—Acusado, dijo el presidente, reflexionad antes de hacer una declaracion que os pierde. Pensad que si renovais friamente esa confesion, solo me resta pronunciar vuestra condena.
—Os doy las gracias, mi presidente dijo, sois un digno majistrado; vos no pisoteais á un pobre gusano que se halla en desgracia. Qué quereis, no tengo suerte; si me cayera de espaldas me romperia el pescuezo. Despues de todo, yo he robado, que justicia sea hecha. Pero ¿qué tiene que hacer este caballero con lo que le he dicho á mi madre ó he hecho en la escuela cuando era muchacho?
Mi victoria era completa. Vencido por mi elocuencia mas que por sus remordimientos, el culpable confesaba su crímen. Para colmo de felicidad, Fox, cuya lengua audaz yo temia, no podia ni contestarme siquiera. Faltaba, pues, únicamente que la justicia y la autoridad cumpliesen con su deber.
Levantada la sesion, uno de los jurados vino donde yo estaba y me estrechó la mano. Era un orador célebre, un espíritu lleno de recursos que, mas de una vez en las Cámaras, habia derrotado á sus adversarios teniendo estos razon. Tal sufrajio agregaba á mi triunfo, un gran esplendor; asi fué que en vano procuré disimular mi alegria por tan gloriosas felicitaciones.
—Estoy encantado de vuestro injenioso descubrimiento, me dijo mi nuevo amigo. En la primera ocasion que se me presente me propongo imitaros y espero ser tan feliz como vos. Tomar á un hombre al nacer, apoderarse en su jérmen del vicio, del error, de la preocupacion describiendo é interpretando su largo desarrollo, eso es admirable. No creo que haya persona alguna que pueda salir intacta de esa revista histórica; siguiendo vuestro proceder me siento capaz de demostrar que Caton era un malvado y Sócrates un atéo.
—Yo no he inventado nada, le dije con modestia; vos me lisonjeais.
—No, me dijo; en este pais jamás se ha razonado de esa manera sutil. Es una lójica nueva que os hace el mayor honor. Los yankees son jentes groseras, que persiguen el crímen y no al hombre; para vos el hecho material no es nada, el hombre es todo. Si no hay prueba suficiente de la atrocidad que se le imputa, poco importa; ha sido capaz de cometerla? la presuncion está en contra de él y por otra parte es probable que haya cometido muchas otras. Hé ahí lo que yo llamo una buena justicia, una justicia que proteje á la sociedad y que solo se inquieta del bien público. Sois americano de oríjen?
—Esta brusca pregunta os sorprende, continuó sin averiguar la causa de mi sorpresa. Perdonad mi indiscrecion; mi madre era francesa y á ella le debo ciertas ideas que no han entrado jamás en una cabeza sajona. Esas ideas se acercan mucho á las vuestras, y me inspiran las mas vivas simpatias por la orijinalidad de vuestro talento.
—Así, por ejemplo, para mí el Estado es todo; y á pesar de la estúpida charla de ignorantes moralistas, sostengo que no se puede poner en balanza el interés de todo un pueblo y el pretendido derecho de un mísero individuo! Soy socialista en el buen sentido de la palabra, el Estado antes que el individuo! Los yankees, al contrario, espíritus limitados, méollos estrechos, han traido de Inglaterra una preocupacion egoista y salvaje. Si un juez le falta al respeto á una vieja gitana, si un attorney jeneral pierde la paciencia acusando á un pícaro, ó trae á maltraer á un asesino—en el acto sale un sajon que grita hasta desgañitarse que se viola la gran Carta, y que se ultraja á la humanidad. Y en el acto una multitud imbécil acude á la voz del que ladra, haciendo al rededor del majistrado un ruido semejante al de los perros que siguen un caballo al galope. Diríase que es un pueblo de ladrones, donde cada cual tiene miedo de ir al dia siguiente ante la corte de assises, y que defiende la libertad de los demás en el interés de la suya propia. Gracias á la solidez de mis principios, yo entiendo la justicia de otra manera. Veo con placer que hay en América dos hombres de la misma opinion. Nadie es un santo cuando aparece ante el jurado, y yo prefiero mandar tres inocentes al patíbulo antes que dejar escapar veinte pícaros. Soy un hombre sólido; tocad aquí; entre los dos reformaremos la educacion de este pueblo monótono que no tiene sino una palabra en la boca: Libertad!
Despidióse de mí apretándome la mano de la manera mas cordial; pero cosa estraña, sus elojios me desagradaron y mi triunfo comenzó á asustarme.