—Seguramente, dije, si olvidamos nuestros deberes, la ley está ahí, y la justicia con ella; eso basta.
—No, eso no basta; el Estado no puede abandonar al primer advenedizo el derecho de hablar á los hombres. Esa ciencia de parada, esa instruccion á medias le inspira al pueblo una ambicion desastrosa; es poner al pais y aun á la relijion en el mismo peligro.
—Una media luz vale mas que la noche, reino de los apetitos y de las pasiones, dijo Brown, y por otra parte, cómo se ha de hallar el dia si no se le busca? Es menester que hablemos al pueblo, y que nos pongamos sin cesar en relacion con él. Para nosotros, demócratas y cristianos, hay ahí una cuestion de vida ó muerte; lo que mata las repúblicas, es la ignorancia; ilustrad al pueblo si temeis al despotismo. Lo que mata la relijion es una fé que no razona; ilustrad al pueblo si temeis la infidelidad. Necesitamos luz en todo y para todo. Si el cristianismo es una fábula, que caiga; si es la verdad que reine. Creeis que nosotros los pastores, somos algunos charlatanes que viven del error y de la credulidad?
—Calmaos, respondí, y no coloquemos tan alto la cuestion. Me concedereis que dando á los obreros un punto de reunion, fundais un club en el que serán amos.
—Sin duda, puesto que estarán en su casa.
—Y no veis que á la primer querella con los patrones ese club se convertirá en un foco de coalicion?
—Si los obreros quieren coaligarse, dijo friamente aquel fanático, quién se los puede impedir? Los que venden su trabajo tienen tanto derecho como los que se lo compran. Es un trato que se hace con entera libertad.
—Pero señor, esclamé indignado de aquella estupidez, vos predicais la anarquía.
—Señor, me dijo con su brutalidad ordinaria, vos hablais un lenguaje que no es el de la América. La anarquía es la invasion de la libertad ajena, no la defensa de su propia libertad.
Creedme, añadió alzando al cielo unos ojos inspirados, la cultura del alma es la salud de las democracias cristianas; ellas no viven sino por la educacion. Dejad que los obreros léan, se instruyan y discutan: educadlos, segun el sentido admirable de la palabra, levantadlos hasta nosotros, levantaos vosotros mismos con ellos, y no tendreis que temer ni coaliciones, ni comunismo ni todas esas locuras que espantan al viejo continente. Son enfermedades que la ignorancia enjendra; á nosotros toca curarlas, doctor. Sursum corda, hé ahí mi divisa.