Reynard no hizo ningun juramento, pero en el tono mas melífluo me hizo un cumplimiento tan ambiguo, que me hirió sin saber por qué.

—Cómo os sentís? me dijo Olybrius.

—Muy bien, contesté.

—Tanto peor, dijo él, eso no es natural,—prueba que el veneno no ha salido del todo. Despues de ocho dias de estragos causados por el ópio, debiérais estar medio muerto, sin pulso y sin voz.

—Es de hierro, dijo el Coronel. Sopla! qué carabinero habria sido.

—Querido cofrade, dije á Olybrius, vuestro diagnóstico os ha engañado. Mi caso es tan estraordinario, que en vuestro lugar cualquiera otro sábio se hubiera olvidado de su latin. No he sido envenenado con ópio; he sido magnetizado y transportado á América, de donde he vuelto esta noche.

—Arre! con la bola, esclamó el Coronel; yo he mandado un rejimiento de gascones, que no tenia compañero para la charla y la guerra; pero la palma es vuestra!

—Querido cofrade, dijo Olybrius, con voz agridulce, yo sé siempre lo que digo. Los hechos están ahí; nada hay tan brutal como un hecho. Que vos os imajineis haber estado en América, eso no me sorprende, es efecto del ópio; pero yo que os he cuidado ocho dias y ocho noches, afirmo que habeis estado en carne y huesos en vuestra cama, y que no habeis salido de París.

—Señor, contesté, vengo de un pais donde reina la verdad en toda su estension. Allí he adquirido horror á las mentiras oficiales y no oficiales; creed lo que os plazca, yo no puedo deciros sino una cosa: en cuerpo ó en alma, no sé en cuál de los dos, he pasado ocho dias en América.

—Efecto del ópio, dijo Olybrius, sacando su caja de rapé y saboreando una narigada. El cérebro no está despejado, la ilusion persiste. Querido señor, es menester reaccionar con vuestra razon, de lo contrario los lóbulos cerebrales se harán el teatro de un desórden grave y persistente. En semejante caso, vos lo sabeis, el primer remedio es desechar una idea fija, creyendo las cosas bajo la palabra del médico. Vos no habeis es-ta-do en A-mé-ri-ca, añadió, escandiendo cada una de esas palabras con tono imperioso.