—El mayor, dijo, es el único que me ha dado algunos pesares. Era el retrato de su difunta madre. Porfiado, ambicioso, con ideas siempre suyas, y no queriendo cederle á nadie me tenia siempre inquieto. Así, he me visto reducido á hacerlo entrar en la escuela politécnica, de donde ha salido siendo uno de los primeros. Podia tener un hermoso puesto en los tabacos, pero es un caballo arisco que no hay como enfrenar. El caballero ha corrido el mundo con invenciones en su bolsillo; es hoy dia director de una usina y pretende que hace fortuna. Dios lo quiera! Pero la industria es un oficio pérfido; solo despues de haberse uno muerto puede tener la seguridad de haber salido bien. Ese niño me inquieta siempre.

—Mis otros hijos, educados cuidadosamente por mí, no me han dado sino alegrias. Han recibido una educacion literaria, y gracias á protecciones hábilmente empleadas, á todos les he colocado en la administracion. Tengo dos en las aduanas, dos en los derechos reunidos; otros dos son receptores, el octavo está en las aguas y bosques; en cuanto á mi Alfredo, hélo secretario particular de un prefecto,—en el camino de las grandezas. Antes de dos años si le consigo algunas recomendaciones, será consejero de prefectura con mil ochocientos francos de sueldo.

—Cómo! esclamé, vos, Rose, un patriota habeis hecho de vuestros hijos dependientes, cuando podiais abrirles una carrera independiente y hacerlos ciudadanos?

—Doctor, repuso el boticario, he seguido el consejo y el ejemplo de las jentes de talento. Si el servicio del Estado no es brillante, es seguro. No se tienen inquietudes ni fatigas, si hay alguna fortunita, se trastea en la bolsa para mejorarla; procura uno casarse con una mujer que tenga un lindo dote, y padres que no sean muy jóvenes; vive uno tranquilamente y envejece á su gusto con una buena jubilacioncita, en el fondo de alguna ciudad de provincia.

—Es la vida de una ostra.

—Las ostras son dichosas, repuse, es lo principal. ¿Sed fabricante, comerciante, armador? La revolucion os arruina el dia menos pensado; despues, es un gobierno fuerte que hace la guerra sin preveníroslo. ¿Y los impuestos que aumentan todos los dias, y las crísis, y la competencia? Todo se conjura contra el hombre que trabaja. Nuestra sociedad no es hecha para él. Loco es aquel que corre semejantes aventuras, cuando nada hay tan cómodo como vivir tranquilo y honrado sirviendo á su pais. ¡La Administracion es la Francia! Que los republicanos y los delicados ladren cuanto quieran, por mi parte prefiero que mis hijos estén con los que comen, no con los que son comidos.

—Y para llegar ahí habeis necesitado solicitar, estirar la mano.

—Sí, dijo riendo, se han hecho algunas bajezas. He caminado á derecha é izquierda, he implorado, he adulado, pero me he salido con la mia que es lo esencial. No abrais esos ojazos, doctor: he hecho lo que hace todo el mundo. No por eso soy menos patriota, y dejo de estar en la oposicion; estoy en el centro izquierdo, con toda la Francia, y me glorío de ello, sea dicho entre nos, pero cuando el porvenir de mis hijos está de por medio, pongo en el bolsillo mis opiniones, las cuales no me sirven de nada.

—Para encontrarlas en un dia de revolucion, ¿no es verdad? le dije con ironia.

—Sin duda, repuso con tono plácido. Se sirve al Gobierno, pero no se pierde uno por él. Una de las grandes ventajas de la administracion consiste en que las revoluciones le aprovechan; cada quince años hay una crísis, ¡dichoso aquel que se encuentra en situacion de poder atrapar el buen número!