—Y cómo hareis, repuso, con voz burlona.

—Una palabra mas, esclamé, es un insulto de que me dareis una esplicacion.

—Un duelo en estas serenas alturas, dijo el brujo, eso seria orijinal; reflexionaré; mientras tanto vos me escuchareis de grado ó por fuerza, os desafio á que os separeis de mí, dejándome burlado.

—Vos no sabeis, le contesté, haciendo rechinar mis dientes,—vos no sabeis de lo que es capaz un Francés.

—Lo creo capaz de todas las locuras, repuso Jonatás, escepto las locuras imposibles.

—Imposible! esclamé,—esa palabra no es francesa.

Mas pronto que el rayo, saqué de mi balija un par de tijeras, y corté la mecha de cabellos que me ponia en manos de aquel miserable.

Caí inmediatamente, jirando de derecha á izquierda como una pandorga que desciende. En el primer momento, alegre y contento como estaba de la reconquistada libertad, no me inquieté de aquel descenso rápido, la reflexion me vino cuando oí el mujido de las olas y los silvidos de aquilon. Era muy tarde; el mar se abrió para recibirme en sus abismos, y menos dichoso que Jonás, me rechazó sobre la onda jadeante y helado. No perdí el valor, y me puse á nadar con un ardor desesperado.

Hacer quinientas leguas de aquella manera primitiva era mucho; pero la casualidad podia hacer que me encontrase con algun vapor en aquella gran ruta del oceano, y cobré aliento. Miraba á lo lejos, buscando alguna luz, y no veia sino tinieblas, cuando el horrible fantasma, dispuesto á arrebatarme, se dejó caer sobre mí como una golondrina que levanta una mosca de la superficie del agua.

—Doctor, me dijo fisgando, espero que el baño os habrá refrescado la sangre; volvamos á tomar la discusion donde la dejamos.