—Perdonad, mi majistrado; aquí no estamos en la audiencia. La América es un pais libre, y en pagando, cada cual hace lo que quiere. Si alguien pasa por esa puerta, no se le mira; y si se le mira no se le vé.

—No os hagais el ignorante, dijo Fox. Pensad que tengo hecho poner en la cárcel á mas de uno que valia mas que vos. Hace una hora, he visto entrar en esta avenida á una jóven rubia, con vestido de seda negra y sombrero de paja; á dónde iba?

Paddy, intimidado, acercóse á mi implorando mi socorro.

—Amigo mio, le dije, tened la bondad de contestar, seguro de que no tenemos ninguna mala intencion; yo recompensaré vuestra complacencia.

—Mi salvador, dijo, para vos yo no tengo secretos; me habeis socorrido en mis trabajos y soy Irlandés, está dicho todo. Me arrojaria al fuego por vos.

—En nombre del cielo, murmuré dándole algunos dollars, hablad, me estais haciendo morir.

—En bien, doctor, repuso, todos los dias á la misma hora esa señorita rubia viene á ver á la jóven que vive en el primer piso. Ahora está arriba.

—Me parece que mi presencia es inútil, dijo Fox con tono irónico; el attorney jeneral ya no tiene necesidad de mis servicios.

—Señor, le dije, con jesto amenazador, os confundiré por vuestras indignas sospechas.

Ay Dios! yo hablaba asi para engañarme á mí mismo; no sabia que creer, estaba desesperado. Humbug me tomó de la mano, y entré con él en aquella caverna lo mismo que un hombre que corre en busca de la muerte.