—Permitid, le dije; nadie os prohibe que deis vuestro dinero; jamás tirania alguna llevó su crueldad hasta ahí. Pero el derecho de fundar un hospital es otra cosa; si al primero que se le presentase le concede la facultad de abrir esos asilos, á qué desórden no iriamos á parar! Pronto tendriamos hospicios homeopáticos, y que sé yo!

—Hospicios homeopáticos? dijo Rose, hay tres en la ciudad, y va á fundarse el cuarto, qué mal hay en eso?

—Rose, amigo querido, esclamé, sois vos un boticario ortodoxo, quién semejantes monstruosidades profiere?

—Querido Doctor, repuso Rose, nosotros no sabemos ni en relijion siquiera, lo que es una ortodoxia oficial. Dejámosle á cada cual el derecho de buscar á Dios, segun su conciencia. Obrando de buena fé, no podemos ser mas rigurosos con la salud del cuerpo que con la del alma. Por otra parte, mi buen amigo, ambos somos augurios, y sabemos á que atenernos sobre la medicina oficial y las píldoras ortodoxas.

—Sea! repliqué; proclamad la libertad del charlatanismo y del envenenamiento; ya nada me asombra en esta república, que debiera poner en su bandera la divisa de la abadia de Theleme: Haz lo que quieras; pero os hablaré en nombre de la utilidad y del buen sentido. Con vuestro sistema de dejad hacer, cuántos hospicios teneis?

—Unos cien, cuando mas, dijo la señora Hope. La cifra me asombró; no creia en esa fecundidad de la caridad anárquica, mas no habia agotado mis razonamientos.

Unos cien hospicios! esclamé; señores no olvideis esa cifra admirable; si ella hace honor á los cristianos de París en Massachusetts, preguntaos, como hombres prácticos, lo que esa multiplicidad, la que esa concurrencia debe fatalmente producir. Empleos dobles, pérdida de dinero; aquí, superabundancia; alli, ausencia completa de socorros; despilfarro y pobreza. Suponed, al contrario, que una vasta administracion reune esos hilos dispersos, y concentra esas fuerzas estraviadas; colocando en la cúspide de la pirámide á un hombre vijilante, activo, económico: en el acto reina el órden, y con el órden todos los beneficios de la unidad! Jerarquias médicas, clínicas regulares, enseñanza disciplinada, caja central, farmacia central, en una palabra un verdadero imperio: el imperio de la caridad, con su jefe, sus ministros y sus súbditos. No es un sueño; ese ideal, es una verdad en los paises que están á la cabeza de la civilizacion. Gracias á la maravillosa potencia de la centralizacion yo afirmo que con un pequeño número de grandes hospicios y una organizacion vigoroza, me seria fácil duplicar el número de camas de vuestros enfermos, sin gastaros un dollar mas.

—Estoy convencido, dijo Humbug. Con su talisman, el doctor es capaz de rehacer el mundo, estirpando de él todos los desórdenes de la libertad. Pido que por el mismo voto, se pongan en sus manos, las fábricas de tejer, las fundiciones, los astilleros y demas. Con usinas centrales, y una jerarquia de injenieros, no dudo que la produccion se doblará, disminuyendo todos los gastos.

—Sois insoportable, le dije, me tomais por un comunista? Creeis acaso que ignoro que en industria esa unidad es una quimera?