—Y sois liberal?
—Liberal y francmason, hasta la muerte, dijo, levantando la mano con grotesca seriedad. Hace cuarenta años que mi Credo no ha variado jota. Viva nuestra inmortal revolucion y el Imperio que ha llevado hasta Moscow los gloriosos principios de 89! Abajo los aristócratas y los emigrados. Abajo los Jesuitas, que son la causa de todas nuestras miserias! No soy enemigo de la relijion, el pueblo la necesita, pero quiero curas patriotas y honrados. Odio á la pérfida Albion, maldigo al autócrata Ruso, quiero que la Francia liberte á todos los oprimidos: Polacos, Húngaros, Valacos, Servios, Maronitas, Italianos y Negros. Por lo demas, amo la paz y las artes; nunca tendremos de sobra para nuestra primera escena nacional, la comedia francesa, donde he aplaudido al señor Talma, en Sila:
J’ai gouverné sans peur et j’abdique sans crainte.
Quiero un gobierno fuerte y patriótico, que escuche á los hombres honrados y haga callar á los abogados y á los charlatanes. Quiero un ejército que le haga frente á la Europa, una marina que desafie á la Inglaterra, canales y ferro-carriles por todas partes; quiero que el gobierno le dé trabajo y pan al obrero. Quiero ademas un pequeño presupuesto y pocos impuestos. No entiendo que el Estado engorde con los sudores del pueblo. Hé ahí mi símbolo; es el de todo buen Francés.
—Y la libertad, le pregunté, no la veo en vuestro programa?
—Os equivocais, repuso. No os he dicho que queria un gobierno enérjico, una administracion que pulverice todas las resistencias individuales? El dia en que el Poder, comprendiendo sus verdaderos intereses, os obligue á ser libres, tendremos libertad y se la impondremos al universo.
—Qué entendeis por la libertad? le pregunté.
—Vecino, dijo, hé ahí una pregunta, que prueba lo sana que teneis la cabeza. Hay una cáfila de necios que gritan libertad! libertad! sin ver el lazo que les tienden el fanatismo y la aristocracia. No quiero esas falsas libertades que solo son el privilejio de la riqueza y de la supersticion. Patriota, amigo de las luces, no quiero una libertad relijiosa provechosa solo para los sándios. Para que el pueblo sea libre es menester embozalar á los frailes. No quiero una libertad de asociacion, únicamente buena para los capuchinos; no quiero que en nombre de la caridad se corrompa al pobre con limosnas políticas, dándole un pan envenenado. No quiero una libertad de educacion que entregue nuestros hijos á los Jesuitas. No quiero una libertad departamental que reconstruya el federalismo provincial; no quiero una libertad comunal que resucite el despotismo del señor y del cura, haciéndonos siervos y villanos. Mejor es la mano del Estado que esos derechos anárquicos, de que abusarian las jentes inquietas, los aristócratas, los fanáticos y los gazmoños. Estoy con el pueblo, viva la igualdad!
Miraba con terror á aquel honrado Beociense, y decia para mis adentros,—pensar que antes de mi viaje á América yo estaba en ese grado de inbecilidad! Yo tambien ponia mi patriotismo en la igualdad de la servidumbre; yo tambien hacia consistir la libertad pública en la destruccion de todas las libertades particulares, como si despues de ese anonadamiento quedára otra cosa que el brutal mecanismo de la administracion. Jonatás! Jonatás! maldito brujo! Porqué me has hecho estranjero en mi pais, porque no trasportas á América á todos los franceses, por ocho dias siquiera?
—Y bien, vecino, dijo el boticario, sorprendido de mi silencio, qué pensais de mis principios? No soy un hombre del siglo? No soy un patriota y un Francés en toda regla? No son esas las doctrinas que vos habeis defendido siempre?