—Sin duda, repuso el puritano; pero nada hay tan peligroso como las máximas banales. Así es como siempre han muerto la libertad,—con palabrotas. La propiedad no es un interés, es un derecho. El interés jeneral es una palabra elástica y vaga, que puede cubrir las pretensiones mas injustas á la vez que las mas lejítimas. Antes de invocarlo, comenzad por definirlo.

—Nuestras leyes han definido la cuestion, dijo Humbug. Para nosotros no hay sino cuatro causas de espropiacion: un camino, una calle, un ferro-carril, un canal. Pero aunque seamos por excelencia un pueblo municipal, y aunque la ciudad sea soberana en lo que le concierne, no obstante, la propiedad es cosa tan santa, que antes de tocarla es menester que la lejislatura del Estado intervenga; ella es la que aprueba la traza y la que autoriza la espropiacion, mediante indemnizacion prévia. Para todo el resto: escuela, hospicio, casa municipal, Iglesia, la ley coloca el derecho particular primero que un interés que en resumidas cuentas no viene á ser sino el de una corporacion ó el de un barrio. A dónde iriamos á parar con vuestro sistema doctor? Me despojarian de la herencia de mi padre, me arrebatarian mis recuerdos, se reirian de mis afecciones, turbarian la mas santa de las propiedades, y para qué? Para edificar un teatro ó una fonda.

—Cómo! esclamé, en una república donde el pueblo manda, osais defender esas viejas máximas feudales?

—Señor, dijo Brown, vos no entendeis jota de libertad. Cuanto mas democrático es un pais, tanto mas necesario es que el individuo sea poderoso y sagrada su propiedad. Nosotros somos un pueblo de soberanos; todo lo que debilita al individuo nos conduce á la demagojia, es decir al desórden y á la ruina; todo lo que fortifica al individuo nos conduce á la democracia, reino de la razon y del Evanjelio. Una nacion libre es una nacion en la que cada ciudadano es dueño absoluto de su conciencia, de su persona y de sus bienes; el dia en que, en lugar de hablarnos de nuestros derechos individuales, nos hablen del interés jeneral, adios de la obra de Washington; seremos una muchedumbre y tendremos un amo.

—Señores, dijo el Coronel, que se interesaba mediocremente en nuestros debates, no hay nada mas á la órden del dia, está levantada la sesion. Os pido perdon de dejaros, añadió. Dicen que hay malas noticias de la guerra, estoy impaciente por saberlas.

Nada que me disgustaba acabar con el puritano y su áspero lenguaje; pero, por mi desdicha, habíale caido en gracia, ó mejor dicho, el hombre habia formado quizá el glorioso proyecto de convertirme á su fanatismo.

—Doctor, me dijo, tengo que pediros un servicio. Acabamos de fundar en este barrio un instituto de obreros[56]. Habrá una biblioteca, un museo de modelos, dos salas de dibujo, un gabinete de lectura, en una palabra, todo lo que hace la utilidad de un Club de esa especie. Los mismos obreros son los que proveerán á los gastos de entretenimiento; lejos de nosotros el pensamiento de erijirnos en bienhechores, turbando en lo mas mínimo la obra de la libertad. No debilitar jamás ni la dignidad ni la responsabilidad de aquellos á quienes beneficiamos, es la primer regla de la caridad. Pero hay gastos de fundacion que son considerables, la bolsa de nuestros trabajadores no basta para ellos; necesitamos diez mil dollars por lo menos. Para obtenerlos, hacemos lecturas públicas y pagodas. Everett el clásico nos ha prometido su concurso, así como el elocuente Sumner. Espero que tendremos al filósofo Emerson y al poeta Longfellow. Por mi parte daré una leccion, en la que mostraré que reahabilitando el trabajo y levantando al obrero, el Evanjelio ha creado al mismo tiempo la riqueza y la libertad modernas. Vos no rehusareis el uniros á nosotros. Dos lecturas sobre la hijiene de los recien nacidos, por el sábio médico del hospicio de la Providencia, nos atraerian todas las madres, y nos valdrian cuatro-cientos dollars por lo menos.

—Teneis la autorizacion del Gobierno? le dije.

—Por quien soy, doctor, os digo que os ireis derecho al paraiso, contestó el porfiado. A fuerza de cuidar niños os habeis puesto como ellos; no podeis caminar sin andadores. Qué autorizacion se necesita para ilustrar á los hombres y hacerles el bien?

—Comó! esclamé, podeis dar cursos públicos y hablar de política á los obreros sin que el Gobierno intervenga?