Primero muerto, que escuchar tus detestables sofismas, esclamé, y cerrando el puño, le asesté á mi enemigo un golpe tan terrible que todos los huesos de mi mano sonaron. Dí un grito de dolor y........


CAPITULO XXX.
Lo mas corto del libro y lo mas interesante para el lector.

....Me desperté en mi cama.


CAPITULO XXXI.
Algunos inconvenientes de un viaje á América.

Al salir de aquel peligro, ó de aquella pesadilla, no sé como decir, necesité algun tiempo para reconocerme. Dónde estaba? En qué pais me habia echado mi verdugo. Las cortinas de la cama estaban cerradas,—las abrí; el cuarto sombrío y mudo; era aquello el silencio y la media luz que rodean á un enfermo. Cuando mis ojos se habituaron á la oscuridad miré á mi alrededor y ví una mesa cubierta de papeles, de libros, de folletos, apilados al azar; una biblioteca llena de libros encuadernados á la rústica, en pasta y media pasta, parados los unos y atravesados los otros; una masa de mamotretos, que se alzaba desde el suelo formando una pirámide bamboleante que á cada instante amenazaba derrumbarse; todo estaba en su lugar, y no habia que dudarlo, me hallaba en mi gabinete! en Paris, en Francia,—de vuelta al fin de mis carabanas. Lo diré? Aquella vuelta al centro de la civilizacion me hizo un mediocre placer; habíale tomado gusto á la libertad.

Tiré la campanilla, Jenny entró en puntas de pié, y me preguntó en voz baja si habia llamado.