—No por cierto, esclamé, y no sé si mi manera de ver depende de mi estraña posicion; pero paréceme que toda esa metafísica está como yo, suspendida en el aire por un cabello. Qué significa esa naturaleza con acrecentamientos de enerjía? Una palabra para reemplazar al Ser Supremo, que en su bondad cria libremente al hombre y al mundo. Qué significa ese cambio de tejidos, esa metamórfosis de aparatos, sino una frase sonora que esplica lo desconocido por lo imposible? Qué significa esa fuerza inconsistente é inmoral? que produce una criatura dotada de conciencia y de moralidad, una quimera. A la altura en que estoy, las cosas se juzgan de una manera muy distinta,—no se paga uno de palabras vanas; las leyes físicas, es decir, un órden intelijente, una creacion constante y contínua, me revelan y me gritan que una voluntad siempre activa, omnipresente, sostiene al Universo y le impide disolverse. En ninguna parte veo la naturaleza, y en todas partes siento á Dios.

—Bravo! tres veces bravo! dijo el májico.

—Entonces lo que esponíais no era vuestro sistema? repuse muy asombrado.

—Sí, ese sistema es mio puesto que lo he robado; pero no creo en él. Pasando ayer por Tubingue, donde iba á visitar á uno de mis buenos amigos, honrado teólogo que siempre sueña,—apercibí á un gran metafísico que, á fuerza de escribir se habia quedado dormido sobre Hegel. De un golpe le he robado su pipa, sus anteojos y su sistema; cuando se despierte, solo hallará sus ojos para ver, y su espíritu para razonar.

—Pobre hombre! esclamé; ¿qué hará de esos instrumentos que nunca le han servido?

—Bah! dijo el brujo, vos no conoceis á los filósofos alemanes. Son gusanos de seda que viven en los libros; ellos sacan del primer mamotreto que se les presenta un hilo con el que se envuelven en un buen sistema, á prueba de luz y de ruido. Mi hombre se desquitará tejiendo un nuevo capullo. La verdad no es nada, la lójica es todo. Hegel no existe, viva Schopenhauer! En esa dinastia de soñadores hay siempre un rey.

—Señor, dijo con tono seco, vuestras preguntas son impertinentes. Cómo os atreveis á preguntarle á un espiritista si cree en Dios? Solo nosotros sabemos lo que es el alma, solo nosotros tenemos en la mano la prueba de su inmortalidad.

—Qué es pues el alma? pregunté con impaciencia.

—Es una fuerza magnética, respondió Jonatás. Esa monada creada por Dios y dotada de conciencia, se hace á sí misma un forro, á la manera del grano de trigo arrojado en la tierra, que echa raices, y produce un vástago y espigas. Cuando el cuerpo ha envejecido, el alma siempre jóven y activa arroja de sí ese forro decrépito, y se vá á un mundo mejor á buscar una nueva forma para su enerjia inmortal. Ved esos globos que centellean en el espacio; Júpiter, Saturno, Sirio! son otras tantas esferas habitadas por espíritus que se elevan. Subir la escala infinita de la creacion, acercarse siempre á Dios sin conseguirlo jamás, tal es nuestro destino glorioso. La muerte no es sino un pasaje á una vida mas intensa. Nada parece aquí abajo, ni siquiera un átomo de polvo; cómo ha de apagarse la conciencia? Dios es acaso un artista caprichoso, que destruye la obra maestra de su grandeza y de su bondad?

—Señor, esclamé, esas palabras son bellas y tocan al corazon; pero la prueba, esa prueba que la humanidad exije hace seis mil años,—dádmela.