazo; lleváronme á la sala, presentáronme al jurado, y me instalaron sin haber podido soplar una palabra. Humbug se puso despues de mi, y riéndose de mi percance, me mostró en el banco de la defensa á Fox estupefacto, que me miraba cerrando los ojos.
—No habia como desdecirse; la suerte que se burlaba de mi me condenaba á representar una nueva comedia: el attorney por fuerza.