La escuela es una gran familia, en la que no hay sino hermanos y hermanas que se disputan el premio del estudio. De dónde sacais vuestras horribles ocurrencias?

—Entónces, mi buen amigo, los Yankees son ánjeles, machos y hembras.

—Y la Europa repuse, con sus veinte siglos de experiencia, no es mas que una vieja chocha que no sabe, ni lo que hace ni lo que dice.

—Querido doctor, dijo Humbug, los ingleses han comenzado por burlarse de nosotros; hoy dia nos imitan. Dentro de diez años no habrá en Inglaterra una sola escuela en que los dos sexos no estén juntos. En cuanto á los otros pueblos de Europa, su educacion ha sido clerical durante tanto tiempo que para despojarse de sus preocupaciones necesitarán mas de un dia. Nosotros no educamos ni frailes, ni soldados; preparamos hombres á la vida comun. Porqué, pues, no hacer la escuela á imájen de la familia y de la sociedad?

—Vosotros sois unos imprudentes! esclamé; jugais con el fuego.

—Somos padres de familia, repuso Humbug; sabemos por esperiencia que para dulcificar el corazon, formar el carácter, é inspirar ideas jenerosas nada vale tanto como esa primera comunidad de trabajo y de estudio:

Emolit mores, nec sinit esse feros.

—Lo que es imprudente, insensato,—es la pretendida sabiduría de la vieja Europa. Separar los niños y las niñas, enseñarles desde la primera edad que ambos están en un peligro misterioso, turbar y exitar sus jóvenes imajinaciones, y echar despues de repente y en el momento mas difícil en el mundo de los hombres ardientes y temerarios, á mujeres inquietas, tímidas, sin defensa,—es una verdadera locura; pido perdon de ello á vuestra gravedad, mi querido doctor. Vuestra educacion claustral es un dique que detiene y aumenta todas las pasiones; nuestra educacion comun habitúa nuestros hijos á amarse como hermanos y á respetarse mútuamente.

—Es posible, esclamé, que los peligros de vuestro sistema no os abran los ojos?