La puerta del primer piso estaba abierta. Habia una pieza de entrada y una especie de cocina, sin cortinas ni muebles. Me detuve para tomar aliento, contando los latidos de mi corazon. Seth se aseguró de que el abogado nos habia seguido; cerró en seguida la puerta sin ruido y puso la llave en su bolsillo. Nada teniamos ya que temer de los importunos.

Yo no estaba en estado de hablar; hice seña á mis compañeros de permanecer en su puesto y penetré sijilosamente hasta la entrada del segundo cuarto.

Frente á mí, y dándome la espalda estaba una mujer recostada en un viejo sofá, y á sus pies, sentada en un taburete de paja una niñita. Al lado de esta, Susana tenía la Biblia en la mano y leía piadosamente lo que sigue, que era escuchado con atencion.

“Me han cargado de iniquidades y en su cólera me han aflijido con sus persecuciones.”

“Mi corazon se ha turbado en mi interior, y el temor de la muerte se ha apoderado de mi.”

“He temblado de horror y me he envuelto en las tinieblas.”

“Y he dicho: quién me dará alas como á la paloma para poder volar y reposarme?”

“Me he alejado huyendo y he permanecido en la soledad.”

“Espero á Aquel que me ha salvado de mi abatimiento y del temor de mi espíritu, y de la tempestad.”